En cierto momento, el Buddha se encontraba cerca de Rājagaha, en la Arboleda de los Bambús, el comedero de las ardillas. En ese momento el venerable Vakkali se estaba quedando en el cobertizo de un alfarero. Estaba gravemente enfermo con fuertes dolores.
Luego se dirigió a sus cuidadores:
—Por favor, venerables, id al Buddha y, en mi nombre, inclinaos con la cabeza en sus pies y le decís: «Señor, el bhikkhu Vakkali está enfermo, sufriendo y gravemente enfermo». Os inclináis con la cabeza a sus pies. Y luego decid: «Señor, ve a ver al bhikkhu Vakkali por misericordia».
—Sí, venerable, —respondieron esos bhikkhus.
Hicieron lo que les pidió. El Buddha consintió en silencio. Entonces el Buddha se vistió y, tomando su cuenco y su túnica, se dirigió al venerable Vakkali. El venerable Vakkali vio al Buddha acercarse a la distancia y trató de levantarse en su catre.
Pero el Buddha le dijo:
—Está bien, Vakkali, no te levantes. Hay algunos asientos preparados, yo me sentaré allí.
Se sentó en el asiento preparado y le dijo a Vakkali:
—¿Cómo estás, Vakkali? ¿Notas alguna mejora? ¿El dolor se vuelve más débil y no más fuerte? ¿Estás mejorando o empeorando?
—Estoy mal, Maestro. No noto ninguna mejora. El dolor solo se vuelve más fuerte y no más débil. No me pongo mejor, sino peor.
—¿Tienes alguna inquietud, Vakkali? ¿Hay algo de lo que te arrepientas?
—Tengo muchas preocupaciones, Maestro. Tengo mucho de lo que arrepentirme.
—¿Te estás culpando a ti mismo por una vida poco ética, Vakkali?
—No, no me culpo por una vida poco ética, Maestro.
—Pero si no te culpas a ti mismo por una vida poco ética, ¿qué te preocupa? ¿De qué te arrepientes entonces?
—Tenía muchas ganas de verte, Maestro, pero no he sido lo suficientemente fuerte para ir a visitarte.
—¿Por qué? ¿Por qué quieres ver este cuerpo en ruinas, Vakkali? El que ve la Enseñanza me ve a mí y el que me ve a mí ve la Enseñanza. Ver la Enseñanza es lo mismo que verme a mí, y verme es lo mismo que ver la Enseñanza. ¿Qué opinas, Vakkali? ¿Son las qualia imperecederas o perecederas?
—Son perecederas, Maestro.
—Pero si son perecederas, ¿son agradables o desagradables?
—Desagradables, Maestro.
—Pero si algo es perecedero, es desagradable y efímero, ¿es apropiado que se le considera así: «esto es mío, yo soy esto, sobre esto tengo control»?
—No, señor.
—¿Son las reacciones emocionales… la percepción… la situación condicional… la cognición, imperecederas o perecederas?
—Son perecederas, Maestro.
—Así es como realmente deberías ver… Al ver esto, entiendes claramente: «no hay retorno a ningún estado de existencia».
Y luego, después de darle al venerable Vakkali este consejo, el Buddha se levantó de su asiento y fue a la Montaña Pico del Buitre. Entonces el venerable Vakkali se dirigió a sus cuidadores:
—Vamos, venerables, levantad mi catre y llévenme a la Roca Negra en las laderas de Isigili. ¡Es impensable que alguien como yo muera en una zona habitada!
—Sí, venerable —respondieron esos bhikkhus, e hicieron lo que les pidió. Mientras tanto, el Buddha pasó el resto de esa noche y ese día en la montaña del Pico del Buitre. Más tarde, a altas horas de la noche, dos deidades gloriosas, iluminando todo el Pico del Buitre, se acercaron al Buddha, se inclinaron y se hicieron a un lado.
Una deidad le dijo:
—¡Señor, el bhikkhu Vakkali está decidido a liberarse!
Y otra deidad le dijo:
—¡Definitivamente estará bien liberado!
Esto es lo que dijeron esas deidades. Luego se inclinaron y respetuosamente rodearon al Buddha, manteniéndolo a su lado derecho, antes de desaparecer allí mismo.
Más tarde, cuando pasó la noche, el Buddha se dirigió a los bhikkhus:
—Venid, bhikkhus, id al bhikkhu Vakkali y decidle: «Vakkali, escucha la palabra del Buddha y de dos deidades. Anoche, tarde, dos deidades gloriosas, iluminando todo el Pico del Buitre, se acercaron al Buddha, se inclinaron y se hicieron a un lado. una deidad le dijo:
—¡Señor, el bhikkhu Vakkali está decidido a liberarse!
Y otra deidad le dijo:
—¡Definitivamente estará bien liberado!
Y el Buddha dijo:
—¡No temas, Vakkali, no temas! Tu muerte no será mala, tu fallecimiento no será malo».
—Sí, Maestro —respondieron esos bhikkhus. Fueron a Vakkali y le dijeron:
—Vakkali, escucha la palabra del Buddha y de las dos deidades.
Entonces Vakkali se dirigió a sus cuidadores:
—Por favor, venerables, ayúdenme a bajar de mi catre. Es impensable que alguien como yo escuche las instrucciones del Buddha sentado en un asiento alto.
—Sí, venerable —respondieron esos bhikkhus, y lo ayudaron a levantarse de su catre. Repitieron lo que había dicho Buddha.
Vakkali dijo:
—Bueno, venerables, en mi nombre, inclinen su cabeza a los pies del Buddha. Díganle: «señor, el bhikkhu Vakkali está gravemente enfermo con fuertes dolores. Se inclina con la cabeza a tus pies». Y luego le decís: «las qualia son perecederas. No tengo ninguna duda de eso. Estoy seguro de que lo perecedero es desagradable. Y estoy seguro de que no tengo ningún deseo, codicia o cariño por lo que es perecedero, es desagradable y efímero.
La reacción emocional es perecedera…
La percepción es perecedera…
La situación condicional es perecedera… La cognición es perecedera. No tengo ninguna duda de eso. Estoy seguro de que lo perecedero es desagradable. Y estoy seguro de que no tengo ningún deseo, codicia o cariño por lo que es perecedero, es desagradable y efímero».
—Sí, venerable, —respondieron esos bhikkhus, y se fueron. Y luego, poco después de que esos bhikkhus se hubieran ido, el venerable Vakkali se cortó las venas.
Entonces esos bhikkhus mayores se acercaron al Buddha y le contaron el mensaje de Vakkali.
Entonces el Buddha dijo a los bhikkhus:
—Venid, bhikkhus, vayamos a la Roca Negra en las laderas de Isigili, donde Vakkali, el hijo de una buena familia, se cortó las venas.
—Sí, Maestro —respondieron.
Más tarde, el Buddha junto con varios bhikkhus fueron a la Roca Negra en las laderas de Isigili. El Buddha vio los restos de Vakkali a lo lejos, echados en su catre, habiendo soltado los factores del aferramiento a la existencia. Allí, una nube de humo negro se movía hacia el este, oeste, norte, sur, arriba, abajo y en el medio.
El Buddha dijo a los bhikkhus:
—Bhikkhus, ¿veis esa nube de humo negro moviéndose hacia el este, oeste, norte, sur, arriba, abajo y en el medio?
—Sí, señor.
—Ese es el Māra el Malvado buscando la conciencia de Vakkali, preguntándose: «¿Dónde está el soporte de la conciencia de Vakkali?». Pero la conciencia de Vakkali no se ha asentado en ninguna parte, bhikkhu, porque ha alcanzado el parinibbāna.
