En cierto momento, uno de los bhikkhus se estaba quedando en un bosque en las tierras de Kosala. La deidad que rondaba ese bosque se acercó a ese bhikkhu y recitó este verso en su presencia:
«En la quietud del mediodía,
cuando los pájaros se han calmado,
la formidable jungla susurra para sí misma:
¡eso me da tanto miedo!».
El bhikkhu replicó:
«En la quietud del mediodía,
cuando los pájaros se han calmado,
la formidable selva susurra para sí:
¡eso me parece tan delicioso!».
