—Bhikkhus, estas diez percepciones, cuando se desarrollan y practican, son muy fructíferas y beneficiosas. Culminan en lo inmortal y terminan en lo inmortal.
—¿Qué diez?
—Las percepciones de perecibilidad, de la impersonalidad, de la muerte, del asco a la comida, de la insatisfacción con el mundo entero, de un esqueleto, de un cadáver infestado de gusanos, de un cadáver lívido, de un cadáver agujereado por todas partes y de un cadáver hinchado.
Estas diez percepciones, cuando se desarrollan y practican, son muy fructíferas y beneficiosas. Culminan en lo inmortal y terminan en lo inmortal.
—Bhikkhus, estas diez percepciones, cuando se desarrollan y practican, son muy fructíferas y beneficiosas. Culminan en lo inmortal y terminan en lo inmortal.
—¿Qué diez?
—Las percepciones de lo repulsivo, de la muerte, del asco a la comida, de la insatisfacción con el mundo entero, de lo perecedero, del sufrimiento en lo perecedero y de la impersonalidad en el sufrimiento, abandono, desaferramiento y cesación.
Estas diez percepciones, cuando se desarrollan y practican, son muy fructíferas y beneficiosas. Culminan en lo inmortal y terminan en lo inmortal.
—Venerables, se habla de una persona propensa a declinar y otra no propensa a declinar. Pero, ¿cómo definió el Buddha a una persona propensa a declinar y a otra no propensa a declinar?
—Venerable, viajaríamos un largo camino para aprender el significado de esta declaración en presencia del venerable Sāriputta. Que el mismo Venerable Sāriputta aclare el significado de esto. Los bhikkhus lo escucharán y lo recordarán.
—Entonces escuchad y prestad mucha atención, yo hablaré.
—Sí, venerable —respondieron.
Sāriputta dijo esto:
—¿Cómo definió Buddha a una persona propensa al declive?
—Cuando un bhikkhu no llega a escuchar una enseñanza que no había escuchado antes. Olvida las enseñanzas que ha escuchado. No recuerda aquellas enseñanzas con las que ya está familiarizado. Y no llega a entender lo que no había entendido antes. Así es como el Buddha definió a una persona propensa a declinar.
—¿Y cómo definió Buddha a una persona que no está sujeta al declive?
—Cuando un bhikkhu llega a escuchar una enseñanza que no había escuchado antes. Recuerda las enseñanzas que ha escuchado. Recuerda aquellas enseñanzas con las que ya está familiarizado. Y llega a comprender lo que no había entendido antes. Así es como el Buddha definió a una persona que no puede declinar.
Si un bhikkhu no es hábil en los caminos de la mente de los demás, entonces debe entrenarse a sí mismo: «Seré hábil en los caminos de mi propia mente».
—¿Y cómo un bhikkhu es hábil en los caminos de su propia mente?
—Supongamos que hubiera una mujer o un hombre o un chaval joven aficionado a los adornos, mira su propio reflejo en un espejo limpio y brillante o en un cuenco de agua transparente. Si ve suciedad o imperfecciones allí, intentará eliminarlas. Pero si no ve suciedad o imperfecciones allí, está feliz con eso, ya que tiene todo lo que desea: «¡Qué suerte que estoy limpio!».
De la misma manera, verificar es muy útil para las cualidades meritorias de un bhikkhu. «¿La satisfacción se encuentra a menudo en mí, o no? ¿Se encuentra a menudo bondad en mí, o no? ¿Se encuentra a menudo en mí la liberación de adormecimiento y somnolencia, o no? ¿La calma se encuentra a menudo en mí, o no? ¿Se encuentra a menudo confianza en mí, o no? ¿La benevolencia se encuentra a menudo en mí, o no? ¿La pureza de la mente se encuentra a menudo en mí, o no? ¿Se encuentra en mí placer interno con la Enseñanza, o no? ¿Se encuentra en mí la tranquilidad interior de la mente, o no? ¿Se encuentra en mí la intuición acerca de los fenómenos condicionados, o no?».
Supongamos que un bhikkhu, mientras revisa, no ve ninguna de estas cualidades meritorias en sí mismo. Para conseguirlas, debe ejercer una fuerza, un esfuerzo, una diligencia, un entusiasmo, una perseverancia, un entendimiento y una vigilia notables.
Supongamos que su ropa o su cabeza están en llamas. Para extinguirlas, le echaría ganas, aplicaría esfuerzo, celo, vigor, perseverancia, práctica y entendimiento intensos. De la misma manera, debe aplicar un entusiasmo intenso para obtener esas cualidades meritorias…
Supongamos que un bhikkhu, mientras revisa, ve algunas de estas cualidades meritorias en sí mismo, pero no ve otras. Basado en las cualidades meritorias que ve, debe ejercer una fuerza, un esfuerzo, una diligencia, un entusiasmo, una perseverancia, un entendimiento y una vigilia notables para obtener las cualidades meritorias que no ve.
Supongamos que su ropa o su cabeza están en llamas. Para extinguirlas, le echaría ganas, aplicaría esfuerzo, celo, vigor, perseverancia, práctica y entendimiento intensos. De la misma manera, basados en las cualidades meritorias que ve, debe aplicar un entusiasmo intenso para obtener esas cualidades meritorias que no ve.
Pero supongamos que un bhikkhu, mientras revisa, ve todas estas cualidades meritorias en sí mismo. Basados en todas estas cualidades meritorias, debe practicar más la concentración para acabar con las tendencias subyacentes.
—Bhikkhus, si un bhikkhu no es hábil en los caminos de la mente de los demás, entonces debe entrenarse a sí mismo: «Seré hábil en los caminos de mi propia mente».
—¿Y cómo un bhikkhu es hábil en los caminos de su propia mente?
—Supongamos que hubiera una mujer o un hombre o un chaval joven aficionado a los adornos, mira su propio reflejo en un espejo limpio y brillante o en un cuenco de agua transparente. Si ve suciedad o imperfecciones allí, intentará eliminarlas. Pero si no ve suciedad o imperfecciones allí, está feliz con eso, ya que tiene todo lo que desea: «¡Qué suerte que estoy limpio!».
De la misma manera, verificar es muy útil para las cualidades meritorias de un bhikkhu. «¿Tengo tranquilidad mental, o no? ¿Tengo la intuición acerca de los fenómenos condicionados, o no?».
Supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «Tengo tranquilidad pero no intuición». Basado en la tranquilidad, debe practicar la concentración para obtener la intuición. Después de algún tiempo, tendrá tranquilidad e intuición.
Pero supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «Tengo intuición pero no tranquilidad». Basado en la intuición, debe practicar la concentración para obtener tranquilidad. Después de algún tiempo, tendrá tranquilidad e intuición.
Pero supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «No tengo ni tranquilidad ni intuición». Para obtener esas cualidades meritorias, debe ejercer una fuerza, un esfuerzo, una diligencia, un entusiasmo, una perseverancia, un entendimiento y una vigilia notables.
Supongamos que su ropa o su cabeza están en llamas. Para extinguirlas, le echaría ganas, aplicaría esfuerzo, celo, vigor, perseverancia, práctica y entendimiento intensos. De la misma manera, para obtener esas cualidades meritorias, esa persona debe aplicar un entusiasmo intenso… Después de un tiempo, tiene tanto tranquilidad como intuición.
Pero supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «Tengo tanto tranquilidad como intuición». Basado en esas cualidades meritorias, debe practicar aún más la concentración para acabar con las tendencias subyacentes.
Yo digo que hay dos tipos de túnicas: las que debes usar y las que no debes usar. Digo que hay dos tipos de comida de limosna: la que debes comer y la que no debes comer. Digo que hay dos tipos de hospedaje: los que debes frecuentar y los que no debes frecuentar. Digo que hay dos tipos de ciudades con mercado: las que debes frecuentar y las que no debes frecuentar. Digo que hay dos tipos de países: los que debes frecuentar y los que no debes frecuentar.
«Yo digo que hay dos tipos de personas: las que debes frecuentar y las que no debes frecuentar».
«Yo digo que hay dos tipos de túnicas: las que debes usar y las que no debes usar». Eso es lo que dije, pero ¿por qué lo dije?
Tomemos el caso de una túnica de la que se sepa esto: «Cuando me pongo esta túnica, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No debes usar ese tipo de túnica. Tomemos el caso una túnica de la que se sepa esto: «Cuando me pongo esta túnica, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías usar ese tipo de túnica.
«Yo digo que hay dos tipos de túnicas: las que debes usar y las que no debes usar». Eso es lo que dije y por eso lo dije.
«Yo digo que hay dos tipos de comida de limosna: la que debes comer y la que no debes comer». Eso es lo que dije, pero ¿por qué lo dije?
Tomemos el caso de una comida de limosna de la que se sabe esto: «Cuando como esta comida de limosna, crecen las cualidades perjudiciales y las cualidades meritorias declinan». No debes comer ese tipo de comida de limosna. Tomemos el caso de una comida de limosna de la que se sabe esto: «Cuando como esta comida de limosna, las cualidades perjudiciales disminuyen y las cualidades meritorias crecen». Deberías comer ese tipo de comida de limosna.
«Yo digo que hay dos tipos de comida de limosna: la que debes comer y la que no debes comer». Eso es lo que dije y por eso lo dije.
«Yo digo que hay dos tipos de hospedaje: los que debes frecuentar y los que no debes frecuentar». Eso es lo que dije, pero ¿por qué lo dije?
—Tomemos el caso de un alojamiento del que se sepa esto: «Cuando frecuento este alojamiento, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No debes frecuentar ese tipo de alojamiento. Tomemos el caso de un alojamiento del que se sepa esto: «Cuando frecuento este alojamiento, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías frecuentar ese tipo de alojamiento.
«Yo digo que hay dos tipos de hospedaje: los que debes frecuentar y los que no debes frecuentar». Eso es lo que dije y por eso lo dije.
«Yo digo que hay dos tipos de ciudades con mercado: las que debes frecuentar y las que no debes frecuentar». Eso es lo que dije, pero ¿por qué lo dije?
Tomemos el caso de una ciudad con mercado de la que se sepa esto: «Cuando frecuento esta ciudad con mercado, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No debes frecuentar ese tipo de ciudad con mercado. Tomemos el caso de una ciudad con mercado de la que se sepa esto: «Cuando frecuento esta ciudad con mercado, las cualidades perjudiciales disminuyen y las cualidades meritorias crecen». Deberías frecuentar ese tipo de ciudad con mercado.
«Yo digo que hay dos tipos de ciudades con mercado: las que debes frecuentar y las que no debes frecuentar». Eso es lo que dije y por eso lo dije.
«Yo digo que hay dos tipos de países: los que debes frecuentar y los que no debes frecuentar». Eso es lo que dije, pero ¿por qué lo dije?
Tomemos el caso de un país del que se sepa esto: «Cuando frecuento este país, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No debes frecuentar ese tipo de país. Tomemos el caso de un país del que se sepa esto: «Cuando frecuento este país, las cualidades perjudiciales disminuyen y las cualidades meritorias crecen». Deberías frecuentar ese tipo de país.
«Yo digo que hay dos tipos de países: los que debes frecuentar y los que no debes frecuentar». Eso es lo que dije y por eso lo dije.
«Yo digo que hay dos tipos de personas: las que debes frecuentar y las que no debes frecuentar». Eso es lo que dije, pero ¿por qué lo dije?
Tomemos el caso de una persona de quien se sepa esto: «Cuando frecuento a esta persona, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No debes frecuentar a ese tipo de personas. Tomemos el caso de una persona de la que se sepa esto: «Cuando frecuento a esta persona, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías frecuentar a ese tipo de personas.
«Yo digo que hay dos tipos de personas: las que debes frecuentar y las que no debes frecuentar». Eso es lo que dije, y por eso lo dije.
—Bhikkhus, no alabo el estancamiento en las cualidades meritorias, y mucho menos el declive. Alabo el crecimiento en cualidades meritorias, no el estancamiento ni el declive.
—¿Y cómo declinan las cualidades meritorias, sin estancarse ni crecer?
—Cuando un bhikkhu tiene cierto grado de fe, ética, generosidad, sabiduría y elocuencia. Esas cualidades no se estancan ni crecen en él. A esto lo llamo declive de las cualidades meritorias, no hay un estancamiento ni un crecimiento. Así es como se produce un declive de las cualidades meritorias, no hay un estancamiento ni un crecimiento.
—¿Y cómo se estancan las cualidades meritorias, sin declinar ni crecer?
—Cuando un bhikkhu tiene cierto grado de fe, ética, generosidad, sabiduría y elocuencia. Esas cualidades no disminuyen ni crecen en él. A esto lo llamo estancamiento en cualidades meritorias, no hay declive ni un crecimiento. Así es como hay estancamiento en las cualidades meritorias, no hay declive ni crecimiento.
—¿Y cómo hay crecimiento en las cualidades meritorias, sin estancarse ni declinar?
—Cuando un bhikkhu tiene cierto grado de fe, ética, generosidad, sabiduría y elocuencia. Esas cualidades no se estancan ni decaen en él. A esto lo llamo crecimiento en cualidades meritorias, no hay un estancamiento ni un declive. Así es como hay crecimiento en las cualidades meritorias, no hay un estancamiento ni un declive.
Si un bhikkhu no es hábil en los caminos de la mente de los demás, entonces debe entrenarse a sí mismo: «Seré hábil en los caminos de mi propia mente».
—¿Y cómo un bhikkhu es hábil en los caminos de su propia mente?
—Supongamos que hubiera una mujer o un hombre o un chaval joven aficionado a los adornos, mira su propio reflejo en un espejo limpio y brillante o en un cuenco de agua transparente. Si ve suciedad o imperfecciones allí, intentará eliminarlas. Pero si no ve suciedad o imperfecciones allí, está feliz con eso, ya que tiene todo lo que desea: «¡Qué suerte que estoy limpio!».
De la misma manera, verificar es muy útil para las cualidades meritorias de un bhikkhu.
«¿A menudo soy codicioso, o no? ¿Soy a menudo malicioso, o no? ¿Me siento a menudo abrumado por el adormecimiento y la somnolencia, o no? ¿A menudo estoy inquieto, o no? ¿A menudo tengo dudas, o no? ¿A menudo estoy irascible, o no? ¿A menudo estoy corrompido en la mente, o no? ¿A menudo me perturban el cuerpo, o no? ¿Soy a menudo enérgico, o no? ¿Estoy a menudo inmerso en contemplación, o no?».
Supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «A menudo soy codicioso, malicioso, estoy abrumado por la negligencia y la somnolencia, inquieto, dudoso, irascible, con la mente contaminada, con el cuerpo perturbado, perezoso y no inmerso en contemplación».
Para abandonar a esos estados mentales malos y perjudiciales, debe ejercer una fuerza, un esfuerzo, una diligencia, un entusiasmo, una perseverancia, un entendimiento y una vigilia notables.
Supongamos que su ropa o su cabeza están en llamas. Para extinguirlas, le echaría ganas, aplicaría esfuerzo, celo, vigor, perseverancia, práctica y entendimiento intensos. De la misma manera, para abandonar esas cualidades malas y perjudiciales, ese bhikkhu debe aplicar un entusiasmo intenso…
Pero supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «A menudo estoy satisfecho, soy bondadoso, estoy libre de adormecimiento y somnolencia, tranquilo, confiado, benevolente, puro de mente, imperturbable de cuerpo, enérgico y sumergido en contemplación».
Basado en esas cualidades meritorias, debe practicar más la concentración para acabar con las tendencias subyacentes.
—Bhikkhus, si un bhikkhu no es hábil en los caminos de la mente de los demás, entonces debe entrenarse a sí mismo: «Seré hábil en los caminos de mi propia mente».
—¿Y cómo un bhikkhu es hábil en los caminos de su propia mente?
—Supongamos que hubiera una mujer o un hombre o un chaval joven aficionado a los adornos, mira su propio reflejo en un espejo limpio y brillante o en un cuenco de agua transparente. Si ve suciedad o imperfecciones allí, intentará eliminarlas. Pero si no ve suciedad o imperfecciones allí, está feliz con eso, ya que tiene todo lo que desea: «¡Qué suerte que estoy limpio!».
De la misma manera, verificar es muy útil para las cualidades meritorias de un bhikkhu:
«¿A menudo soy codicioso, o no? ¿Soy a menudo malicioso, o no? ¿Me siento a menudo abrumado por el adormecimiento y la somnolencia, o no? ¿A menudo estoy inquieto, o no? ¿A menudo tengo dudas, o no? ¿A menudo estoy irascible, o no? ¿A menudo estoy corrompido en la mente, o no? ¿A menudo me perturban el cuerpo, o no? ¿Soy a menudo enérgico, o no? ¿Estoy a menudo inmerso en contemplación, o no?».
Supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «A menudo soy codicioso, malicioso, estoy abrumado por la negligencia y la somnolencia, inquieto, dudoso, irascible, con la mente contaminada, con el cuerpo perturbado, perezoso y no inmerso en contemplación».
Para abandonar a esos estados mentales malos y perjudiciales, debe ejercer una fuerza, un esfuerzo, una diligencia, un entusiasmo, una perseverancia, un entendimiento y una vigilia notables.
Supongamos que su ropa o su cabeza están en llamas. Para extinguirlas, le echaría ganas, aplicaría esfuerzo, celo, vigor, perseverancia, práctica y entendimiento intensos. De la misma manera, para abandonar esas cualidades malas y perjudiciales, ese bhikkhu debe aplicar un entusiasmo intenso…
Pero supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «A menudo estoy satisfecho, soy bondadoso, estoy libre de adormecimiento y somnolencia, tranquilo, confiado, benevolente, puro de mente, imperturbable de cuerpo, enérgico y sumergido en contemplación».
Basado en esas cualidades meritorias, debe practicar más la concentración para acabar con las tendencias subyacentes.
En cierta ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Sāvatthī en la arboleda de Jeta, el monasterio de Anāthapiṇḍika. Allí, el Buddha se dirigió a los bhikkhus:
—¡Bhikkhus!
—Venerable señor —respondieron.
El Buddha dijo esto:
—Bhikkhus, si un bhikkhu no es hábil en los caminos de la mente de los demás, entonces debe entrenarse a sí mismo: «Seré hábil en los caminos de mi propia mente».
—¿Y cómo un bhikkhu es hábil en los caminos de su propia mente?
—Supongamos que hubiera una mujer o un hombre o un chaval joven aficionado a los adornos, mira su propio reflejo en un espejo limpio y brillante o en un cuenco de agua transparente. Si ve suciedad o imperfecciones allí, intentará eliminarlas. Pero si no ve suciedad o imperfecciones allí, está feliz con eso, ya que tiene todo lo que deseaba: «¡Qué suerte que estoy limpio!».
De la misma manera, verificar es muy útil para las cualidades meritorias de un bhikkhu:
«¿A menudo soy codicioso, o no? ¿Soy a menudo malicioso, o no? ¿Me siento a menudo abrumado por el adormecimiento y la somnolencia, o no? ¿A menudo estoy inquieto, o no? ¿A menudo tengo dudas, o no? ¿A menudo estoy irascible, o no? ¿A menudo estoy corrompido en la mente, o no? ¿A menudo me perturban el cuerpo, o no? ¿Soy a menudo enérgico, o no? ¿Estoy a menudo inmerso en contemplación, o no?».
Supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «A menudo soy codicioso, malicioso, estoy abrumado por la negligencia y la somnolencia, inquieto, dudoso, irascible, con la mente contaminada, con el cuerpo perturbado, perezoso y no inmerso en contemplación».
Para abandonar a esos estados mentales malos y perjudiciales, debe ejercer una fuerza, un esfuerzo, una diligencia, un entusiasmo, una perseverancia, un entendimiento y una vigilia notables.
Supongamos que su ropa o su cabeza están en llamas. Para extinguirlas, le echaría ganas, aplicaría esfuerzo, celo, vigor, perseverancia, práctica y entendimiento intensos. De la misma manera, para abandonar esas cualidades malas y perjudiciales, ese bhikkhu debe aplicar un entusiasmo intenso…
Pero supongamos que, al comprobarlo, un bhikkhu se da cuenta de esto: «A menudo estoy satisfecho, soy bondadoso, estoy libre de adormecimiento y somnolencia, tranquilo, confiado, benevolente, puro de mente, imperturbable de cuerpo, enérgico y sumergido en contemplación».
Basado en esas cualidades meritorias, debe practicar más la concentración para acabar con las tendencias subyacentes.
En cierta ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Sāvatthī en la arboleda de Jeta, el monasterio de Anāthapiṇḍika. Ahora, a esa hora, después de la comida, al regresar de la ronda de limosnas, varios bhikkhus se sentaron juntos en el salón de reuniones. Discutían, reñían y peleaban, hiriéndose mutuamente con palabras envenenadas.
Luego, al final de la tarde, el Buddha salió de su retiro y fue a la sala de asambleas. Se sentó en el asiento preparado y se dirigió a los bhikkhus:
—Bhikkhus, ¿de qué estabais hablando sentados hace un momento? ¿Qué conversación quedó inconclusa?
—Señor, después de la comida, al regresar de la ronda de limosnas, nos sentamos juntos en la sala de reuniones, discutiendo, peleando y riñendo, hiriéndonos mutuamente con palabras hirientes.
—Bhikkhus, esto no es apropiado para vosotros, jóvenes de buena familia, que habéis pasado con fe de la vida hogareña a la vida sin hogar.
Hay diez buenas cualidades que crean cariño y respeto, conducen a mantener relaciones amistosas, a la armonía y a la unidad, sin peleas.
—¿Qué diez?
—En primer lugar, un bhikkhu es ético, es cumplidor del código monástico, se porta bien y busca limosna en los lugares adecuados. Al ver el peligro en la más mínima falta, mantiene las reglas a las que se ha comprometido. Cuando un bhikkhu es ético, esta cualidad afectuosa genera cariño y respeto, que le conducen a mantener relaciones amistosas, a la armonía y a la unidad, sin peleas.
Además, un bhikkhu es muy culto, recuerda y guarda lo que ha aprendido. Estas Enseñanzas son buenas al principio, buenas en el medio y buenas al final, significativas y bien redactadas, y describen una práctica que es completamente plena y pura. Es muy experto en tales enseñanzas, recordándolas, reforzándolas, recitándolas, analizándolas mentalmente y comprendiéndolas teóricamente…
Además, un bhikkhu tiene buenos amigos, compañeros y socios…
Además, un bhikkhu es fácil de amonestar, tiene cualidades que lo hacen fácil de amonestar. Es paciente y recibe las instrucciones con respeto…
Además, un bhikkhu es hábil e incansable en una amplia gama de deberes para con sus compañeros renunciantes, entendiendo cómo hacer las cosas para completar y organizar el trabajo…
Además, un bhikkhu ama las enseñanzas y es un placer conversar con él, estando lleno de placer en la Enseñanza y la Disciplina…
Además, un bhikkhu es resuelto y enérgico para renunciar a las cualidades perjudiciales y abrazar cualidades meritorias. Es fuerte, incondicionalmente vigoroso, no se afloja cuando se trata de desarrollar cualidades meritorias…
Además, un bhikkhu está satisfecho con cualquier tipo de ropa, limosna, comida, alojamiento, medicinas y suministros para los enfermos…
Además, un bhikkhu tiene memoria. Tiene el máximo cuidado y alerta, y puede recordar y memorizar lo que se dijo y se hizo hace mucho tiempo…
Además, un bhikkhu es sabio. Tiene la sabiduría que distingue entre el surgimiento y el cese, la cual es noble, penetrante y conduce al final completo del sufrimiento. Cuando un bhikkhu es sabio, esta cualidad benevolente genera cariño y respeto, y ayuda al Saṅgha a vivir en armonía y unidad, sin peleas.
Estas diez buenas cualidades crean cariño y respeto, conducen a mantener relaciones amistosas, a la armonía y a la unidad, sin peleas.
—Bhikkhus, estas diez cosas existen por el cuerpo.
—¿Qué diez?
—El frío, el calor, el hambre, la sed, las heces, la orina, la restricción del cuerpo, del habla y de la conducta, y la voluntad de vivir que conduce a vidas futuras. Estas diez cosas existen gracias al cuerpo.
—Bhikkhus, uno que ha renunciado a menudo debería repasar estas diez cosas.
—¿Qué diez?
—Aquel que ha renunciado debería repasar a menudo esto:
«¿Me he asegurado la liberación de la casta? ¿Mi sustento está ligado al de los demás? ¿Mi comportamiento debería ser diferente? ¿Espero que no haya razón para culparme a mí mismo cuando se trata de conducta ética? ¿Espero que, cuando se descubra, los compañeros renunciantes sensatos no me reprochen ningún aspecto de mi ética? ¿Estoy sometido a estar apartado y separado de todo lo que aprecio y amo? ¿Soy el dueño de mis obras y heredero de mis obras, las acciones son mi matriz, mi pariente y mi refugio? ¿Seré el heredero de todas las acciones que haga, sean buenas o malas? A medida que pasan los días y las noches, ¿en qué tipo de persona me estoy convirtiendo? ¿Me encanta quedarme en chozas vacías? ¿Tengo alguna distinción sobrehumana en conocimiento digna de los nobles, de modo que cuando mis compañeros renunciantes me pregunten en mi lecho de muerte no me avergonzaré?».
Aquel que ha renunciado debe repasar a menudo estas diez cosas.
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