—Bhikkhus, estos dos tergiversan al Tathāgata.
—¿Cuáles dos?
—Uno que es el malvado que habla con maldad, y el otro es el creyente que no ha entendido la Enseñanza. Estos dos tergiversan al Tathāgata.
—Bhikkhus, estos dos tergiversan al Tathāgata.
—¿Cuáles dos?
—Uno que es el malvado que habla con maldad, y el otro es el creyente que no ha entendido la Enseñanza. Estos dos tergiversan al Tathāgata.
—Bhikkhus, hay dos que son tontos.
—¿Cuáles dos?
—Uno que no reconoce cuando ha cometido un error. Y aquel que no acepta la confesión de alguien que se ha equivocado, como debería. Estos son los dos que son tontos.
Hay dos clases de sabios.
—¿Cuáles dos?
—Uno que reconoce cuando ha cometido un error. Y aquel que acepta la confesión de alguien que se ha equivocado, como debería. Estos son los dos que son sabios.
—Estas dos cosas, bhikkhus, conducen al declive y desaparición de la verdadera Enseñanza.
—¿Qué dos cosas?
—Cuando las palabras y las sílabas están mal colocadas y el significado se malinterpreta. Cuando las palabras y las sílabas están mal colocadas, el significado también se malinterpreta. Estas dos cosas conducen al declive y la desaparición de la verdadera Enseñanza.
Estas dos cosas conducen a la continuidad, persistencia y perdurabilidad de la verdadera Enseñanza.
—¿Qué dos cosas?
—Las palabras y las sílabas están bien colocadas y el significado se interpreta correctamente. Cuando las palabras y frases están bien colocadas, el significado también se interpreta correctamente. Estas dos cosas llevan a la continuidad, persistencia y perdurabilidad de la verdadera Enseñanza.
—Bhikkhus, renunciad a lo perjudicial. Es posible renunciar a lo perjudicial. Si no fuera posible, no diría: «renunciad a lo perjudicial». Pero es posible, y por eso digo: «renunciad a lo perjudicial». Y si renunciar a lo perjudicial llevara al daño y al sufrimiento, yo no os diría: «abandonad lo perjudicial». Pero renunciar a lo perjudicial conduce al bienestar y la felicidad, así que digo: «renunciad a lo perjudicial».
Bhikkhus, cultivad lo beneficioso. Es posible desarrollar lo beneficioso. Si no fuera posible, no diría: «desarrollad lo beneficioso». Pero es posible, y por eso digo: «desarrollad lo beneficioso». Si desarrollar lo beneficioso condujera al daño y al sufrimiento, no diría: «desarrollad lo beneficioso». Pero desarrollar lo beneficioso conduce al bienestar y la felicidad, así que digo: «desarrollad lo beneficioso».
Entonces el venerable Ānanda se acercó al Buddha, se inclinó y se sentó a un lado.
El Buddha le dijo:
—Ānanda, declaro terminantemente que no se deben hacer cosas malas con el cuerpo, el habla y la mente.
—Entonces, señor, si alguien hace estas cosas que no deberían hacerse, ¿qué perjuicios debería esperar?
—Debe esperar estos perjuicios. Se culpa a sí mismo. Cuando se descubre, la gente sensata los critica. Tiene mala reputación. Se siente perdido cuando muere. Y cuando su cuerpo se desintegre, después de la muerte, renacerá en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno. Estos son los perjuicios que deberían esperarse.
—Ānanda, declaro terminantemente que se deben hacer cosas buenas a través del cuerpo, del habla y de la mente.
—Señor, si alguien hace estas cosas que deberían hacerse, ¿qué beneficios debería esperar?
—Debe esperar estos beneficios. No se culpa a sí mismo. Cuando se descubre, la gente sensata lo elogia. Obtiene buena reputación. No se siente perdido cuando muere. Y con la desintegración del cuerpo, después de la muerte, renace en un buen lugar, un reino celestial. Estos son los beneficios que se deberían esperar.
Luego, el brahmín Jāṇussoṇi se acercó al Buddha e intercambió saludos con él. Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado y le dijo al Buddha:
—¿Cuál es la causa, Maestro Gotama, cuál es la razón por la que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno?
—Lo que han hecho y lo que no han hecho. Es por eso que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno.
—¿Pero cuál es la causa, maestro Gotama, cuál es la razón por la que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un buen lugar, un reino celestial?
—Lo que han hecho y lo que no han hecho. Es por eso que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un buen lugar, un reino celestial.
—No entiendo el significado de lo que el Maestro Gotama ha dicho en breve, sin explicar los detalles. Maestro Gotama, por favor enséñeme este asunto en detalle para que pueda entender el significado.
—Bueno, entonces, brahmán, escucha y presta mucha atención, yo hablaré.
—Sí, señor —respondió Jāṇussoṇi.
El Buddha dijo esto:
—En primer lugar, brahmín, alguien ha hecho cosas malas y no ha hecho cosas buenas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Entonces, lo que han hecho y lo que no han hecho es por lo que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno. Además, brahmán, alguien ha hecho cosas buenas y no ha hecho cosas malas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Entonces, lo que han hecho y lo que no han hecho es por lo que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un buen lugar, un reino celestial.
—¡Excelente, Maestro Gotama! Desde este día en adelante, que el Maestro Gotama me recuerde como un seguidor laico que se ha refugiado de por vida.
Entonces cierto brahmán se acercó al Buddha e intercambió saludos con él. Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado y le dijo al Buddha:
—¿Cuál es la causa, Maestro Gotama, cuál es la razón por la que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno?
—La conducta inmoral y que no está basada en principios es la razón por la que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno.
—¿Cuál es la causa, Maestro Gotama, cuál es la razón por la que algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un buen lugar, un reino celestial?
—La conducta moral y basada en principios es la razón por la cual algunos seres, cuando sus cuerpos se desintegran, después de la muerte, renacen en un buen lugar, un reino celestial.
—¡Excelente, Maestro Gotama! ¡Excelente! Como si estuviera corrigiendo lo volcado, o revelando lo oculto, o señalando el camino a los perdidos, o encendiendo una lámpara en la oscuridad para que las personas con buenos ojos puedan ver lo que hay, el Maestro Gotama ha dejado clara la Enseñanza de muchas maneras. Me refugio en el Maestro Gotama, en la Enseñanza y en el Saṅgha de los bhikkhus. A partir de este día, que el Maestro Gotama me recuerde como un seguidor laico que se ha refugiado de por vida.
—Bhikkhus, en un asunto disciplinario, si ni el bhikkhu infractor ni el bhikkhu acusador tienen buen control de sí mismos, la disputa puede volverse duradera, dura e hiriente, y provocar un disgusto entre los bhikkhus. Pero en un asunto disciplinario, si tanto el bhikkhu infractor como el bhikkhu acusador tienen buen control de sí mismos, la disputa no tiene por qué ser larga, dura e hiriente, y no tiene por qué provocar un disgusto entre los bhikkhus.
—¿Y cómo un bhikkhu infractor tienen buen control sobre sí mismo?
—Es cuando el bhikkhu infractor reflexiona: «He cometido cierta transgresión dañina con el cuerpo. Ese bhikkhu me lo vio hacer. Si no hubiera cometido esa transgresión, no me habría visto. Pero como cometí esa transgresión, me vió. Cuando me vió, se enojó y me expresó su descontento. Luego también me molesté, así que se lo conté a los otros. Así que el error es solo mío, como un contrabandista que es atrapado en flagrante delito». Así es como, bhikkhus, un bhikkhu infractor tiene un buen control sobre sí mismo.
—¿Y cómo un bhikkhu acusador tienen buen control sobre sí mismo?
—Un bhikkhu acusador reflexiona: «Este bhikkhu ha cometido una falta dañina con el cuerpo. Le vi hacerlo. Si no hubiera cometido esa trasgresion, no lo habría visto. Pero como cometió esa transgresión, lo vi. Cuando lo vi, me molesté y le expresé mi descontento. Luego también él se enojó, así que se lo contó a otros. Así que el error es solo mío, como un contrabandista que es atrapado en flagrante delito». Así es como, bhikkhus, un bhikkhu acusador se controla con cuidado.
En un asunto disciplinario, si ni el bhikkhu infractor ni el bhikkhu acusador tienen buen control de sí mismos, la disputa puede volverse duradera, dura e hiriente, y provocar un disgusto entre los bhikkhus. Pero en un asunto disciplinario, si tanto el bhikkhu infractor como el bhikkhu acusador tienen buen control de sí mismos, la disputa no tiene por qué ser larga, dura e hiriente, y no tiene por qué provocar un disgusto entre los bhikkhus.
—El Tathāgata imparte la Enseñanza de dos maneras diferentes.
—¿Qué dos maneras?
—Da una enseñanza concisa y una enseñanza en detalle. El Tathāgata imparte la Enseñanza de estas dos maneras.
—Hay, bhikkhus, estos dos poderes.
—¿Qué dos poderes?
—El poder de la reflexión y el poder de la contemplación.
—¿Y, bhikkhus, qué es el poder de la reflexión?
—Es cuando alguien reflexiona: «La mala conducta del cuerpo, del habla o de la mente tiene resultados malos y dolorosos tanto en esta vida como en la siguiente». Reflexionando así, abandona la mala conducta en el cuerpo, en el habla y en la mente, y cultiva una buena conducta en el cuerpo, en el habla y en la mente, manteniéndose puro. A esto se le llama poder de reflexión.
—¿Y cuál es el poder de la contemplación?
—Es cuando un bhikkhu, apartado de los placeres sensoriales, apartado de los vicios, entra y se sumerge en la primera jhāna, que tiene el placer, la felicidad y la alegría que surgen del recogimiento, mientras dirige la mente y la mantiene concentrada. A medida que desaparece el direccionamiento de la mente sobre las formas en movimiento, entra y se sumerge en la segunda jhāna, que tiene el placer, la felicidad y la alegría que surgen de la concentración, con claridad y confianza internas, y con la mente concentrada, desaparece el direccionamiento de la mente sobre las formas en movimiento. Y con el desvanecimiento del placer, entra y se sumerge en la tercera jhāna, donde contempla con impasibilidad, diligente y decidido y siente el bienestar corporal del que los nobles declaran: «Impasible y decidido, uno permanece en la felicidad». Abandonando el placer y el dolor, y poniendo fin a la felicidad y la tristeza anteriores, entra y se sumerge en la cuarta jhāna, sin placer ni dolor, con pura impasibilidad y gnosis. A esto se le llama el poder de la contemplación. Estos son los dos poderes.