En una ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Kimbilā en el bosque de manglares de agua dulce. Entonces el venerable Kimbila se acercó al Buddha, se inclinó, se sentó a un lado y le dijo:
—¿Cuál es la causa, señor, cuál es la razón por la que la verdadera Enseñanza no perdure mucho después del parinibbāna del Tathāgata?
—Kimbila, es cuando los bhikkhus, bhikkhunīs, laicos y laicas carecen de respeto y reverencia por el Maestro, por la Enseñanza, por el Saṅgha, por la Disciplina, por la diligencia y por la hospitalidad después del parinibbāna del Tathāgata. Esta es la causa, esta es la razón por la cual la verdadera Enseñanza no perdurará mucho después del parinibbāna del Tathāgata.
—¿Cuál es la causa, señor, cuál es la razón por la que la verdadera Enseñanza perdure mucho después del parinibbāna del Tathāgata?
—Kimbila, es cuando los bhikkhus, bhikkhunīs, laicos y laicas mantienen el respeto y la reverencia por el Maestro, por la Enseñanza, por el Saṅgha, por la Disciplina, por la diligencia y por la hospitalidad después del parinibbāna del Tathāgata. Esta es la causa, esta es la razón por la cual la verdadera Enseñanza perdurará mucho después del parinibbāna del Tathāgata.
—Bhikkhus, estas tres causas que dan lugar a la acciones.
—¿Cuáles son esas tres?
—El ansia es causa de las acciones. La aversión es causa de las acciones. La ignorancia es causa de las acciones.
No es que la ausencia de ansia surja del ansia. Pero, en cambio, es el ansia lo que surge del ansia. No es que la ausencia de aversión surja de la aversión. Pero en cambio, es la aversión la que surge de la aversion. No es que la ausencia de ignorancia la que surja de la ignorancia. Pero en cambio, es la ignorancia la que surge de la ignorancia.
No es que los mundos de los devas y los humanos, u otros buenos destinos, puedan verse debido a la condicionalidad nacido del ansia, de la aversión y de la ignorancia. Pero en cambio, el infierno, el reino animal y el reino de los espíritus hambrientos, así como otros reinos malignos, los que pueden verse debido a la condicionalidad nacida del ansia, de la aversión y de la ignorancia. Estas son tres causas de las acciones.
Bhikkhus, hay otras tres causas de las acciones.
—¿Cuáles son esas tres?
—La ausencia de ansia es causa de las acciones. La ausencia de aversión es causa de las acciones. La ausencia de ignorancia es causa de las acciones.
No es que el ansia surja de la ausencia de ansia. Pero en cambio, es la ausencia de ansia la que surge de la ausencia de ansia. No es que la aversión surja de la ausencia de aversión. Pero en cambio, es la ausencia de aversión la que surge de la ausencia de aversión. No es que la ignorancia surja de la ausencia de ignorancia. Pero en cambio, es la ausencia de ignorancia la que surge de la ausencia de ignorancia. No es que el infierno, el reino animal, u otros buenos destinos, puedan verse debido a la condicionalidad nacida del ansia, de la aversión y de la ignorancia. Pero en cambio, los mundos de los devas y los humanos, u otros buenos destinos, son los que pueden verse debido a la condicionalidad nacida de la ausencia de ansia, de la ausencia de aversión y de la ausencia de ignorancia. Estas son las tres causas de las acciones.
—Bhikkhus, estas tres causas que dan lugar a la acciones.
—¿Cuáles son esas tres?
—El ansia es causa de las acciones. La aversión es causa de las acciones. La ignorancia es causa de las acciones.
No es que la ausencia de ansia surja del ansia. Pero, en cambio, es el ansia lo que surge del ansia. No es que la ausencia de aversión surja de la aversión. Pero en cambio, es la aversión la que surge de la aversion. No es que la ausencia de ignorancia la que surja de la ignorancia. Pero en cambio, es la ignorancia la que surge de la ignorancia.
No es que los mundos de los devas y los humanos, u otros buenos destinos, puedan verse debido a la condicionalidad nacido del ansia, de la aversión y de la ignorancia. Pero en cambio, el infierno, el reino animal y el reino de los espíritus hambrientos, así como otros reinos malignos, los que pueden verse debido a la condicionalidad nacida del ansia, de la aversión y de la ignorancia. Estas son tres causas de las acciones.
Bhikkhus, hay otras tres causas de las acciones.
—¿Cuáles son esas tres?
—La ausencia de ansia es causa de las acciones. La ausencia de aversión es causa de las acciones. La ausencia de ignorancia es causa de las acciones.
No es que el ansia surja de la ausencia de ansia. Pero en cambio, es la ausencia de ansia la que surge de la ausencia de ansia. No es que la aversión surja de la ausencia de aversión. Pero en cambio, es la ausencia de aversión la que surge de la ausencia de aversión. No es que la ignorancia surja de la ausencia de ignorancia. Pero en cambio, es la ausencia de ignorancia la que surge de la ausencia de ignorancia. No es que el infierno, el reino animal, u otros buenos destinos, puedan verse debido a la condicionalidad nacida del ansia, de la aversión y de la ignorancia. Pero en cambio, los mundos de los devas y los humanos, u otros buenos destinos, son los que pueden verse debido a la condicionalidad nacida de la ausencia de ansia, de la ausencia de aversión y de la ausencia de ignorancia. Estas son las tres causas de las acciones.
Entonces cierto brahmán se acercó al Buddha e intercambió saludos con él. Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado y le dijo al Buddha:
—Maestro Gotama, esta es mi doctrina y mi creencia: «No hay capacidad para actuar por uno mismo, ni hay capacidad de actuar en los demás».
—Bueno, brahmán, nunca he visto ni escuchado de nadie que sostenga tal doctrina o punto de vista. ¿Cómo diablos puede alguien que va y viene por su cuenta decir que uno no tiene capacidad para actuar por uno mismo, ni tiene capacidad de actuar en los demás? ¿Qué piensas, brahmán, si hay un elemento de iniciativa?
—Sí, señor.
—Dado que esto es así, ¿encontramos seres que inician la actividad?
—Sí, señor.
—Dado que hay un elemento de iniciativa, y se encuentran seres que inician la actividad, los seres tienen capacidad para actuar por sí mismos o para actuar en los demás. ¿Qué piensas, brahmán, hay un elemento de persistencia… de esfuerzo… de fuerza… de constancia… de energía?
—Sí, señor.
—Dado que esto es así, ¿encontramos seres que tienen energía?
—Sí, señor.
—Dado que hay un elemento de energía, y se encuentran seres que tienen energía, los seres tienen capacidad para actuar por sí mismos o para actuar en los demás.
Bueno, brahmán, nunca he visto ni escuchado de nadie que sostenga tal doctrina o punto de vista. ¿Cómo diablos puede alguien que va y viene por su cuenta decir que no hay capacidad para actuar por uno mismo, ni hay capacidad de actuar en los demás?
—¡Excelente, Maestro Gotama! ¡Excelente! Desde este día en adelante, que el Maestro Gotama me recuerde como un seguidor laico que se ha refugiado de por vida.
En cierta ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Sāvatthī en la arboleda de Jeta, el monasterio de Anāthapiṇḍika.
Para ese momento, Veḷukaṇṭakī, la madre de Nanda, estaba preparando la limosna para el Saṅgha de los bhikkhus encabezado por Sāriputta y Moggallāna. El Buddha la vio hacer esto, con su clarividencia purificada y sobrehumana, y se dirigió a los bhikkhus:
—Esta Veḷukaṇṭakī, la madre de Nanda, está preparando la limosna para el Saṅgha de los bhikkhus encabezado por Sāriputta y Moggallāna.
—¿Y cómo tiene la limosna seis atributos?
—Tres factores se aplica al donante y otros tres a los receptores.
—¿Qué seis atributos se aplica al donante?
—Cuando un donante está de buen humor antes de donar, mientras dona se siente seguro y después de donar se siente animado. Estas tres características se aplica al donante.
—¿Qué seis atributos se aplica a los destinatarios?
—Cuando los destinatarios están libre de ansia o practican para liberarse de ella, están libres de aversión o practican para liberarse de ella y están libres de ignorancia o practican para liberarse de ella. Estas tres características se aplica a los destinatarios.
Por tanto, se aplica tres atributos al donante y tres a los receptores. Así es como limosna tiene seis atributos.
No es fácil captar el mérito de tal ofrenda diciendo que tal es el alcance de su corriente de mérito, corriente del bien, alimento para la felicidad divina, que lleva a la felicidad que conducen a los mundos celestiales, que conducen a lo que es agradable, deseable, satisfactorio, al bienestar y a la felicidad. Simplemente se lo considera un mérito incalculable, inconmensurable.
Es como intentar cubicar cuánta agua hay en el océano. No es fácil decir cuántos baldes, cuántos cientos, miles, cientos de miles de baldes hay. Simplemente se la considera una incalculable, inconmensurable y enorme masa de agua.
De la misma manera, no es fácil captar el mérito de tal ofrecimiento…
—En primer lugar, un bhikkhu es irritable y hostil. Un bhikkhu así carece de respeto y reverencia por el Maestro, la Enseñanza y el Saṅgha, y no cumple con la Disciplina. Crea una disputa en el Saṅgha, que esto provoca dolor e infelicidad en la gente, y causa daño, angustia y sufrimiento de devas y humanos.
Si veis una raíz de disputas en vosotros mismos o en los demás, debéis tratar de renunciar a esta cosa mala. Si no lo veis, debéis practicar para que no vuelva a aparecer en el futuro. Así es como se abandona esta mala raíz de disputas, para que no surja en el futuro.
Además, un bhikkhu es ofensivo y despectivo… Es celoso y avaro… tortuoso y engañoso… con deseos perversos y creencias erróneas… está aferrado a sus propias creencias, abrazándolas con fuerza y negándose a abandonarla. Un bhikkhu así carece de respeto y reverencia por el Maestro, la Enseñanza y el Saṅgha, y no cumple con la Disciplina. Crea una disputa en el Saṅgha, que esto provoca dolor e infelicidad en la gente, y causa daño, angustia y sufrimiento de devas y humanos.
Si veis una raíz de disputas en vosotros mismos o en los demás, debéis tratar de renunciar a esta cosa mala. Si no lo veis, debéis practicar para que no vuelva a aparecer en el futuro. Así es como se abandona esta mala raíz de disputas, para que no surja en el futuro.
—Estas seis cosas juegan un papel en la liberación.
—¿Qué seis?
—La percepción de lo perecedero, la percepción del sufrimiento en lo perecedero, la percepción de que esto «no es mío, no soy yo, sobre esto no tengo control» en el sufrimiento, la percepción del abandono, la percepción del desaferramiento y la percepción del cese. Estas son las seis cosas que juegan un papel en la liberación.
En cierta ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Sāvatthī en la arboleda de Jeta, el monasterio de Anāthapiṇḍika.
Luego, mientras el venerable Mahāmoggallāna estaba en recogimiento, le vino a la mente este pensamiento: «¿Qué devas saben quiénes son los que han entrado en la corriente, que no pueden renacer en el inframundo, y están destinados a la iluminación?».
Para ese momento, un bhikkhu llamado Tissa había fallecido recientemente y había renacido en un reino de Brahmā. Allí le conocieron como el fuerte y poderoso Brahmā Tissa.
Y entonces el venerable Mahāmoggallāna, tan fácilmente como una persona fuerte extendería o contraería su brazo, desapareció de la arboleda de Jeta y reapareció en ese reino de Brahmā.
Tissa vio a Moggallāna acercarse a lo lejos y le dijo:
—¡Ven, mi buen Moggallāna! ¡Bienvenido, mi buen Moggallāna! Ha pasado mucho tiempo desde que aprovechaste la oportunidad para venir aquí. Siéntate, mi buen Moggallāna, este asiento es para ti.
Moggallāna se sentó en el asiento preparado. Luego, Tissa se inclinó ante Moggallāna y se sentó a un lado.
Moggallāna le dijo:
—Tissa, ¿qué devas saben quiénes son los que han entrado en la corriente, que no pueden renacer en el inframundo, y están destinados a la iluminación?
—Los devas de los Cuatro Grandes Reyes lo saben.
—¿Pero todos ellos saben esto?
—No, mi buen Moggallāna, no todos. Aquellos que no están instruidos, enraizados ni afirmados en una fe inquebrantable en el Buddha, en la Enseñanza y en el Saṅgha, y carecen de la ética amada por los nobles, no saben quienes son los que han entrado en la corriente. Pero aquellos que están instruidos, enraizados y afirmados en una fe inquebrantable en el Buddha, en la Enseñanza y en el Saṅgha, y tienen la ética amada por los nobles, saben quienes son los que han entrado en la corriente.
—Pero Tissa, ¿son sólo los devas de los Cuatro Grandes Reyes los que saben quienes son los que han entrado en la corriente, o los devas de los Treinta y Tres… Los Devas de Yama… Los Devas que Disfrutan de las Creaciones… Los Devas que Aman Crear… y Los Devas que Controlan las Creaciones de los Demás saben quiénes son los que han entrado en la corriente, que no pueden renacer en el inframundo, y están destinados a la iluminación?
—Los devas de estas distintas clases lo saben.
—¿Pero todos ellos saben esto?
—No, mi buen Moggallāna, no todos. Aquellos que no están instruidos, enraizados ni afirmados en una fe inquebrantable en el Buddha, en la Enseñanza y en el Saṅgha, y carecen de la ética amada por los nobles, no saben quienes son los que han entrado en la corriente. Pero aquellos que están instruidos, enraizados y afirmados en una fe inquebrantable en el Buddha, en la Enseñanza y en el Saṅgha, y tienen la ética amada por los nobles, saben quienes son los que han entrado en la corriente.
Moggallāna aprobó y estuvo de acuerdo con lo que dijo Tissa el Brahmā. Entonces, tan fácilmente como una persona fuerte extendería o contraería su brazo, desapareció de ese reino Brahmā y reapareció en la arboleda de Jeta.
—Esta noche, un deva glorioso, iluminando todo el Bosque de Jeta, se acercó a mí, se inclinó, se hizo a un lado y me dijo:
—Señor, estas seis cosas no conducen a la decadencia de un bhikkhu.
—¿Qué seis?
—Respeto por el Maestro, por la Enseñanza, por la Saṅgha, por el entrenamiento, por la vergüenza y por la prudencia. Estas seis cosas no conducen a la decadencia de un bhikkhu.
Eso fue lo que dijo ese deva. Luego se inclinó y respetuosamente me rodeó, manteniéndome a su lado derecho, antes de desaparecer allí mismo.
Respeto por el Maestro y la Enseñanza, y profundo respeto por el Saṅgha, teniendo vergüenza y prudencia, reverencial y respetuoso, tal persona no puede declinar, y se ha acercado a Nibbāna.
Luego, a altas horas de la noche, un deva glorioso, iluminando todo el bosque de Jeta, se acercó al Buddha, se inclinó, se hizo a un lado y le dijo:
—Señor, estas seis cosas no conducen al declive de un bhikkhu.
—¿Qué seis?
—Respeto por el Maestro, por la Enseñanza, por el Saṅgha, por el entrenamiento, por la diligencia y por la hospitalidad. Estas seis cosas no conducen al declive de un bhikkhu.
Eso fue lo que dijo ese deva, y el maestro lo aprobó. Entonces ese deva, sabiendo que el maestro lo aprobaba, se inclinó y respetuosamente rodeó al Buddha, manteniéndolo a su derecha, antes de desaparecer allí mismo.
Luego, cuando pasó la noche, el Buddha le contó a los bhikkhus todo lo que había sucedido, y agregó:
—Respeto por el Maestro y la Enseñanza, y profundo respeto por el Saṅgha, un bhikkhu que respeta la diligencia y la hospitalidad no puede declinar, y se ha acercado a Nibbāna.
—Estas seis cosas conducen al declive de un aprendiz de bhikkhu.
—¿Qué seis?
—Disfruta del trabajo, de la conversación, del sueño y de la compañía. No vigila las puertas de los sentidos y come demasiado. Estas seis cosas conducen al declive de un aprendiz de bhikkhu.
Estas seis cosas no conducen al declive de un aprendiz de bhikkhu.
—¿Qué seis?
—No disfruta del trabajo, ni de la conversación, ni del sueño ni de la compañía. Vigila las puertas de los sentidos y no come demasiado. Estas seis cosas no conducen al declive de un aprendiz de bhikkhu.
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