DN 28: Inspirando confianza

1. El rugido del león de Sariputta

Esto he oído.

En una ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Nālandā en el bosque de mangos de Pāvārika. Entonces Sāriputta se acercó al Buddha, se inclinó, se sentó a un lado y le dijo:

—Señor, tengo tanta fe en el Buddha que creo que no hay ningún otro asceta o brahmán, ya sea pasado, futuro o presente, cuyas habilidades paranormales sean superiores a las del Buddha en lo que respecta al despertar.

—Esa es una declaración grandiosa y dramática, Sāriputta. Has rugido un rugido de león categórico y definitivo, diciendo: «Tengo tanta fe en el Buddha que creo que no hay otro asceta o brahmán, ya sea pasado, futuro o presente, cuyas habilidades paranormales sean superiores a las del Buddha cuando se trata de al despertar». ¿Qué pasa con todos los Dignos, los Buddhas completamente iluminados que vivieron en el pasado? ¿Has comprendido sus mentes para saber que esos Buddhas tenían tal ética, o tales cualidades, o tal sabiduría, o tal concentración, o tal liberación?

—No, señor.

—¿Y qué hay de todos los Dignos, los Buddhas completamente iluminados que vivirán en el futuro? ¿Has comprendido sus mentes para saber que esos Buddhas tendrán tal ética, o tales cualidades, o tal sabiduría, o tal concentración, o tal liberación?

—No, señor.

—¿Y yo, el Digno, el Buddha completamente iluminado en la actualidad? ¿Has comprendido mi mente para saber que tengo tal ética, o tales cualidades, o tal sabiduría, o tal concentración, o tal liberación?

—No, señor.

—Bueno, entonces, Sāriputta, dado que no comprendes las mentes de los Buddhas en el pasado, en el futuro o en el presente, ¿qué estás haciendo exactamente, haciendo una declaración tan grandiosa y dramática, rugiendo un rugido de león tan definitivo y categórico?

—Señor, aunque no comprendo las mentes de los Buddhas en el pasado, el futuro y el presente, sigo entendiendo esto por inferencia de la enseñanza.

Supongamos que existiera una ciudadela fronteriza real con terraplenes, murallas y arcos fortificados, y una sola puerta. Y tiene un portero que es sabio, competente e inteligente. Mantiene a los extraños fuera y deja entrar a las personas conocidas. Mientras camina por el camino de patrulla, no ve un agujero o hendidura en la pared, ni siquiera uno lo suficientemente grande como para que se escape un gato. Piensa: «Cualesquiera que sean los seres de tamaño considerable que entren o salgan de la ciudadela, todos lo harán por esta puerta».

De la misma manera, entiendo esto por inferencia de la enseñanza: «Todos los Dignos, Buddhas completamente iluminados, ya sean pasados, futuros o presentes, abandonan las cinco adicciones inferiores, las imperfecciones de la mente que debilitan la sabiduría. Sus mentes están firmemente establecidas en las cuatro instrucciones de la práctica. Desarrollan correctamente los siete factores de la iluminación. Y se despiertan con el perfecto y supremo despertar».

Señor, una vez me acerqué al Buddha para escuchar la enseñanza. Me explicaste la enseñanza con sus etapas cada vez más altas, con sus mejores y superiores etapas, con sus lados oscuros y brillantes.

Cuando conocí directamente cierto aspecto de esas enseñanzas, de acuerdo con cómo me las enseñaron, llegué a una conclusión sobre las enseñanzas. Tenía fe en el Maestro: «El Bendito es un Buddha completamente iluminado. La enseñanza está bien explicada. El Saṅgha está practicando bien».

1.1. Enseñar cualidades meritorias

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña las cualidades meritorias es insuperable. Consiste en cualidades tan meritorias como las cuatro instrucciones de la práctica, los cuatro esfuerzos correctos, las cuatro bases de las habilidades paranormales, las cinco facultades, los cinco poderes, los siete factores de la iluminación y el noble óctuple sendero.

Mediante ellos un bhikkhu entiende verdaderamente la liberación de la mente y la liberación a través de la episteme en esta misma vida. Y vive habiendo experimentado por sí mismo, con sus habilidades paranormales, el final de las tendencias subyacentes. Esto es insuperable cuando se trata de cualidades meritorias.

El Buddha comprende esto sin excepción. No hay nada que entender más allá de esto por el que otro asceta o brahmán pueda ser superior en habilidades paranormales al Buddha cuando se trata de cualidades meritorias.

1.2. Describiendo los campos de los sentidos

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña la descripción de los campos de los sentidos es insuperable. Existen estos seis campos de los sentidos subjetivos y objetivos. El ojo y las imágenes, el oído y los sonidos, la nariz y los olores, la lengua y los gustos, el cuerpo y el tacto, el intelecto y los pensamientos. Esto es insuperable cuando se trata de describir los campos sensoriales.

El Buddha comprende esto sin excepción. No hay nada que entender más allá de esto por el que otro asceta o brahmán pueda ser superior en habilidades paranormales al Buddha cuando se trata de describir los campos de los sentidos.

1.3. La concepción del embrión

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña la concepción del embrión es insuperable. Existen estos cuatro tipos de concepción:

En primer lugar, alguien no se da cuenta cuando es concebido en el útero de su madre, no se da cuenta mientras permanece allí y no se da cuenta cuando emerge. Este es el primer tipo de concepción.

Además, alguien se da cuenta cuando es concebido en el útero de su madre, pero no es consciente mientras permanece allí, ni tampoco cuando emerge. Este es el segundo tipo de concepción.

Además, alguien se da cuenta cuando es concebido en el útero de su madre, y está consciente mientras permanece allí, pero deja de estarlo cuando emerge. Este es el tercer tipo de concepción.

Además, alguien se da cuenta cuando es concebido en el útero de su madre, está consciente mientras permanece allí y sigue consciente cuando emerge. Este es el cuarto tipo de concepción.

Esto es insuperable cuando se trata de la concepción del embrión.

1.4. Maneras de decir lo que piensan los demás

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña las diferentes formas de decir lo que piensan los demás es insuperable.

Existen estas cuatro formas de decir lo que piensan los demás:

En primer lugar, alguien revela por medio de un movimiento: «Esto es lo que estás pensando, ese es tu pensamiento y, por tanto, tu estado de ánimo». E incluso si hace esto muchas veces, resulta exactamente así, no de otra manera. Esta es la primera forma de decir lo que piensan los demás.

Además, alguien revela después de escucharlo de humanos, de no humanos o de devas: «Esto es lo que estás pensando, ese es tu pensamiento y, por lo tanto, tu estado mental». E incluso si hace esto muchas veces, resulta exactamente así, no de otra manera. Esta es la segunda forma de decir lo que piensan los demás.

Además, alguien revela al escuchar el sonido del pensamiento que se propaga mientras alguien piensa y considera: «Esto es lo que estás pensando, ese es tu pensamiento y, por lo tanto, tu estado mental». E incluso si hace esto muchas veces, resulta exactamente así, no de otra manera. Esta es la tercera forma de decir lo que piensan los demás.

Además, alguien comprende la mente de una persona que ha alcanzado las jhānas sin direccionar la mente sobre las formas en movimiento. Entiende: «A juzgar por la forma en que se dirigen los pensamientos de esta persona, inmediatamente después de este estado mental, pensará este pensamiento». E incluso si hace esto muchas veces, resulta exactamente así, no de otra manera. Esta es la cuarta forma de decir lo que piensan los demás.

Esto es insuperable en cuanto a formas de decir lo que piensan los demás.

1.5. Mirar con claridad

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña como mirar con claridad es insuperable. Existen estas cuatro formas de mirar con claridad:

En primer lugar, algún asceta o brahmán, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y a un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que mira este mismo cuerpo desde las plantas de los pies hasta las puntas del cabello y hacia abajo nuevamente, rodeado de piel, lleno de muchas impurezas: «En este cuerpo hay cabello del cuero cabelludo, vello corporal, uñas, dientes, piel, carne, tendones, huesos, médula ósea, riñones, corazón, hígado, diafragma, bazo, pulmones, intestinos, esófago, estómago, excrementos, bilis, mocos, pus, sangre, sudor, grasa, lágrimas, líquido tisular, saliva, mocos, líquido sinovial y orina». Esta es la primera forma de mirar con claridad. Además, algún asceta o brahmán lo logra y lo supera y luego pasa a mirar el cuerpo como un esqueleto cubierto de piel, carne y sangre. Esta es la segunda forma de mirar con claridad.

Además, algún asceta o brahmán lo logra y lo supera y también lo ve como un esqueleto cubierto de piel, carne y sangre y luego pasa a mirar la corriente ininterrumpida de la conciencia humana que tiene un punto de apoyo en ambos mundos, tanto en este mundo como en el otro. Esta es la tercera forma de mirar con claridad.

Además, algún asceta o brahmán lo logra y lo supera y luego pasa a mirar la corriente ininterrumpida de la conciencia del hombre que no tiene punto de apoyo en ningún mundo, ni en este mundo ni en el otro mundo. Esta es la cuarta forma de mirar con claridad.

Esto es insuperable cuando se trata de mirar con claridad.

1.6. Descripciones de individuos

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña la descripción de los individuos es insuperable.

Hay estos siete individuos:

Uno liberado en ambos sentidos, uno liberado mediante la episteme, uno que ha realizado la verdad última por medio del cuerpo, uno que ha alcanzado la fe, uno liberado por la fe, un seguidor de las enseñanzas y un seguidor por la fe.

Esto es insuperable en lo que respecta a la descripción de individuos.

1.7. Tipos de esfuerzo

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña los tipos de esfuerzo es insuperable.

Existen estos siete factores de la iluminación:

Los factores de la iluminación de la práctica, de la investigación de los fenómenos condicionados en el sentido de los factores de aferramiento a la existencia, de la energía, del placer, de la tranquilidad, de la contemplación y de la impasibilidad. Esto es insuperable en lo que respecta al tipo de esfuerzo.

1.8. Formas de la práctica

Y además, señor, la manera en la que el Buddha enseña las formas es insuperable:

Práctica dolorosa con habilidades paranormales lentas.

Práctica dolorosa con habilidades paranormales rápidas.

Práctica agradable con habilidades paranormales lentas.

Práctica agradable con habilidades paranormales rápidas.

De estas, se dice que la práctica dolorosa con habilidades paranormales lentas es inferior en ambos sentidos: porque es dolorosa y porque es lenta. Se dice que la práctica dolorosa con habilidades paranormales rápidas es inferior porque es dolorosa. Se dice que la práctica placentera con habilidades paranormales lentas es inferior porque es lenta. Pero se dice que la práctica agradable con habilidades paranormales rápidas es superior en ambos sentidos: porque es agradable y porque es rápida.

Esto es insuperable en lo que respecta a las formas de la práctica.

1.9. Comportamiento en el habla

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña el comportamiento en el habla es insuperable.

Es cuando alguien no usa un discurso relacionado con la mentira, la división, la murmuración o el intento agresivo de ganar. Dice solo consejos sabios, valiosos y oportunos. Esto es insuperable cuando se trata del comportamiento en el habla.

Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña el comportamiento ético de una persona es insuperable.

Es cuando alguien es honesto y fiel. No usa engaños, adulaciones, insinuaciones o menosprecio, y no usa posesiones materiales para perseguir otras posesiones materiales. Cuida las puertas de los sentidos y come con moderación. Es justo, dedicado a la vigilancia, incansable, enérgico y contemplativo. Tiene buena memoria, elocuencia, amplitud, retención y consideración. No es codicioso de placeres sensoriales. Está consciente y alerta. Esto es insuperable cuando se trata del comportamiento ético de una persona.

1.10. Capacidad de respuesta a la instrucción

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña los diferentes grados de respuesta a la instrucción es insuperable.

Existen estos cuatro grados de respuesta a la instrucción:

El Buddha al investigar el interior de otro individuo conoce: «Al practicar según las instrucciones, este individuo, con el final de tres adicciones, se convertirá en uno que ha entrado de la corriente, no susceptible de renacer en el inframundo y está destinado a la iluminación».

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Al practicar según las instrucciones, este individuo, con el final de tres adicciones y el debilitamiento del ansia, de la aversión y de la ignorancia, se convertirá en uno que retorna una vez. Volverá a este mundo una sola vez y luego pondrá fin al sufrimiento».

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Al practicar según las instrucciones, este individuo, con el final de las cinco adicciones que unen al mundo inferior, renacerá espontáneamente. Allí se extinguirá y no es probable que regrese de ese mundo».

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Al practicar según las instrucciones, este individuo logrará la liberación de la mente y la liberación mediante la episteme en esta misma vida, y vivirá habiendo realizado con sus habilidades paranormales, el fin de las tendencias subyacentes negativas».

Esto es insuperable cuando se trata de los diferentes grados de capacidad de respuesta a la instrucción.

1.11. El conocimiento y la liberación de los demás

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña el conocimiento y la liberación de otros individuos es insuperable.

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Con el final de tres adicciones, este individuo se convertirá en uno que ha entrado de la corriente, no susceptible de renacer en el inframundo y está destinado a la iluminación».

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Con el final de tres adicciones y el debilitamiento del ansia, de la aversión y de la ignorancia, este individuo se convertirá en un retornado». Volverá a este mundo una sola vez y luego pondrá fin al sufrimiento.

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Con el final de las cinco adicciones que unen al mundo inferior, este individuo renacerá espontáneamente. Allí se extinguirá y no es probable que regrese de ese mundo».

El Buddha al investigar dentro de otro individuo conoce: «Este individuo logrará la liberación de la mente y la liberación mediante la episteme en esta misma vida, y vivirá habiendo realizado con sus habilidades paranormales, el fin de las tendencias subyacentes negativas».

Esto es insuperable cuando se trata del conocimiento y la liberación de otras personas.

1.12. El eternalismo

—Y además, señor, es insuperable la forma en que el Buddha enseña las doctrinas eternalistas.

Existen estas tres doctrinas eternalistas.

En primer lugar, algún asceta o brahmán, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda muchos cientos de miles de vidas pasadas, con sus características y detalles.

Dice: «Sé que en el pasado el cosmos se expandió o se contrajo. No sé si en el futuro el cosmos se expandirá o contraerá. El «yo» y el cosmos son eternos, no producen nada nuevo, firmes como la cima de una montaña, firmes como un pilar. Siguen siendo los mismos por toda la eternidad, mientras estos seres vivos vagan, transmigran, mueren y renacen». Esta es la primera doctrina eternalista.

Además, algunos ascetas o brahmanes, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda sus vidas pasadas durante diez eones de expansión y contracción del cosmos, con características y detalles.

Dice: «Sé que en el pasado el cosmos se expandió o se contrajo. No sé si en el futuro el cosmos se expandirá o contraerá. El «yo» y el cosmos son eternos, no producen nada nuevo, firmes como la cima de una montaña, firmes como un pilar. Siguen siendo los mismos por toda la eternidad, mientras estos seres vivos vagan, transmigran, mueren y renacen». Esta es la segunda doctrina eternalista.

Además, algún asceta o brahmán, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda sus vidas pasadas durante cuarenta eones de expansión y contracción del cosmos, con características y detalles.

Dice: «Sé que en el pasado el cosmos se expandió o se contrajo. No sé si en el futuro el cosmos se expandirá o se contraerá. El «yo» y el cosmos son eternos, no producen nada nuevo, firmes como la cima de una montaña, firmes como un pilar. Siguen siendo los mismos por toda la eternidad, mientras estos seres vivos vagan, transmigran, mueren y renacen». Esta es la tercera doctrina eternalista.

Esto es insuperable cuando se trata de doctrinas eternalistas.

1.13. Recordando vidas pasadas

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña el conocimiento de recordar vidas pasadas es insuperable.

Es cuando algún asceta o brahmín, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y con un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda sus muchas clases de vidas pasadas. Es decir: uno, dos, tres, cuatro, cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, cien, mil, cien mil renacimientos, muchos eones del mundo contrayéndose, muchos eones del mundo expandiéndose, muchos eones del mundo contrayéndose y expandiéndose. Recuerda: «Allí, me llamaron así, mi clan era aquel, me veía así, y esa era mi comida. Así fue como sentí placer y dolor, y así fue como terminó mi vida. Cuando fallecí en ese lugar, renací en otro lugar. Allí también me llamaron así, mi clan era aquel, Me veía así, y esa era mi comida. Así fue como sentí placer y dolor, y así fue como terminó mi vida. Cuando fallecí en ese lugar, renací aquí».

Y así recuerda sus muchos tipos de vidas pasadas, con sus características y detalles.

Señor, hay devas cuya duración de vida no se puede contar ni calcular. Sin embargo, independientemente de la esfera en la que hayan renacido anteriormente, ya sea con qualia o sin qualia o perceptor o no perceptor, recuerda sus muchos tipos de vidas pasadas, con sus características y detalles.

Esto es insuperable cuando se trata del conocimiento de recordar vidas pasadas.

1.14. Muerte y renacimiento

Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña el conocimiento de la muerte y el renacimiento de los seres es insuperable.

Es cuando algún asceta o brahmán, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que con una clarividencia purificada y sobrehumana, ve a los seres morir y renacer, inferiores y superiores, bellos y feos, en un buen o mal lugar.

Entiende cómo los seres renacen de acuerdo con sus actos: «Seguramente estos seres hicieron cosas malas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Hablaban mal de los nobles, tenían una creencia errónea, y optaron por actuar con esa creencia errónea. Cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerá en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno.

Seguramente estos seres, sin embargo, hicieron cosas buenas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Nunca hablaron mal de los nobles, tenían la creencia correcta, y optaron por actuar desde esa creencia correcta. Cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerá en un buen lugar, un reino celestial».

Y así, con una clarividencia purificada y sobrehumana, ve a los seres morir y renacer, inferiores y superiores, hermosos y feos, en un buen o mal lugar. Entiende cómo los seres renacen de acuerdo con sus acciones.

Esto es insuperable cuando se trata del conocimiento de la muerte y el renacimiento.

1.15. Poderes paranormales

—Y además, señor, la forma en que el Buddha enseña los poderes paranormales es insuperable. Existen estos dos tipos de poderes paranormales. Hay poderes paranormales que van acompañados de tendencias subyacentes negativas y de aferramientos, y se dice que son innobles. Y hay poderes paranormales que están libres de tendencias subyacentes negativas y de aferramientos, y se dice que son nobles.

—¿Cuáles son los poderes paranormales que van acompañados de tendencias subyacentes negativas y de aferramientos, y se dice que son innobles?

—Cuando algún asceta o brahmán, gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que ejerce los muchos tipos de poderes paranormales: multiplicarse y convertirse en uno nuevamente, atravesar sin obstáculos un muro, una muralla o una montaña como si atravesara el espacio, zambullirse dentro y fuera de la tierra como si fuera agua, caminar sobre el agua como si fuera tierra, volando con las piernas cruzadas por el cielo como un pájaro, tocar y acariciar con la mano el sol y la luna, tan fuertes y poderosos, controlando el cuerpo hasta el reino de Brahmā.

Estos son los poderes paranormales que van acompañados de tendencias subyacentes negativas y de aferramientos, y se dice que son innobles.

—Pero, ¿cuáles son los poderes paranormales que están libres de tendencias subyacentes negativas y de aferramientos, y se dice que son nobles?

—Es cuando, si un bhikkhu se propone: «¿Podría practicar percibiendo lo no repulsivo en lo repulsivo?».

Eso fue lo que hizo.

Se propone: «¿Podría practicar percibiendo lo repulsivo en lo no repulsivo?».

Eso fue lo que hizo.

Se propone: «¿Podría practicar percibiendo lo no repulsivo en lo no repulsivo?».

Eso fue lo que hizo.

Se propone: «¿Podría practicar percibiendo lo repulsivo en lo repulsivo?».

Eso fue lo que hizo.

Se propone: «¿Podría practicar manteniéndome ecuánime, deliberadamente consciente, rechazando tanto lo repulsivo como lo no repulsivo?».

Eso fue lo que hizo.

Estos son los poderes paranormales que están libres de tendencias subyacentes negativas y de aferramientos, y se dice que son nobles. Esto es insuperable cuando se trata de poderes paranormales.

El Buddha comprende esto sin excepción. No hay nada que entender más allá de esto por el que otro asceta o brahmán pueda ser superior en habilidades paranormales al Buddha en lo que respecta a los poderes paranormales.

1.16. Las Cuatro Jhānas

—El Buddha ha logrado lo que debería lograr un joven de buena familia que tiene fe siendo enérgico y fuerte, mediante la fuerza, la energía, el vigor y el esfuerzo varoniles. El Buddha no se entrega a los placeres sensoriales, que son bajos, toscos, ordinarios, innobles y sin sentido. Y no se entrega a la penitencia, que es dolorosa, innoble e inútil. Obtiene las cuatro jhānas cuando quiere, sin problemas ni dificultades.

1.17. Al ser interrogado

—Señor, si me preguntaran:

—Venerable Sāriputta, ¿hay algún otro asceta o brahmín, ya sea pasado, futuro o presente, cuyas habilidades paranormales sean superiores a las del Buddha en lo que respecta al despertar?

Le diría:

—No.

Pero si me preguntaran:

—Venerable Sāriputta, ¿hay algún otro asceta o brahmán, ya sea pasado o futuro, cuyas habilidades paranormales sean iguales a las del Buddha en lo que respecta al despertar?

Le diría:

—Sí.

Pero si me preguntaran:

—Venerable Sāriputta, ¿hay algún otro asceta o brahmán en la actualidad cuyas habilidades paranormales sean iguales a las del Buddha en lo que respecta al despertar?

Le diría:

—No.

Pero si me preguntaran:

—¿Pero por qué el venerable Sāriputta concede esto con respecto a unos pero no a otros?

Le respondería así:

—Venerables, he escuchado y aprendido esto en la presencia del Buddha: «Los Dignos, los Buddhas completamente despiertos del pasado y del futuro son iguales a mí cuando se trata de despertar». Y también escuché y aprendí esto en presencia del Buddha: «Es imposible que dos Buddhas perfeccionados, completamente iluminados, surjan en el mismo sistema solar al mismo tiempo».

Respondiendo de esta manera, confío en haber repetido lo que dijo el Buddha y no haberlo tergiversado con mentiras. Confío en que mi explicación estuvo en consonancia con la enseñanza y que no haya motivos justificados para reprenderme o criticarme.

—De hecho, Sāriputta, al responder de esta manera, repites lo que he dicho y no me distorsionas con una mentira. Tu explicación está en consonancia con la enseñanza y no hay motivos justificados para reprenderte o criticarte.

2. Increíble y asombroso

Cuando hubo hablado, el venerable Udāyī le dijo al Buddha:

—¡Es increíble, señor, es asombroso! ¡El Tathāgata tiene tan pocos deseos, tanta alegría, tanta modestia! Porque aunque el Tathāgata tiene tal poder y fuerza, no hará una exhibición de sí mismo. Si los bhikkhus que siguen otros caminos vieran incluso una sola de estas cualidades en sí mismos, harían un estandarte de ello.

¡Es increíble, señor, es increíble! ¡El Tathāgata tiene tan pocos deseos, tanta alegría, tanta modestia! Porque aunque el Tathāgata tiene tal poder y fuerza, no hará una exhibición de sí mismo.

—Mira, Udāyī, cómo el Tathāgata tiene tan pocos deseos, tal satisfacción, tal modestia. Porque aunque el Tathāgata tiene tal poder y fuerza, no hará una exhibición de sí mismo. Si los bhikkhus que siguen otros caminos vieran incluso una sola de estas cualidades en sí mismos, harían un estandarte de ello.

Mira, Udāyī, cómo el Tathāgata tiene tan pocos deseos, tal satisfacción, tal modestia. Porque aunque el Tathāgata tiene tal poder y fuerza, no hará una exhibición de sí mismo.

Entonces el Buddha le dijo al venerable Sāriputta:

—Entonces, Sāriputta, deberás recitar con frecuencia esta exposición de la enseñanza a los bhikkhus, bhikkhunīs, laicos y laicas. Aunque habrá algunas personas necias que tengan dudas o incertidumbre con respecto al Tathāgata, cuando escuchen esta exposición de la enseñanza, abandonarán esa duda o incertidumbre. Así es como el venerable Sāriputta declaró su confianza en la presencia del Buddha. Y es por eso que el nombre de esta discusión es «Inspirando confianza»

DN 27: El origen del mundo

Esto he oído.

En una época, el Buddha se encontraba cerca de Sāvatthī en el Monasterio Oriental, en la casa comunal sobre pilotes de la madre de Migāra.

Para ese momento, Vāseṭṭha y Bhāradvāja vivían a prueba entre los bhikkhus con la esperanza de ser ordenados. Luego, al final de la tarde, el Buddha bajó las escaleras de la casa comunal y estaba paseando al aire libre, bajo la sombra de la casa comunal.

Vāseṭṭha lo vio y le dijo a Bhāradvāja:

—Venerable Bhāradvāja, el Buddha está caminando en concentración al aire libre, bajo la sombra de la casa comunal. Ven, venerable, vayamos al Buddha. Ojalá podamos escuchar una charla sobre la enseñanza de él.

—Sí, venerable —respondió Bhāradvāja.

Así que se acercaron al Buddha, se inclinaron y caminaron a su lado. Entonces el Buddha le dijo a Vāseṭṭha:

—Vāseṭṭha, ambos son brahmines por nacimiento y clan, y han pasado de la vida hogareña a la vida sin hogar de una familia brahmín. Espero que no tengáis que sufrir abusos e insultos por parte de los brahmines.

—En realidad, señor, los brahmanes nos insultan y abusan con sus insultos típicos en toda su extensión.

—Pero ¿cómo te insultan los brahmanes?

—Señor, los brahmines dicen: «Sólo los brahmines son la casta superior, otras castas son inferiores. Sólo los brahmines pertenecen a la casta clara, las otras castas son oscuras. Solo los brahmines se purifican, las otras, no. Solo los brahmines son los hijos legítimos de Brahmā, nacidos de su boca, nacidos de Brahmā, creados por Brahmā, herederos de Brahmā. Ambos abandonaron la mejor casta para unirse a una casta inferior, es decir, estos rasurados, falsos ascetas, gentuza, engendros negros de los pies de nuestro Pariente. ¡Esto no es correcto, no es correcto!». Así es como nos insultan los brahmanes.

—En realidad, Vāseṭṭha, los brahmanes están olvidando su tradición cuando te dicen esto. En el caso de las mujeres brahmines, se las ve menstruando, estando embarazadas, dando a luz y amamantando. Sin embargo, aunque nacen de un útero brahmín, dicen: «Sólo los brahmines son la casta superior, otras castas son inferiores. Sólo los brahmines pertenecen a la casta clara, las otras castas son oscuras. Solo los brahmines se purifican, las otras, no. Solo los brahmines son los hijos legítimos de Brahmā, nacidos de su boca, nacidos de Brahmā, creados por Brahmā, herederos de Brahmā». Representan erróneamente a los brahmines, hablan falsamente y generan mucho demérito.

1. Purificación en las cuatro castas

—Vāseṭṭha, existen estas cuatro castas: chatrias, brahmanes, comerciantes y trabajadores. Algunos chatrias matan seres vivos, roban y tienen relaciones con la mujer de otro. Usan un discurso que es falso, divisivo, duro y sin sentido. Y son codiciosos, maliciosos, con una creencia errónea. Estas cosas son perjudiciales, reprobables, no deben practicarse, son indignas de los nobles, y se cuentan como tales. Son acciones oscuras con resultados oscuros, criticadas por las personas sensatas. Tales cosas se ven en algunos chatrias. Y también se ven entre algunos brahmanes, comerciantes y trabajadores.

Pero algunos chatrias se abstienen de matar seres vivos, robar y tener relaciones sexuales con la mujer de otro. Se abstienen de hablar lo que es falso, divisivo, duro y sin sentido. Y están satisfechos, son benevolentes, con la creencia correcta. Estas cosas son meritorias, irreprensibles, dignas de practicar, dignas de los nobles, y se las considera como tales. Son acciones brillantes con resultados brillantes, elogiadas por las personas sensatas. Tales cosas se ven en algunos chatrias. Y también se ven entre algunos brahmanes, comerciantes y trabajadores.

Ambas cosas ocurren así, mezcladas en estas cuatro castas: lo oscuro y lo brillante, lo que es alabado y lo que es criticado por las personas sensatas. Sin embargo, sobre esto los brahmines dicen: «Sólo los brahmines son la casta superior, otras castas son inferiores. Sólo los brahmines pertenecen a la casta clara, las otras castas son oscuras. Solo los brahmines se purifican, las otras, no. Solo los brahmines son los hijos legítimos de Brahmā, nacidos de su boca, nacidos de Brahmā, creados por Brahmā, herederos de Brahmā».

La gente sensata no reconoce esto.

—¿Por qué razón?

—Porque cualquier bhikkhu de estas cuatro castas que sea Digno, con las tendencias subyacentes negativas terminadas, que haya completado la vida de renuncia, haya hecho lo que tenía que hacerse, haya dejado la carga, haya logrado su propia meta verdadera, haya terminado por completo con las adicciones al renacimiento, y esté correctamente liberado a través de la episteme, se dice que es el mejor en virtud según la enseñanza, no fuera de la enseñanza. Por principio, Vāseṭṭha, es el mejor de las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

Y aquí hay una manera de entender cómo es esto.

El rey Pasenadi de Kosala sabe que el asceta Gotama ha salido del clan vecino de los sākkas. Y los sākkas son sus vasallos. Los sākkas muestran deferencia al rey Pasenadi inclinándose, levantándose, saludándolo con las palmas unidas y observando la etiqueta adecuada para él.

Ahora bien, el rey Pasenadi muestra el mismo tipo de deferencia hacia el Tathāgata. Pero él no piensa: «El asceta Gotama es de buena cuna, yo soy de mala cuna. Él es poderoso, yo soy débil. Él es guapo, yo soy feo. Él es influyente, yo soy insignificante». Más bien, al mostrar tal deferencia al Tathāgata, solo está honrando, respetando y venerando a la enseñanza. Y aquí hay otra forma de entender cómo la enseñanza es lo mejor de las personas tanto en esta vida como en la próxima.

Vāseṭṭha, vosotros tenéis diferentes nacimientos, nombres y clanes, y habéis pasado de la vida hogareña a la vida sin hogar desde diferentes familias. Cuando se os pregunta quién sois, afirmáis ser ascetas, seguidores del sākka. Pero solo cuando alguien tiene fe en el Tathāgata, asentada, arraigada y plantada profundamente, fuerte, para que ningún asceta, brahmán, deva, Māra, el Brahmā o cualquier otra persona del mundo lo cambie, es apropiado decir: «Soy el verdadero hijo del Buddha, nacido de su boca, nacido de la enseñanza, creado por la enseñanza, heredero de la enseñanza».

—¿Por qué razón?

—Porque estos son términos para el Tathāgata: «la encarnación de la verdad», y «la encarnación de la santidad», y «el que se ha convertido en la verdad» y «el que se ha hecho bienaventurado».

Llega un momento en que, Vāseṭṭha, después de que ha pasado un período muy largo, este cosmos se contrae. A medida que el cosmos se contrae, los seres se dirigen en su mayoría al reino del Resplandor Radiante. Allí, los seres están hechos por la mente, alimentándose del placer, autoluminosos, moviéndose a través del cielo, constantemente gloriosos, y entrenan así durante mucho tiempo.

Llega un momento en que, después de un período muy largo de tiempo, este cosmos se expande. A medida que el cosmos se expande, la mayoría de los seres se alejan de esa multitud de devas radiantes y regresan a este reino. Aquí están hechos por la mente, alimentándose de placer, autoluminosos, moviéndose a través del cielo, constantemente gloriosos, y permanecen así durante mucho tiempo.

2. Aparece el néctar sólido

—Pero la única masa de agua en ese momento estaba completamente oscura. No se encontraron la luna y el sol, ni estrellas y constelaciones, ni día ni noche, ni meses ni quincenas, ni años ni estaciones, ni hombre y mujer. A los seres se les conocía simplemente como «seres». Después de un período muy largo de tiempo, el néctar sólido se cuajó en el agua. Parecía como la cuajada encima de la leche caliente mientras se enfría. Era hermoso, fragante y delicioso, como ghee o mantequilla. Y era tan dulce como la miel pura de manuka. Ahora, uno de esos seres fue imprudente. Pensó: «Oh, ¿qué podría ser esto?». Probó el néctar sólido con el dedo. Lo disfrutó y el ansia nació en él. Y otros seres, siguiendo el ejemplo de ese ser, saborearon néctar sólido con sus dedos. Ellos también lo disfrutaron y el ansia nació en ellos.

3. Aparecen la luna y el sol

—Entonces esos seres comenzaron a comer el néctar sólido, partiéndolo en grumos. Pero cuando hicieron esto, su luminosidad se desvaneció. Y con la desaparición de su luminosidad aparecieron la luna y el sol, aparecieron estrellas y constelaciones, se distinguieron días y noches, y también meses y quincenas, años y estaciones. Hasta ese punto, el mundo había evolucionado una vez más.

Luego, esos seres que comían el néctar sólido, con eso como alimento y nutrición, permanecieron durante mucho tiempo. Pero mientras comían ese néctar sólido, sus cuerpos se volvían más sólidos y divergían en apariencia, algunos hermosos, otros feos. Y los seres hermosos miraron a los feos: «¡Somos más hermosos, ellos son más feos!». Y la vanidad de los bellos hizo desvanecerse el sólido néctar. Se reunieron y se lamentaron: «¡Oh, qué sabor! ¡Oh, qué sabor!». E incluso hoy, cuando la gente come algo sabroso, dice: «¡Oh, qué sabor! ¡Oh, qué sabor!». Solo recuerdan un antiguo dicho tradicional, pero no entienden lo que significa.

4. Brotes de tierra

Cuando el néctar sólido se desvaneció, aparecieron brotes de tierra a esos seres. Aparecieron como hongos. Eran hermosos, fragantes y deliciosos, como ghee o mantequilla. Y eran tan dulces como la miel pura de manuka.

Entonces esos seres comenzaron a comer los brotes de la tierra. Con eso como alimento y nutrición, permanecieron durante mucho tiempo. Pero mientras comían esos brotes molidos, sus cuerpos se volvían más sólidos y divergían en apariencia, algunos hermosos, otros feos. Y los seres hermosos miraron a los feos: «¡Somos más hermosos, ellos son más feos!». Y la vanidad de los hermosos hizo desaparecer los brotes de la tierra.

5. Cápsulas explosivas

—Cuando los brotes de la tierra se había desvanecido, aparecieron vainas reventadas, como la fruta del árbol cadamba. Eran hermosos, fragantes y deliciosos, como ghee o mantequilla. Y eran tan dulces como la miel pura de manuka. Entonces esos seres comenzaron a comerse las vainas reventadas. Con eso como alimento y nutrición, permanecieron durante mucho tiempo. Pero mientras comían esas vainas reventadas, sus cuerpos se volvían más sólidos y divergían en apariencia, algunos hermosos, otros feos. Y los seres hermosos miraron a los feos: «¡Somos más hermosos, ellos son más feos!». Y la vanidad de los bellos hizo desaparecer las vainas reventadas. Se reunieron y se lamentaron: «¡Oh, lo que hemos perdido! ¡Oh, lo que hemos perdido, esas cápsulas reventadas!». E incluso hoy, cuando la gente experimenta el sufrimiento, dice: «¡Oh, lo que hemos perdido! ¡Oh, lo que hemos perdido!». Solo recuerda un antiguo dicho tradicional, pero no entienden lo que significa.

6. Arroz sin salvado maduro

—Cuando las vainas reventadas se habían desvanecido, a esos seres les apareció arroz maduro sin salvado. No tenía polvo ni cáscara, puro y fragante, con solo el grano de arroz. Lo que tomaban para cenar por la noche, por la mañana, había vuelto a crecer y madurado. Y lo que tomaron para desayunar por la mañana había vuelto a crecer y madurado por la noche, por lo que el corte no se mostró. Luego, aquellos seres que comían el arroz sin salvado maduro, con eso como alimento y nutrición, permanecieron durante mucho tiempo.

7. Aparece el género

—Pero mientras comían ese arroz maduro sin salvado, sus cuerpos se volvieron más sólidos y divergieron en apariencia. Y las características femeninas aparecieron en las mujeres, mientras que las características masculinas aparecieron en los hombres. Las mujeres pasaban demasiado tiempo mirando a los hombres y los hombres a las mujeres. Se volvieron lujuriosos y sus cuerpos ardieron de fiebre. Debido a esta fiebre tuvieron relaciones sexuales entre ellos.

Aquellos que los vieron tener sexo les arrojaron tierra, ceniza o estiércol de vaca, diciendo: «¡Piérdete, inmundicia! ¡Piérdete, inmundicia! ¿Cómo diablos puede un ser hacerle eso a otro?».

E incluso hoy en día, la gente de algunos países, cuando se lleva a una novia, la arroja tierra, cenizas o estiércol de vaca. Solo recuerdan un antiguo dicho tradicional, pero no entienden lo que significa.

8. Relaciones sexuales

—Lo que se consideraba inmoral en ese momento, en estos días se considera moral. A los seres que tuvieron relaciones sexuales juntos no se le permitió entrar a una aldea o un pueblo durante uno o dos meses. Desde que se lanzaron excesivamente a la inmoralidad, comenzaron a hacer edificios para ocultar sus actos inmorales.

Entonces uno de esos seres que era un vago, pensó: «Oye, ¿por qué debería molestarme en recoger arroz por la noche para la cena y por la mañana para el desayuno? ¿Por qué no recojo arroz para la cena y el desayuno de una vez?».

Entonces eso fue lo que hizo. Entonces uno de los otros seres se acercó a ese ser y le dijo:

—Ven, deva mío, iremos a recoger arroz. ¡No hay necesidad, deva mío! Recogí arroz para la cena y el desayuno a la vez.

Entonces ese ser, siguiendo su ejemplo, recogió arroz durante dos días todos a la vez, pensando: «Esto parece estar bien».

Entonces uno de los otros seres se acercó a ese ser y dijo:

—Ven, deva mío, iremos a recoger arroz. ¡No hay necesidad, deva mío! Recogí arroz durante dos días de una vez.

Entonces ese ser, siguiendo su ejemplo, recogió arroz durante cuatro días todos a la vez, pensando: «Esto parece estar bien».

Entonces uno de los otros seres se acercó a ese ser y dijo:

—Ven, deva mío, iremos a recoger arroz. ¡No hay necesidad, deva mío! Recogí arroz durante cuatro días de una vez. Entonces ese ser, siguiendo su ejemplo, recogió arroz durante ocho días todos a la vez, pensando: «Esto parece estar bien».

Pero cuando comenzaron a almacenar arroz para comer, los granos de arroz estaban cubiertos de paja y polvo de cebada y no volvió a crecer en el lugar de donde había surgido, y en el lugar de origen eran visibles grandes áreas con rastrojos áridos.

9. Dividiendo los campos

—Entonces esos seres se reunieron y se lamentaron: «¡Oh, qué malvados han aparecido entre los seres! Porque solíamos ser creados por la mente, alimentándonos del placer, autoluminosos, moviéndonos por el cielo, constantemente gloriosos, y permanecimos así por mucho tiempo. Después de un período muy largo de tiempo, el néctar sólido se cuajó en el agua. Pero debido a cosas malas y perjudiciales entre nosotros, el sabroso néctar desapareció, los brotes molidos desaparecieron, las vainas reventadas desaparecieron, y ahora los granos de arroz se han envuelto en paja y polvo de cebada, no vuelve a crecer después de la cosecha y en el lugar de origen son visibles grandes áreas con rastrojos áridos. Será mejor que dividamos el arroz y establezcamos límites».

Entonces, eso fue lo que hicieron.

Ahora, uno de esos seres fue imprudente. Mientras guardaban su propia parte, tomó la parte de otro sin que se la diera y se la comió.

Agarraron al que había hecho esto y le dijeron:

—Has hecho algo malo, mientras guardabas tu propia parte tomaste la parte de otro sin que te la dieran y te la comiste. No vuelvas a hacer tal cosa.

—Sí, señores —respondió ese ser.

Pero por segunda y tercera vez hizo lo mismo y se le dijo que no continuara. Y luego golpearon a ese ser, algunos con puños, otros con piedras y otros con varas. A partir de ese día se descubrió el robo, la culpa y la mentira y la toma de varas.

10. El rey elegido

—Entonces esos seres se reunieron y se lamentaron:

—¡Oh, qué maldades han aparecido entre los seres, como robar, culpar y mentir y tomar varas! ¿Por qué no elegimos a un ser que acusa correctamente a quienes lo merecen, culpa a quienes lo merecen y expulsa a quienes lo merecen? Le pagaremos con una ración de arroz.

Entonces esos seres se acercaron al ser entre ellos que era más atractivo, guapo, encantador e ilustre, y le dijeron:

—Ven, buen ser, acusa acertadamente a quien lo merece, culpa a quien lo merece, y destierra a quien lo merece… Te pagaremos con una porción de arroz.

—Sí, señores —respondió ese ser.

Actuaron en consecuencia y se le pagó con una porción de arroz.

«Elegido por el pueblo», Vāseṭṭha, es el significado de «elegido», el primer término que se inventó específicamente para ellos.

«Señor de los campos» es el significado de «chatria», el segundo término que se inventó específicamente.

Complace a los demás con la enseñanza es el significado de «rey», el tercer término que se inventó específicamente.

Y así, Vāseṭṭha, es cómo se crearon los antiguos términos tradicionales para el círculo de chatrias, para esos mismos seres, no para otros, para aquellos como ellos, no para otros diferentes, legítimamente, no ilegítimamente. Porque la enseñanza, Vāseṭṭha, es lo primero para las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

11. El círculo de los brahmanes

—Entonces, algunos de esos mismos seres pensaron: «¡Oh, qué maldades ha aparecido entre los seres, como el robo, la culpa y la mentira y la toma de varas y el destierro! ¿Por qué no dejamos de lado las cosas malas y perjudiciales?».

Entonces, eso fue lo que hicieron.

«Dejar de lado las cosas malas y perjudiciales» es el significado de «brahmín», el primer término que se inventó específicamente para ellos.

Construyeron chozas de hojas en una región salvaje donde contemplaron puros y brillantes, sin encender fuegos para cocinar ni cavar la tierra. Bajaron por la mañana para desayunar y por la noche para cenar al pueblo, ciudad o capital real en busca de comida. Cuando obtuvieron comida, continuaron contemplando en las chozas de hojas.

Cuando la gente notó esto, dijeron:

—Estos seres construyen chozas de hojas en una región salvaje donde entrenan puros y brillantes, sin encender fuegos para cocinar ni cavar la tierra. Bajan por la mañana para desayunar y por la noche para cenar al pueblo, ciudad o capital real en busca de comida. Cuando han obtenido comida, continúan contemplando en las chozas de hojas.

«Ellos entrenan» es el significado de «contemplativo», el segundo término que se inventó específicamente para ellos.

Pero algunos de esos seres no pudieron mantenerse al día con su contemplación en las chozas de hojas en la selva. Bajaron cerca de una aldea o un pueblo donde vivían recopilando textos.

Cuando la gente notó esto, dijeron:

—Estos seres no pudieron mantenerse al día con su contemplación en las chozas de hojas en la selva. Bajaron cerca de una aldea o un pueblo donde vivían recopilando textos. Ahora no entrenan.

«Ahora no entrena» es el significado de «recitador», el tercer término que se inventó específicamente para ellos. Lo que se consideró menor en ese momento, en estos días se considera mejor.

Y así, Vāseṭṭha, es cómo se crearon los antiguos términos tradicionales para el círculo de brahmines, para esos mismos seres, no para otros, para aquellos como ellos, no para otros diferentes, legítimamente, no ilegítimamente. Porque la enseñanza, Vāseṭṭha, es lo primero para las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

12. El círculo de comerciantes

—Algunos de esos mismos seres, iniciando una vida sexual activa, se dedicaron a diversos trabajos.

«Habiendo tomado una vida sexual activa, se dedica a varios trabajos» es el significado de «comerciante», el término específicamente inventado para ellos.

Y así, Vāseṭṭha, es como se creó el antiguo término tradicional para el círculo de comerciantes, para esos mismos seres, no para otros, para aquellos como ellos, no para otros diferentes, legítimamente, no ilegítimamente. Porque la enseñanza, Vāseṭṭha, es lo primero para las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

13. El círculo de trabajadores

—Los seres restantes vivían de la caza y las tareas domésticas.

«Vive de la caza y de las tareas domésticas» es el significado de «trabajador», el término específicamente inventado para ellos.

Y así, Vāseṭṭha, es cómo se creó el antiguo término tradicional para el círculo de trabajadores, para esos mismos seres, no para otros, para aquellos como ellos, no para otros diferentes, legítimamente, no ilegítimamente. Porque la enseñanza, Vāseṭṭha, es lo primero para las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

Llegó un momento en que un chatria, brahmán, comerciante o trabajador, despreciando su propia vocación, pasó de la vida hogareña a la vida sin hogar, pensando: «Seré un asceta».

Y así, Vāseṭṭha, es cómo se crearon estos cuatro círculos, para esos mismos seres, no para otros, para aquellos como ellos, no para otros diferentes, legítimamente, no ilegítimamente. Porque la enseñanza, Vāseṭṭha, es lo primero para las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

14. Sobre la mala conducta

Un chatria, brahmán, comerciante, trabajador o asceta puede hacer cosas malas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Tiene una creencia incorrecta y actúa desde esa creencia incorrecta. Y por eso, cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerá en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno. Un chatria, brahmán, comerciante, trabajador o asceta puede hacer cosas buenas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Tiene la creencia correcta y actúa desde esa creencia correcta. Y por eso, cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerá en un buen lugar, un reino celestial.

15. Las cualidades que conducen al despertar

Un chatria, brahmán, comerciante, trabajador o asceta que se refrena con el cuerpo, con el habla y con la mente, y desarrolla las siete cualidades que conducen al despertar, se extingue en esta misma vida. Cualquier bhikkhu de estas cuatro castas que sea Digno, con las tendencias subyacentes negativas terminadas, que haya completado la vida de renuncia, haya hecho lo que tenía que hacer, haya dejado la carga, haya logrado su propia meta verdadera, haya terminado por completo las adicciones al renacimiento y sea correctamente liberado a través de la iluminación, se dice que es el mejor en virtud de la doctrina, no sin la doctrina. Porque la enseñanza, Vāseṭṭha, es lo primero para las personas tanto en esta vida como en la siguiente.

Brahmā Sanaṅkumāra también pronunció este verso:

El chatria es el mejor de esa gente

que protege el clan.

Pero uno logrado en conocimiento y conducta

es lo mejor de devas y humanos.

Ese verso fue bien cantado por Brahmā Sanaṅkumāra, no mal cantado, bien hablado, no mal hablado, beneficioso, no dañino, y estoy de acuerdo con ello. Yo también digo:

El chatria es el mejor de esa gente

que protege el clan.

Pero uno logrado en conocimiento y conducta

es lo mejor de devas y humanos. Eso fue lo que dijo el Buddha. Satisfecho, Vāseṭṭha y Bhāradvāja estaban felices con lo que dijo el Buddha.

DN 26: El Monarca que hace girar la rueda

1. Refugiarse en uno mismo

Esto he oído.

En una ocasión, el Buddha se encontraba en la tierra de Magadha en Mātulā. Allí, el Buddha se dirigió a los bhikkhus:

—¡Bhikkhus!

—Venerable señor —respondieron.

El Buddha dijo esto:

—Bhikkhus, sed vuestra propia isla, su propio refugio, sin otro refugio. Que la enseñanza sea vuestra isla y vuestro refugio, sin otro refugio.

—¿Y cómo hace esto un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica del cuerpo en el cuerpo, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento. Entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica de las emociones en las emociones, de la mente en la mente, de los fenómenos condicionados en el sentido de los factores de aferramiento a la existencia, en los fenómenos condicionados, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento. Así es un bhikkhu su propia isla, su propio refugio, sin otro refugio. Así deja que la enseñanza sea su isla y su refugio, sin otro refugio.

Deberías vagar por tu propio territorio, el dominio de tus padres. Si deambulas por tu propio territorio, el dominio de tus padres, Māra no te atrapará ni se apoderará de ti. Es debido a la realización de cualidades meritorias que este mérito crece.

2. Rey Daḷhanemi

En una ocasión, bhikkhus, un rey llamado Daḷhanemi que era un monarca que hacía girar la rueda, un rey justo que gobernaba con la enseñanza. Su dominio se extendió a los cuatro vientos, logró la estabilidad en el país y poseyó las siete joyas. Tenía las siguientes siete joyas: la rueda, el elefante, el caballo, la joya, la mujer, el tesorero y el consejero como séptima joya. Tenía más de mil hijos valientes y heroicos, aplastando los ejércitos de sus enemigos. Después de conquistar esta tierra ceñida por el mar, reinó mediante la enseñanza, sin vara ni espada.

Luego, después de muchos años, muchos cientos de años, muchos miles de años habían pasado, el rey Daḷhanemi se dirigió a uno de sus hombres:

—Mi buen hombre, cuando veas que la joya de la rueda celestial ha retrocedido de su lugar, por favor dímelo.

—Sí, Majestad —respondió ese hombre.

Después de que hubieron pasado muchos miles de años, ese hombre vio que la joya de la rueda celestial había retrocedido de su lugar. Así que fue al rey Daḷhanemi y le dijo:

—Por favor, señor, debe saber que su joya de la rueda celestial se ha alejado de su lugar.

Así que el rey llamó al príncipe heredero y le dijo:

—Querido príncipe, mi joya rueda celestial se ha retirado de su lugar. Escuché que cuando esto le sucede a un monarca que gira una rueda, no le queda mucho tiempo de vida. He disfrutado de los placeres humanos. Ahora es el momento de buscar los placeres celestiales. ¡Ven, querido príncipe, gobierna esta tierra rodeada de océano! Me afeitaré el pelo y la barba, me vestiré con túnicas amarillentas rojizas y pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar.

Y así, después de instruir cuidadosamente al príncipe heredero sobre la realeza, el rey Daḷhanemi se afeitó el cabello y la barba, se vistió con túnicas de color amarillento rojizo y pasó de la vida hogareña a la vida sin hogar. Siete días después, la joya de la rueda celestial desapareció.

Entonces, cierto hombre se acercó al rey chatria recién ungido y le dijo:

—Por favor, señor, debe saber que la joya de la rueda celestial ha desaparecido.

Ante eso, el rey se sintió infeliz y experimentó infelicidad. Se dirigió al sabio real y le dijo:

—Por favor, señor, debe saber que la joya de la rueda celestial ha desaparecido.

Cuando dijo esto, el sabio real le dijo:

—No estés triste por la desaparición de la joya de la rueda. Querido, la joya de la rueda no se hereda de tu padre. Vamos, querido, cumple los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda. Si lo haces, es posible que, en un día de reposo del decimoquinto día, después de haber lavado tu cabeza y haber subido a la casa comunal sobre pilotes para observar el día de reposo, se te aparezca la joya de la rueda celestial, con mil rayos, con borde y cubo, completa en cada detalle.

2.1. Los deberes nobles de un monarca que hace girar la rueda

—Pero, señor, ¿cuáles son los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda?

—Bueno, querido, confiando sólo en las enseñanzas, honrando, respetando y venerando las enseñanzas, teniendo la enseñanza como bandera, estandarte y autoridad, brinda protección y seguridad justas a tu corte, tropas, chatrias, vasallos, cabezas de familia brahmanes, gente de ciudad y campo, ascetas y brahmanes, bestias y pájaros. No dejes que la injusticia prevalezca en el reino. Da dinero a los pobres del reino.

Y hay ascetas y brahmanes en el reino que evitan la borrachera y la embriaguez, están asentados en la paciencia y la dulzura, y que se educan, se calman y se extinguen. De vez en cuando debería acercarse a ellos y preguntarles: «Señores, ¿qué es meritorio? ¿Qué es demeritorio? ¿Qué es reprobable? ¿Qué es irreprensible? ¿Qué se debe practicar? ¿Qué no se debe practicar? ¿Qué me lleva a sufrir un daño y un sufrimiento por mucho tiempo? ¿Qué conduce a mi bienestar y felicidad por mucho tiempo?».

Habiéndolas escuchado, debes rechazar lo perjudicial y emprender y seguir lo que es meritorio.

Estos son los deberes nobles de un monarca que hace girar la rueda.

2.2. Aparece la joya de la rueda

—Sí, Majestad —respondió el nuevo rey al sabio real.

E implementó los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda.

Mientras los estaba implementando, en un día de reposo de medio mes, se lavó la cabeza y subió a la casa comunal sobre pilotes para observar el día de reposo. Y se le apareció la joya de la rueda celestial, con mil rayos, con aro y buje, completo en cada detalle. Al ver esto, el rey pensó: «He oído que cuando la joya de la rueda celestial se le aparece a un rey de esta manera, se convierte en un monarca que gira la rueda. ¿Soy entonces un monarca que hace girar la rueda?».

Entonces el rey ungido, levantándose de su asiento y arreglando su manto sobre un hombro, tomó un jarrón ceremonial en su mano izquierda y roció la joya de la rueda con su mano derecha, diciendo: «¡Rueda, oh joya de la rueda! ¡Triunfa, oh joya de la rueda!».

Entonces la joya de la rueda rodó hacia el este. Y el rey la siguió junto con su ejército de cuatro divisiones. En cualquier lugar donde se detuviera la joya de la rueda, allí vino el rey para quedarse junto con su ejército. Y todos los gobernantes rivales del lado oriental se acercaron al monarca que giraba la rueda y le dijeron:

—¡Ven, gran rey! ¡Bienvenido, gran rey! Somos tuyos, gran rey, enséñanos.

El monarca que giraba la rueda dijo:

—No matéis seres vivos. No robéis. No tengáis relaciones sexuales con la mujer de otro. No mintáis. No toméis alcohol. Mantened el nivel actual de impuestos. Y así, los gobernantes del lado oriental se convirtieron en sus vasallos.

Entonces la joya de la rueda, habiéndose hundido en el océano oriental y emergiendo de nuevo, rodó hacia el sur… Habiéndose sumergido en el océano del sur y emergiendo de nuevo, rodó hacia el oeste… Habiéndose sumergido en el océano occidental y emergiendo de nuevo, rodó hacia el norte, seguido por el rey junto con su ejército de cuatro divisiones. En cualquier lugar donde se detuviera la joya de la rueda, allí vino el rey para quedarse junto con su ejército. Y todos los gobernantes rivales del lado boreal se acercaron al monarca que giraba la rueda y le dijeron:

—¡Ven, gran rey! ¡Bienvenido, gran rey! Somos tuyos, gran rey, enséñanos.

El monarca que giraba la rueda dijo:

—No matéis seres vivos. No robéis. No tengáis relaciones sexuales con la mujer de otro. No mintáis. No toméis alcohol. Mantened el nivel actual de impuestos. Y así, los gobernantes del lado boreal se convirtieron en sus vasallos.

Y luego la joya de la rueda, habiendo triunfado sobre esta tierra rodeada de océano, regresó a la capital real. Allí se detuvo junto a la puerta del recinto real en el Pabellón de Justicia como si estuviera fijado a un eje, iluminando el recinto real.

3. Sobre los posteriores monarcas

Y por segunda vez, y tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima vez, se estableció un monarca que giraba la rueda exactamente de la misma manera. Y después de muchos años, el séptimo monarca que hizo girar la rueda salió, entregando el reino al príncipe heredero.

Siete días después, la joya de la rueda celestial desapareció.

Entonces, cierto hombre se acercó al rey chatria recién ungido y le dijo:

—Por favor, señor, debe saber que la joya de la rueda celestial ha desaparecido.

Ante eso, el rey se sintió infeliz y experimentó infelicidad. Pero no fue con el sabio real a preguntarle acerca de los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda. Simplemente gobernaba el país de acuerdo con sus propias ideas. Así gobernadas, las naciones no prosperaron como antes, como lo habían hecho cuando los reyes anteriores implementaron los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda.

Entonces los ministros y consejeros, los oficiales del tesoro, oficiales militares, guardias y consejeros se reunieron y dijeron al rey: «Señor, cuando se gobierna según sus propias ideas, las naciones no prosperan como antes, como lo hicieron cuando los reyes anteriores implementaron los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda.

En su reino se encuentran ministros y consejeros, funcionarios del tesoro, oficiales militares, guardias y consejeros, tanto nosotros como otros, que recuerdan los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda. Por favor, Majestad, pregúntanos sobre los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda. Nosotros te responderemos».

4. Sobre el período de decadencia

Así que el rey ungido preguntó a los ministros y consejeros reunidos, funcionarios del tesoro, oficiales militares, guardias y consejeros acerca de los nobles deberes de un monarca que hace girar la rueda. Y ellos le respondieron. Pero después de escucharlos, no solo brindó protección y seguridad. Tampoco dio dinero a los pobres del reino. Y así la pobreza se generalizó.

Cuando la pobreza era generalizada, una persona robó a otras con el propósito de cometer un robo. Lo arrestaron y lo presentaron al rey, diciendo:

—Su Majestad, esta persona robó a otros con el propósito de cometer un robo.

El rey le dijo a esa persona:

—¿Es realmente cierto, señor, que robaste a otros con el propósito de cometer un robo?

—Es cierto, señor.

—¿Cuál fue la razón?

—Señor, no puedo sobrevivir.

Entonces el rey le pagó algo de dinero a esa persona, diciendo:

—Con este dinero, señor, mantente con vida y mantén a tu madre y tu padre, socios e hijos. Trabaja para ganarte la vida y establece limosnas edificantes para ascetas y brahmanes que conduzcan al cielo, maduren en felicidad y lleven al cielo.

—Sí, Majestad —respondió ese hombre.

Pero luego otro hombre robó algo a los demás. Lo arrestaron y lo presentaron al rey, diciendo:

—Su Majestad, esta persona robó a otros.

El rey le dijo a esa persona:

—¿Es realmente cierto, señor, que robaste a otros?

—Es cierto, señor.

—¿Cuál fue la razón?

—Señor, no puedo sobrevivir.

Entonces el rey le dio algo de dinero a esa persona, diciendo:

—Con este dinero, señor, mantente con vida y mantén a tu madre y tu padre, socios e hijos. Trabaja para ganarte la vida y establece limosnas edificantes para ascetas y brahmanes que conduzcan al cielo, maduren en felicidad y lleven al cielo.

—Sí, Majestad —respondió ese hombre.

La gente se enteró de esto:

—¡Parece que el rey le está pagando dinero a cualquiera que robe a otros!

Se les ocurrió:

—¿Por qué no robamos a los demás?

Entonces otro hombre robó algo a otros. Lo arrestaron y lo presentaron al rey, diciendo:

—Su Majestad, esta persona robó a otros.

El rey le dijo a esa persona:

—¿Es realmente cierto, señor, que robaste a otros?

—Es cierto, señor.

—¿Cuál fue la razón?

—Señor, no puedo sobrevivir.

Entonces el rey pensó: «Si pago dinero a cualquiera que robe a otros, solo aumentará el robo. Será mejor que elimine a esta persona, acabe con él y le corte la cabeza». Luego ordenó a sus hombres:

—Bueno, entonces, guardias, atad los brazos de este hombre con fuerza a la espalda con una cuerda fuerte. Afeitadle la cabeza y llevadle de calle en calle y de plaza en plaza al son de un tambor áspero. Luego sacadlo por la puerta del sur y eliminadlo, acabad con él y cortadle la cabeza.

—Sí, Majestad —respondieron, e hicieron lo que le ordenó.

La gente se enteró de esto:

—¡Parece que el rey le está cortado la cabeza a cualquiera que robe a otros!

Se les ocurrió:

—Será mejor que fabriquemos espadas afiladas. Luego, cuando robemos a otros, los eliminaremos, los remataremos y le cortaremos la cabeza.

Hicieron espadas afiladas. Luego comenzaron a hacer incursiones en aldeas, pueblos y ciudades, y a infestar las carreteras. Y cortaron la cabeza a cualquiera a quien le robaran.

Y así, bhikkhus, al no dar dinero a los pobres, la pobreza se generalizó. Cuando la pobreza se generalizó, el robo se generalizó. Cuando el robo se generalizó, las espadas se generalizaron. Cuando las espadas se generalizaron, la matanza de seres se generalizó. Y para los seres entre los que la matanza estaba muy extendida, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Esas personas vivieron durante 80.000 años, pero sus hijos vivieron 40.000 años.

Entre las personas que vivieron durante 40.000 años, cierta persona robó algo a otros. Lo arrestaron y lo presentaron al rey, diciendo:

—Su Majestad, esta persona robó a otros.

El rey le dijo a esa persona:

—¿Es realmente cierto, señor, que robaste a otros?

—No, señor —dijo, mintiendo deliberadamente.

Y así, bhikkhus, por no pagar dinero a los pobres, la pobreza, el robo, las espadas y la matanza se generalizaron. Cuando la matanza se generalizó, la mentira se generalizó. Y para los seres entre los que la mentira estaba muy extendida, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron 40.000 años tuvieron hijos que vivieron 20.000 años.

Entre las personas que vivieron durante 20.000 años, cierta persona robó algo a otros. Alguien más informó de esto al rey:

—Su Majestad, tal o cual persona robó a otros —dijo a sus espaldas.

Y así, bhikkhus, por no pagar dinero a los pobres, la pobreza, el robo, las espadas, la matanza y la mentira se generalizaron. Cuando la mentira se generalizó, la murmuración se generalizó. Y para los seres entre quienes la murmuración estaba generalizada, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron durante 20.000 años tuvieron hijos que vivieron durante 10.000 años. Entre las personas que vivieron durante 10.000 años, algunas eran más hermosas que otras. Y los seres feos, ansiando la belleza, cometieron adulterio con las esposas de otros.

Y así, bhikkhus, por no pagar dinero a los pobres, la pobreza, el robo, las espadas, el asesinato, la mentira y la murmuración se generalizaron. Cuando la murmuración fue generalizada, tener relaciones sexuales con la mujer de otro se generalizó. Y para los seres entre los que tener relaciones sexuales con la mujer de otro estaba muy extendida, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron durante 10.000 años tuvieron hijos que vivieron durante 5.000 años.

Entre las personas que vivieron durante 5.000 años, dos cosas se generalizaron: el habla áspera y las tonterías. Para los seres entre quienes estas dos cosas estaban muy extendidas, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron durante 5.000 años tuvieron algunos hijos que vivieron durante 2.500 años, mientras que otros vivieron durante 2.000 años.

Entre las personas que vivieron durante 2.500 años, el ansia y la aversión se generalizaron. Para los seres entre los que el ansia y la aversión estaban generalizados, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron durante 2.500 años tuvieron hijos que vivieron durante 1.000 años.

Entre las personas que vivieron durante 1000 años, la creencia incorrecta se generalizó. Para los seres entre los que se extendió la creencia incorrecta, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron durante 1.000 años tuvieron hijos que vivieron durante quinientos años.

Entre las personas que vivieron durante quinientos años, tres cosas se generalizaron: la avaricia, la lujuria y los malos propósitos. Para los seres entre quienes estas tres cosas estaban muy extendidas, su esperanza de vida y su belleza disminuyeron. Aquellas personas que vivieron quinientos años tuvieron algunos hijos que vivieron doscientos cincuenta años, mientras que otros vivieron doscientos años.

Entre las personas que vivieron durante doscientos cincuenta años, tres cosas se generalizaron: la falta de respeto debido a la madre y el padre, los ascetas y los brahmanes, y la falta de honrar a los ancianos de la familia.

Y así, bhikkhus, por no pagar dinero a los que no tienen un tazón de arroz, todas estas cosas se generalizaron: pobreza, robo, espadas, asesinatos, mentiras, murmuraciones, tener relaciones sexuales con la mujer de otro, habla áspera y las tonterías, deseo y aversión, creencia incorrecta, avaricia, la lujuria y los malos propósitos, y la falta de respeto debido a la madre y el padre, los ascetas y los brahmanes, y la falta de honrar a los ancianos de la familia. Para los seres entre quienes estas cosas estaban muy extendidas, su duración y belleza declinó. Aquellas personas que vivieron durante doscientos cincuenta años tuvieron hijos que vivieron durante cien años.

5. Cuando la gente vive diez años

Llegará un tiempo, bhikkhus, en que estas personas tendrán hijos que vivirán diez años. Entre las personas que viven diez años, las niñas podrán contraer matrimonio a los cinco. Los siguientes alimentos desaparecerán: ghee, mantequilla, aceite, miel, melaza y sal. El mejor tipo de alimento será el mijo, así como el arroz fino con carne es el mejor alimento en la actualidad.

Las diez formas de realizar acciones meritorias desaparecerán por completo, y las diez formas de realizar acciones perjudiciales explotarán en popularidad. Esas personas ni siquiera conocerán la palabra «mérito», y mucho menos alguno que haga lo que es meritorio. Y cualquiera que no respete a la madre y al padre, los ascetas y los brahmanes, y no honre a los ancianos de la familia, será venerado y elogiado, así como hoy se venera y se alaba lo contrario.

No habrá reconocimiento del estatus de madre, tías o esposas y compañeras de maestros y personas respetadas. El mundo se volverá promiscuo, como cabras y ovejas, gallinas y cerdos, perros y chacales.

Estarán llenos de rencor el uno hacia el otro, con aguda aversión, malevolencia y pensamientos de asesinato. Incluso una madre se sentirá así por su hijo, y el hijo por su madre, padre por hijo, hijo por padre, hermano por hermana y hermana por hermano. Serán como un cazador de ciervos cuando ve un ciervo: lleno de rencor, aversión, malevolencia y pensamientos de matar.

Entre las personas que vivan diez años, habrá un interregno de espadas que durará siete días. Durante ese tiempo se verán como bestias. En sus manos aparecerán espadas afiladas, con las que se quitarán la vida unos a otros, gritando: «¡Es una bestia! ¡Es una bestia!».

Pero entonces algunos de esos seres pensarán: «¡No seamos ni perpetradores ni víctimas! ¿Por qué no nos escondemos entre la hierba espesa, la jungla espesa, los árboles espesos, los ríos inaccesibles o las montañas escarpadas y sobrevivimos de las raíces y los frutos del bosque?».

Entonces, eso fue lo que hicieron.

Cuando hayan pasado esos siete días, habiendo salido de sus escondites y abrazados, se unirán en una sola voz y gritarán: «¡Qué bueno que todavía estás vivo! ¡ Qué bueno que todavía estás vivo!».

6. El período de crecimiento

Entonces esos seres pensarán: «Es porque emprendimos cosas perjudiciales que sufrimos una pérdida tan grande de nuestros familiares. Será mejor que hagamos lo que sea meritorio. ¿Qué mérito debemos hacer? ¿Por qué no nos abstenemos de matar seres vivos?».

—Habiendo emprendido esta habilidad tan meritoria, viviremos de acuerdo con ella.

Entonces, eso fue lo que hicieron.

Debido a la realización de esta habilidad, su esperanza de vida y su belleza crecerán. Aquellas personas que vivan diez años tendrán hijos que vivirán veinte años.

Entonces esos seres pensarán: «Debido a emprender esta habilidad tan meritoria, nuestra esperanza de vida y nuestra belleza están creciendo. ¿Por qué no hacemos cosas aún más meritorias? ¿Qué otra cosa debemos hacer? ¿Por qué no nos abstenemos de robar… tener relaciones sexuales con la mujer de otro… mentir… murmurar… hablar duro… y decir tonterías? ¿Por qué no renunciamos al ansia… aversión… creencia incorrecta… tres cosas: avaricia, lujuria y malos propósitos? ¿Por qué no mostramos el debido respeto a la madre y al padre, los ascetas y los brahmanes, honrando a los ancianos de nuestras familias? Habiendo emprendido estas cosas tan meritorias, viviremos de acuerdo con ellas».

Entonces, eso fue lo que hicieron.

Debido a la realización de esta habilidad, su esperanza de vida y su belleza crecerán. Aquellas personas que viven veinte años tendrán hijos que vivirán cuarenta años. Aquellas personas que viven cuarenta años tendrán hijos que vivirán ochenta años, luego ciento sesenta años, trescientos veinte años, seiscientos cuarenta años, 2.000 años, 4.000 años, 8.000 años, 20.000 años, 40.000 años, y finalmente 80.000 años. Entre las personas que viven 80.000 años, las niñas podrán contraer matrimonio a los quinientos.

7. La época del rey Saṅkha

Entre las personas que viven durante 80.000 años, habrá solo tres aflicciones: el ansia, el hambre y la vejez. El Continente Central será beneficioso y próspero. Las distancias entre aldeas, pueblos y ciudades capitales no serán mayores que un vuelo de gallina. Y la tierra estará tan poblada como el infierno, simplemente llena de gente, como un matorral de cañas o juncos. La capital real será nuestra Benarés, pero rebautizada como Ketumati. Y será exitosa, próspera, populosa, llena de gente, con mucha comida. Habrá ochenta y cuatro mil ciudades en el Continente Central, con la capital real de Ketumati en primer lugar.

Y en la capital real de Ketumati surgirá un rey llamado Saṅkha, un monarca que hace girar la rueda, un rey justo que gobierna con la enseñanza. Su dominio se extenderá a los cuatro lados, logrará la estabilidad en el país y poseerá las siete joyas. Tendrá los siguientes siete tesoros: la rueda, el elefante, el caballo, la joya, la mujer, el tesorero y el consejero como séptimo tesoro. Tendrá más de mil hijos valientes y heroicos, aplastando los ejércitos de sus enemigos. Después de conquistar esta tierra ceñida por el mar, reinará por la enseñanza, sin vara ni espada.

8. El surgimiento del Buddha Metteyya

Y el Bendito llamado Metteyya surgirá en el mundo: Digno, un Buddha completamente iluminado, realizado en conocimiento y conducta, bienaventurado, conocedor del mundo, guía supremo para aquellos que desean entrenar, maestro de devas y humanos, despierto, bendecido, tal como yo he surgido hoy. Con sus habilidades paranormales se dará cuenta de este mundo, con sus devas, Māras y Brahmās, con esta población con sus ascetas y brahmanes, devas y humanos, y lo dará a conocer a los demás, tal como lo hago yo hoy. Él enseñará la enseñanza que es buena al principio, buena en el medio y buena al final, significativa y bien redactada. Y revelará una práctica que es completamente plena y pura, tal como lo hago hoy. Él cuidará de un Saṅgha de muchos miles de bhikkhus, como yo cuido de un Saṅgha de muchos cientos hoy.

Entonces, el rey Saṅkha hará que se levante el puesto de sacrificio que había construido el rey Mahāpanāda. Después de quedarse allí, lo regalará a ascetas y brahmanes, indigentes, bhikkhus, viajeros y mendigos. Luego, después de afeitarse el cabello y la barba y vestirse con túnicas amarillenta rojiza, pasará de la vida hogareña a la vida sin hogar en presencia del Buddha Metteyya. Poco después de renunciar, viviendo recogido, diligente, entusiasta y resuelto, logrará el fin supremo de la vida de renuncia en esta misma vida. Vivirá habiendo logrado con sus habilidades paranormales la meta por la que los jóvenes de buena familia pasan acertadamente de la vida hogareña a la vida sin hogar.

Bhikkhus, sed vuestra propia isla, su propio refugio, sin otro refugio. Que la enseñanza sea tu isla y tu refugio, sin otro refugio.

—¿Y cómo hace esto un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica del cuerpo en el cuerpo, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento. Entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica de las emociones en las emociones, de la mente en la mente, de los fenómenos condicionados en el sentido de los factores de aferramiento a la existencia, en los fenómenos condicionados, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento. Así es un bhikkhu su propia isla, su propio refugio, sin otro refugio. Así deja que la enseñanza sea su isla y su refugio, sin otro refugio.

9. Sobre la larga vida y la belleza de los bhikkhus

Bhikkhus, deberíais vagar dentro de vuestro propio territorio, el dominio de vuestros padres. Al hacerlo, creceréis en esperanza de vida, belleza, felicidad, riqueza y poder.

—¿Y qué es larga vida para un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu desarrolla la base de los poderes paranormales que está dotada de concentración debido al entusiasmo y al esfuerzo activo. Desarrolla la base de los poderes paranormales que está dotada de concentración debido a la energía y al esfuerzo activo. Desarrolla la base de los poderes paranormales que está dotada de concentración debido al desarrollo mental y al esfuerzo activo. Desarrolla la base de los poderes paranormales que está dotada de concentración debido a la indagación y al esfuerzo activo. Habiendo desarrollado y practicado estas cuatro bases de las habilidades paranormales, puede, si lo desea, vivir por el eón o lo que quede del eón. Esta es una larga vida para un bhikkhu.

—¿Y qué es la belleza para un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu es ético, respetuoso con el código monástico, se porta bien y busca limosna en los lugares adecuados. Al ver el peligro en la más mínima falta, mantiene las reglas a las que se ha comprometido. Esto es belleza para un bhikkhu.

—¿Y qué es la felicidad para un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu, completamente apartado de los placeres sensoriales, apartado de las cualidades perjudiciales, entra y se sumerge en la primera jhāna, que está acompañada por la concentración de la mente en la dirección del movimiento (del objeto de concentración), que tiene el placer, la alegría y la felicidad surgidos de esa visión, mientras dirige la mente y la mantiene concentrada. A medida que desaparece el direccionamiento de la mente sobre las formas en movimiento, entra y se sumerge en la segunda jhāna… En la tercera jhāna… En la cuarta jhāna. Ésta es la felicidad de un bhikkhu.

—¿Y qué es la riqueza para un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu esparce pensamientos de benevolencia en una dirección, y en la segunda, y en la tercera, y en la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, por todos lados, esparce pensamientos de benevolencia al mundo entero: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y de malevolencia. Esparce pensamientos de misericordia… congratulaciones… impasibilidad en una dirección, y en la segunda, y en la tercera, y en la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, esparce pensamientos de impasibilidad a todo el mundo: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y aversión. Esto es riqueza para un bhikkhu.

—¿Y qué es el poder para un bhikkhu?

—Cuando un bhikkhu entiende verdaderamente la liberación de la mente y la liberación mediante la episteme en esta misma vida. Y vive habiendo experimentado por sí mismo, con sus habilidades paranormales, el final de las tendencias subyacentes. Este es el poder de un bhikkhu. Bhikkhus, no veo un solo poder tan difícil de derrotar como el poder del Māra. Es debido a la realización de cualidades meritorias que este mérito crece. Eso fue lo que dijo el Buddha. Satisfechos, los bhikkhus se alegraron con lo que dijo el Buddha.

DN 25: El rugido del león en el monasterio de Udumbarikā **

1. Sobre el Asceta Errante Nigrodha

Esto he oído.

En una ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Rājagaha, en la montaña del Pico del Buitre.

En ese momento, el bhikkhu Nigrodha residía en el monasterio de bhikkhus de la dama Udumbarikā, junto con una gran asamblea de tres mil bhikkhus. Luego, el cabeza de familia Sandhana salió de Rājagaha a plena luz del día para ver al Buddha.

Entonces se le ocurrió: «No es el momento adecuado para ver al Buddha, ya que está retirado. Y es un mal momento para ver a los estimados bhikkhus, ya que están de retiro. ¿Por qué no visito al bhikkhu Nigrodha en el monasterio de bhikkhus de la dama Udumbarikā?».

Así que fue al monasterio de los bhikkhus. Para ese momento, Nigrodha estaba sentado junto con una gran asamblea de bhikkhus haciendo un alboroto, un ruido espantoso.

Se entregaban a todo tipo de charlas indignas, como hablar de reyes, bandidos y ministros, hablar de ejércitos, amenazas y guerras, hablar sobre comida, bebida, ropa y camas, hablar de guirnaldas y fragancias, hablar sobre la familia, los vehículos, las aldeas, los pueblos, las ciudades y los países, hablar de mujeres y héroes, sobre rumores de la calle y rumores en los pozos, hablar de los difuntos, charla variopinta, cuentos de tierra y mar, y hablar de renacer en tal o cual existencia.

Nigrodha vio que Sandhāna se acercaba a lo lejos y silenció a su propia asamblea:

—Callaos, buenos señores, no hagáis ningún ruido. Viene el cabeza de familia Sandhāna, un discípulo del asceta Gotama. Es uno de los discípulos laicos vestidos de blanco del asceta Gotama, que reside cerca de Rājagaha. A estos venerables les gusta el silencio, se les educa para estar en silencio y alaban el silencio. Con suerte, si ve que nuestra asamblea está en silencio, considerará oportuno acercarse.

Entonces esos bhikkhus se quedaron en silencio. Sandhāna se acercó al bhikkhu Nigrodha e intercambió saludos con él. Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado y le dijo a Nigrodha:

—La forma en la que los bhikkhus montan un alboroto cuando se sientan juntos y se ponen a hablar sobre todo tipo de temas indignos resulta bastante diferente a la forma en la que Buddha frecuenta los cobijos remotos en la selva y en el bosque, que son tranquilos y silenciosos, lejos del mundanal ruido, alejados de los asentamientos humanos y aptos para el retiro.

Cuando Sandhāna dijo esto, Nigrodha le dijo:

—¡Seguramente, cabeza de familia, deberías saberlo mejor! ¿Con quién conversa el asceta Gotama? ¿Con quién entabla discusión? ¿Con quién aclara la lucidez de su sabiduría?

Quedarse en chozas vacías ha destruido la sabiduría del asceta Gotama. Al no frecuentar las asambleas, no puede mantener una discusión. Simplemente acecha en las afueras. Es como un antílope nilgó, dando vueltas y acechando en derredor. Por favor, cabeza de familia, haz que el asceta Gotama venga a esta asamblea. ¡Lo hundiré con una sola pregunta! ¡Le daré la vuelta y lo envolveré como una olla hueca!

Con una clariaudiencia purificada y sobrehumana, el Buddha escuchó esta discusión entre el cabeza de familia Sandhāna y el bhikkhu Nigrodha. Luego, el Buddha descendió por la montaña del Pico del Buitre y se dirigió al comedero de los Pavos Reales en la orilla del Sumāgadhā, donde dio un paseo al aire libre.

Nigrodha lo vio y calló a su propia asamblea:

—Callaos, buenos señores, no hagáis ruido. El asceta Gotama está paseando, caminando en la orilla del Sumāgadhā. Al venerable le gusta el silencio y alaba el silencio. Con suerte, si ve que nuestra asamblea está en silencio, considerará oportuno acercarse. Si viene, le haré esta pregunta: «Señor, ¿en qué enseñanza entrenas a tus alumnos para que afirmen encontrar consuelo en el propósito fundamental de la vida de renuncia?».

Entonces esos bhikkhus se callaron.

2. Penitencia por repugnancia a la transgresión

Entonces el Buddha se acercó al bhikkhu Nigrodha, quien le dijo:

—¡Ven, Bendito! ¡Bienvenido, Bendito! Ha pasado mucho tiempo desde que aprovechaste la oportunidad para venir aquí. Por favor, señor, siéntate, este asiento está listo.

El Buddha se sentó en el asiento preparado, mientras que Nigrodha tomó un asiento bajo y se sentó a un lado.

El Buddha le dijo:

—Nigrodha, ¿de qué estabais hablado sentados hace un momento? ¿Qué conversación quedó inconclusa?

Nigrodha dijo:

—Bueno, señor, te vi paseando y dije que si viene el asceta Gotama, le haré esta pregunta: «Señor, ¿en qué enseñanza entrenas a tus alumnos para que afirmen encontrar consuelo en el propósito fundamental de la vida de renuncia?».

Esta es la conversación que estaba inconclusa cuando llegó el Buddha.

—Es difícil para ti entender esto, Nigrodha, ya que tienes un punto de vista, credo, preferencia, práctica y tradición diferentes. Por favor, hazme una pregunta acerca de la penitencia por la repugnancia a la transgresión en tu propia tradición: «¿Cómo se completan las condiciones para la penitencia por la repugnancia a la transgresión, y cómo se consideran incompletas?».

Cuando dijo esto, esos bhikkhus hicieron un alboroto:

—¡Es increíble, es asombroso! ¡El asceta Gotama tiene tanto poder y fuerza! ¡Porque deja a un lado su propia doctrina e invita a discutir la doctrina de otros!

Entonces Nigrodha, después de calmar a esos bhikkhus, le dijo al Buddha:

—Señor, enseñamos la penitencia por la repugnancia a la transgresión, considerándolo como esencial y aferrándonos a ella. ¿Cómo se completan las condiciones para la penitencia por disgusto de la transgresión, y cómo se consideran incompletas?

—Cuando un penitente va desnudo, ignorando las convenciones. Se lame las manos y no viene ni espera cuando se le pide. No consiente que le traigan comida, comida preparada a propósito para él, o una invitación a comer. No recibe nada de una olla o cuenco, o de alguien que tenga ovejas, o que tenga un arma o una pala en su casa, o comiendo una pareja, o donde hay una mujer que está embarazada, amamantando o que tiene un hombre en su casa, o donde hay un perro esperando o moscas zumbando. No acepta pescado, carne, alcohol o vino, y no bebe cerveza. Va a una sola casa a pedir limosna, tomando solo un bocado, o dos casas y dos bocados, hasta siete casas y siete bocados. Se alimenta de un platillo al día, dos platillos al día, hasta siete platillos al día. Come una vez al día, una vez cada dos días, hasta una vez a la semana, y así sucesivamente, incluso hasta una vez cada quince días. Vive comprometido con la práctica de comer alimentos a intervalos establecidos. Come hierbas, mijo, arroz salvaje, arroz pobre, lechuga de agua, salvado de arroz, escoria de arroz hirviendo, harina de sésamo, pasto o estiércol de vaca. Sobrevive a base de raíces y frutos del bosque o comiendo frutos caídos. Lleva túnicas de cáñamo solar, cáñamo mixto, tela para envolver cadáveres, trapos, corteza de árbol lodh, piel de antílope (entera o en tiras), hierba kusa, corteza, astillas de madera, cabello humano, cola de caballo o alas de búho. Se arranca el pelo y la barba, comprometido con esta práctica. Se pone de pie constantemente, rechazando asientos. Se pone en cuclillas, comprometido a persistir en la posición en cuclillas. Se acuesta sobre una estera de espinas, haciendo de una estera de espinas su cama. Hace su cama sobre una tabla o sobre el suelo desnudo. Se acuesta solo de un lado. Lleva polvo y suciedad. Entrena al aire libre. Duerme dondequiera que ponga su estera. Come cosas no naturales, comprometido con la práctica de comer alimentos no naturales. No bebe, comprometido con la práctica de no beber líquidos. Está comprometido con la práctica de la inmersión en agua tres veces al día, incluida la noche.

¿Qué opinas, Nigrodha? Si es así, ¿la penitencia por la repugnancia a la transgresión está completa o incompleta?

—Claramente, señor, si eso es así, la penitencia por la repugnancia a la transgresión está completa, no incompleta.

—Pero incluso una penitencia tan completa tiene muchos defectos, digo.

2.1. Defectos

—Pero ¿cómo dice el Buddha que incluso una penitencia tan completa tiene muchos defectos?

—En primer lugar, un penitente emprende una práctica de penitencia. Está feliz con eso, ya que tiene todo lo que desea. Este es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. Se glorifica a sí mismo y menosprecia a los demás por eso. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. Se vuelve indulgente y encaprichado y se vuelve descuidado a causa de eso. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. Genera posesiones, honor y popularidad a través de esa penitencia. Está feliz con eso, ya que tiene todo lo que desea. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. Genera posesiones, honor y popularidad a través de esa penitencia. Se glorifica a sí mismo y menosprecia a los demás por eso. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. Genera posesiones, honor y popularidad a través de esa penitencia. Se vuelve indulgente y encaprichado y se vuelve descuidado a causa de eso. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente se vuelve quisquilloso con la comida y dice: «Esto me gusta, esto no me gusta». Lo que no le gusta, lo rechaza con firmeza. Lo que le gusta, lo agarra con avidez, solo ve ventajas y no desventajas en ello, y lo disfruta. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia por ansia de posesiones, honor y popularidad, pensando: «¡Reyes, ministros reales, chatrias, brahmanes, cabezas de familia y sectarios me honrarán!». Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente reprende a cierto asceta o brahmán: «¡Pero qué está haciendo éste que vive en la abundancia! Según la doctrina de este asceta, todo: plantas que se propagan a partir de raíces, tallos, esquejes o articulaciones, y las de semillas regulares, como la quinta, ¡lo roe como un trueno que cae sobre todo!». Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente ve a cierto asceta o brahmán siendo honrado, respetado, estimado y venerado entre las buenas familias. Piensa: «Este, que vive en abundancia, es honrado, respetado, estimado y venerado entre las buenas familias. Pero yo, un penitente que vive rigurosamente, no soy honrado, respetado, estimado y venerado entre las buenas familias». Por tanto, da lugar a envidia y avaricia con respecto a las familias. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente se sienta a practicar solo cuando la gente puede verlo. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente merodea por las familias y piensa: «Esto es parte de mi penitencia, esto es parte de mi penitencia».

Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente a veces se comporta de manera subrepticia. Cuando se le pregunta si algo está de acuerdo con él, dice que sí, aunque no. O dice que no, aunque sí. Por eso dice una mentira deliberada. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente no está de acuerdo con las formas en las que el Tathāgata o sus discípulos explican la enseñanza, incluso cuando trata sobre un tema válido. Esto también es un defecto en ese penitente.

Además, un penitente es irascible y hostil… ofensivo y despectivo… envidioso y avaro… tortuoso y engañoso… obstinado y vanidoso… tiene deseos perversos, caen bajo el dominio de deseos perversos… tiene creencias erróneas, está aferrado a creencias extremistas… Está aferrado a sus propias creencias, sosteniéndolas con fuerza y negándose a soltarlas. Esto también es un defecto en ese penitente.

¿Qué opinas, Nigrodha? ¿Son defectuosas esas penitencias, o no?

—Claramente, señor, son defectuosas. Es posible que un penitente tenga todos estos defectos, e incluso más de uno.

2.2. Al llegar a los brotes

—En primer lugar, Nigrodha, un penitente emprende una práctica de penitencia. Pero no está satisfecho con eso, ya que todavía no ha obtenido todo lo que deseaba. Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. No se glorifica a sí mismo ni humilla a los demás por eso.

Entonces es puro en ese punto.

No se vuelve indulgente…

Además, un penitente emprende una práctica de penitencia. Genera posesiones, honor y popularidad a través de esa penitencia. No está satisfecho con eso, ya que todavía no ha obtenido todo lo que deseaba…

No se glorifica a sí mismo ni humilla a los demás por sus posesiones, honor y popularidad…

No se vuelve indulgente por eso… Así que es puro en ese punto.

Además, un penitente no se vuelve quisquilloso con la comida y dice: «Esto me gusta, esto no me gusta». Lo que le gusta, lo come sin avidez, viendo las desventajas en ello.

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente no emprende una práctica de penitencia por ansia de posesiones, honor y popularidad… «¡Reyes, ministros reales, chatrias, brahmanes, cabezas de familia y sectarios me honrarán!».

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente no reprende a un cierto asceta o brahmán así: «¡Pero qué está haciendo éste que vive en la abundancia! Según la doctrina de este asceta, todo: plantas que se propagan a partir de raíces, tallos, esquejes o articulaciones, y las de semillas regulares, como la quinta, ¡lo roe como un trueno que cae sobre todo!».

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente ve a cierto asceta o brahmán siendo honrado, respetado, estimado y venerado entre las buenas familias. Nunca se le ocurre: «Este, que vive en abundancia, es honrado, respetado, estimado y venerado entre las buenas familias. Pero yo, un penitente que vive rigurosamente, no soy honrado, respetado, estimado y venerado entre las buenas familias». De esta forma no dan lugar a envidia y avaricia con respecto a las familias.

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente no se sienta a practicar solo cuando la gente puede verlo. Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente no merodea por las familias pensando: «Esto es parte de mi penitencia, esto es parte de mi penitencia».

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente nunca se comporta de manera taimada. Cuando se le pregunta si está de acuerdo con algo, dice que no cuando no lo está. O dice que sí cuando sí lo está. Por lo tanto, no dice una mentira deliberada.

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente está de acuerdo con las formas en las que el Tathāgata o sus discípulos explican la enseñanza cuando se trata de un tema válido.

Entonces es puro en ese punto.

Además, un penitente no es irascible ni hostil… ni ofensivo ni despectivo… ni envidioso ni avaro… ni tortuoso ni engañoso… ni obstinado ni vanidoso… no tiene deseos perversos… ni creencias erróneas… que no malinterpreta lo que ve, que no se aferra a los bienes materiales, sino que logra renunciar a ellos.

Entonces es puro en ese punto.

¿Qué opinas, Nigrodha? Si es así, ¿se purifica o no la penitencia por la repugnancia a la transgresión?

—Claramente, señor, está purificado. Ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente.

—No, Nigrodha, en este punto la penitencia por la repugnancia a la transgresión aún no ha alcanzado lo más elevado ni lo más excelente. Más bien, solo ha llegado a los brotes.

2.3. Al llegar a la corteza

—Pero ¿en qué momento, señor, la penitencia por la repugnancia a la transgresión alcanza lo más elevado y lo más excelente? ¡Ayúdame a alcanzar lo más elevado y lo más excelente!

—Nigrodha, tomemos el caso de un penitente que está restringido por la cuádruple restricción.

—¿Y cómo se restringe un penitente en la cuádruple restricción?

—Cuando un penitente no mata seres vivos, no consiente que otros maten y no aprueba matar. No roba, no consiente que otros roben ni aprueba el robo. No miente, no consiente que otros mientan ni aprueba mentir. No esperan recompensas de la práctica, no llevan a otros a esperar recompensas y no aprueba esperar recompensas. Así es como se restringe un penitente en la cuádruple restricción.

Cuando un penitente tiene la cuádruple restricción, esa es su penitencia. Da un paso adelante, no retrocede.

Frecuenta un alojamiento solitario: un lugar aislado, la raíz de un árbol, una colina, un barranco, una cueva de montaña, un cementerio, un bosque, el aire libre, un montón de paja. Después de la comida, regresa de la ronda de limosnas, se sienta con las piernas cruzadas con el cuerpo erguido y establece la práctica allí mismo. Renunciando al ansia por el mundo, entrena con una mente libre del deseo, limpiando la mente del deseo. Abandonada la aversión y la malevolencia, entrena con una mente libre de aversión, llena de misericordia por todos los seres, limpiando la mente de la aversión. Abandonado el adormecimiento y la somnolencia, entrena con una mente libre de adormecimiento y somnolencia, percibiendo la luz, cuidadoso y consciente, limpiando la mente de adormecimiento y somnolencia. Abandonada la inquietud y el remordimiento, entrena sin inquietud, su mente en paz por dentro, limpiando la mente de inquietud y remordimiento. Abandonada la duda, entrena habiendo ido más allá de la duda, no indeciso sobre las cualidades meritorias, limpiando la mente de dudas.

Abandona estos cinco obstáculos, imperfecciones de la mente que debilitan la sabiduría. Luego entrena esparciendo una mente llena de benevolencia en una dirección, y en la segunda, en la tercera y en la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, por todos lados, esparce pensamientos de benevolencia al mundo entero: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y de malevolencia. Esparce pensamientos de misericordia… Esparce pensamientos de congratulaciones… Esparce pensamientos de impasibilidad hacia una dirección, y hacia la segunda, y hacia la tercera, y hacia la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, esparce pensamientos de impasibilidad a todo el mundo: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y aversión.

¿Qué opinas, Nigrodha? Si es así, ¿se purifica o no la penitencia por la repugnancia a la transgresión?

—Claramente, señor, está purificado. Ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente.

—No, Nigrodha, en este punto la penitencia por la repugnancia a la transgresión aún no ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente. Más bien, solo ha llegado a la corteza.

2.4. Al llegar a la albura

—Pero ¿en qué momento, señor, la penitencia por la repugnancia a la transgresión alcanza lo más elevado y lo más excelente? ¡Ayúdame a alcanzar lo más elevado y lo más excelente!

—Nigrodha, tomemos el caso de un penitente que está restringido por la cuádruple restricción. Abandona estos cinco obstáculos, imperfecciones de la mente que debilitan la sabiduría. Luego entrena esparciendo una mente llena de benevolencia… misericordia… congratulaciones… impasibilidad.

Él recuerda muchas clases de vidas pasadas, es decir, uno, dos, tres, cuatro, cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, cien, mil, cien mil renacimientos, muchos eones del mundo contrayéndose, muchos eones del mundo expandiéndose, muchos eones del mundo contrayéndose y expandiéndose. Recuerda: «Allí, me llamaron así, mi clan era aquel, me veía así, y esa era mi comida. Así fue como sentí placer y dolor, y así fue como terminó mi vida. Cuando fallecí en ese lugar, renací en otro lugar. Allí también me llamaron así, mi clan era aquel, me veía así y esa era mi comida. Así fue como sentí placer y dolor, y así fue como terminó mi vida. Cuando fallecí en ese lugar, renací aquí». Y así recuerda sus muchos tipos de vidas pasadas, con sus características y detalles.

¿Qué opinas, Nigrodha? Si es así, ¿se purifica o no la penitencia por la repugnancia a la transgresión?

—Claramente, señor, está purificado. Ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente.

—No, Nigrodha, en este punto la penitencia por la repugnancia a la transgresión aún no ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente. Más bien, solo ha llegado a la albura.

2.5. Al llegar al duramen

—Pero ¿en qué momento, señor, la penitencia por la repugnancia a la transgresión alcanza lo más elevado y lo más excelente? ¡Ayúdame a alcanzar lo más elevado y lo más excelente!

—Nigrodha, tomemos el caso de un penitente que está restringido por la cuádruple restricción. Abandona estos cinco obstáculos, imperfecciones de la mente que debilitan la sabiduría. Luego entrena esparciendo una mente llena de benevolencia… impasibilidad… Recuerda muchos tipos de vidas pasadas, con sus características y detalles.

Con una clarividencia purificada y sobrehumana, ve a los seres morir y renacer, inferiores y superiores, hermosos y feos, en un buen o mal lugar. Entiende cómo los seres renacen de acuerdo con sus actos: «Seguramente estos seres hicieron cosas malas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Hablaban mal de los nobles, tenían una creencia errónea, y optaron por actuar con esa creencia errónea. Cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerán en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno. Sin embargo, seguramente estos seres hicieron cosas buenas a través del cuerpo, del habla y de la mente. Nunca hablaron mal de los nobles, tenían la creencia correcta, y optaron por actuar desde esa creencia correcta. Cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerá en un buen lugar, un reino celestial». Y entonces, con una clarividencia purificada y sobrehumana, ve a los seres morir y renacer: inferiores y superiores, hermosos y feos, en un buen o mal lugar. Entiende cómo los seres renacen de acuerdo con sus acciones.

¿Qué opinas, Nigrodha? Si es así, ¿se purifica o no la penitencia por la repugnancia a la transgresión?

—Claramente, señor, está purificado. Ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente.

—Nigrodha, en este punto la penitencia por la repugnancia a la transgresión ha alcanzado lo más elevado y lo más excelente. Nigrodha, recuerda que me dijiste esto: «Señor, ¿en qué enseñanza entrenas a tus alumnos para que afirmen encontrar consuelo en el propósito fundamental de la vida de renuncia?». Bueno, hay algo mejor y más fino que esto. Esto es lo que uso para guiar a mis discípulos, para que afirmen encontrar consuelo en el propósito fundamental de la vida de renuncia.

Cuando dijo esto, esos bhikkhus hicieron un alboroto:

—En ese caso, estamos perdidos, ¡y también nuestra tradición! ¡No sabemos nada mejor ni más fino que eso!

3. Nigrodha se siente deprimido

Entonces el cabeza de familia Sandhāna se dio cuenta:

—Obviamente, ahora estos bhikkhus quieren escuchar lo que dice el Buddha. ¡Están prestando atención y aplicando sus mentes para comprender!

Entonces le dijo al bhikkhu Nigrodha:

—Nigrodha, recuerda que me dijiste esto:

«¡Seguramente, cabeza de familia, deberías saberlo mejor! ¿Con quién conversa el asceta Gotama? ¿Con quién entabla discusión? ¿Con quién aclara la lucidez de su sabiduría?

Quedarse en chozas vacías ha destruido la sabiduría del asceta Gotama. Al no frecuentar las asambleas, no puede mantener una discusión. Simplemente acecha en las afueras. Es como un antílope nilgó, dando vueltas y acechando en derredor. Por favor, cabeza de familia, haz que el asceta Gotama venga a esta asamblea. ¡Lo hundiré con una sola pregunta! ¡Le daré la vuelta y lo envolveré como una olla hueca!».

Ahora ha llegado el Bendito, perfeccionado y completamente iluminado. ¿Por qué no lo echas de la asamblea a las afueras como a un antílope nilgó? ¿Por qué no lo hundes con una sola pregunta? ¿Por qué no le das la vuelta y lo envuelves como una olla hueca?

Cuando dijo esto, Nigrodha se sentó en silencio, avergonzado, con los hombros caídos, abatido, deprimido, sin nada que decir.

Sabiendo esto, el Buddha le dijo:

—¿Es realmente cierto, Nigrodha? ¿Son esas tus palabras?

—Es verdad, señor, esas fueron mis palabras. Fue una tontería, una estupidez y una negligencia por mi parte.

—¿Qué piensas, Nigrodha? ¿Has escuchado que los bhikkhus del pasado que eran ancianos y mayores, los maestros de maestros, dijeron que cuando los Dignos, los Buddhas del pasado completamente despiertos se reunieron, hicieron un alboroto, un escándalo terrible mientras se sentaban y hablaban sobre todo tipo de temas indignos, como lo hace en su tradición estos días? ¿O dijeron que los Buddhas frecuentaban cobijos remotos en la selva y en el bosque que son tranquilos y silenciosos, lejos del mundanal ruido, alejados de los asentamientos humanos y aptos para el retiro, como lo hago yo en estos días?

—Escuché que los bhikkhus del pasado que eran ancianos y mayores, decían que cuando los Dignos, los Buddhas del pasado completamente despiertos se reunieron, no hicieron un alboroto, como lo hago en mi tradición en estos días. Dijeron que los Buddhas del pasado frecuentaban cobijos remotos en la selva, como lo hace el Buddha en estos días.

—Nigrodha, eres un hombre sensato y maduro. ¿No se te ocurrió: «El Bendito es un despierto, educado, sereno, ha cruzado y está extinguido e imparte la enseñanza para despertar, educar, serenar, cruzar y extinguir»?

4. La culminación de la vida de renuncia

Nigrodha dijo:

—He cometido un error, señor. Fue una tontería, una estupidez y una negligencia por mi parte hablar de esa manera. Por favor, señor, acepte mi error por lo que es, para que me contenga en el futuro.

—De hecho, Nigrodha, cometiste un error. Fue una tontería, una estupidez y una negligencia de tu parte hablar de esa manera. Pero como has reconocido tu error por lo que es y lo has manejado adecuadamente, lo acepto. Porque es un crecimiento en el entrenamiento del noble reconocer un error por lo que es, lidiar con él acertadamente y comprometerse a enmendarse en el futuro. Nigrodha, esto es lo que digo: «Que venga una persona sensata, que no sea tortuosa ni engañosa, una persona íntegra. Le enseño y le instruyo. Practicando según las instrucciones, logrará el fin supremo de la vida de renuncia en esta misma vida, en siete años. Vivirá habiendo logrado con sus habilidades paranormales la meta por la que los jóvenes de buena familia acertadamente pasan de la vida hogareña a la vida sin hogar. Y mucho menos, siete años. Que venga una persona sensata, que no sea tortuosa ni engañosa, una persona íntegra. Le enseño y le instruyo. Practicando según las instrucciones, logrará el fin supremo de la vida de renuncia en esta misma vida, en seis años… cinco años… cuatro años… tres años… dos años… un año… siete meses… seis meses… cinco meses… cuatro meses… tres meses… dos meses… un mes… quince días. Y mucho menos, una semana. Que venga una persona sensata, que no sea tortuosa ni engañosa, una persona íntegra. Le enseño y le instruyo. Practicando según las instrucciones, logrará el fin supremo de la vida de renuncia en esta misma vida, en siete días».

5. Los bhikkhus se sienten deprimidos

Nigrodha, podrías pensar: «El asceta Gotama habla así porque quiere alumnos». Pero no deberías verlo así. Deja que tu maestro siga siendo tu maestro.

Podrías pensar: «El asceta Gotama habla así porque quiere que dejemos de recitarnos». Pero no deberías verlo así. Deja que tu recitación permanezca como está.

Podrías pensar: «El asceta Gotama habla así porque quiere que renunciemos a nuestro sustento». Pero no deberías verlo así. Deja que tu sustento permanezca como está.

Podrías pensar: «El asceta Gotama habla así porque quiere que comencemos a hacer cosas que son perjudiciales y consideradas demérito en nuestra tradición». Pero no deberías verlo así. Deja que las cosas que son perjudiciales y consideradas demeritorias en tu tradición permanezcan como están.

Podrías pensar: «El asceta Gotama habla así porque quiere que dejemos de hacer cosas que son buenas y consideradas meritorias en nuestra tradición». Pero no deberías verlo así. Deje que las cosas que son buenas y consideradas meritorias en su tradición permanezcan como están.

No hablo por ninguna de estas razones. Nigrodha, hay cosas que son perjudiciales, corruptas, que conducen a vidas futuras, dolorosas, que resultan en sufrimiento y renacimiento futuros, vejez y muerte. Imparto la enseñanza para que esas cosas se abandonen. Cuando practiques en consecuencia, las cualidades perjudiciales se abandonarán en ti y las cualidades meritorias crecerán. Entrarás y te sumergirás en la plenitud y abundancia de la sabiduría, habiéndolo realizado con tu propia percepción en esta misma vida.

Cuando se dijo esto, esos bhikkhus se sentaron en silencio, consternados, con los hombros caídos, abatidos, deprimidos, sin nada que decir, como si sus mentes estuviera poseídas por Māra.

Entonces el Buddha dijo:

—¡Todas estas personas tontas han sido tentadas por el Maligno! porque ni siquiera uno piensa: «Ven, llevemos la vida de renuncia bajo el asceta Gotama por el bien de la iluminación», porque ¿qué importan siete días?

Entonces el Buddha, habiendo rugido con su rugido de león en el monasterio de bhikkhus de la dama Udumbarikā, se elevó en el aire y aterrizó en el Pico del Buitre. Mientras tanto, el cabeza de familia Sandhāna acaba de regresar a Rājagaha.

DN 24: Acerca de Pāṭikaputta

1. En Sunakkhatta

Esto he oído.

Hubo un tiempo en que el Buddha se alojaba en la tierra de los Mallas, cerca de la ciudad Malla llamada Anupiya. Luego, el Buddha se vistió por la mañana y, tomando su cuenco y su túnica, entró en Anupiya para pedir limosna. Entonces se le ocurrió: «Es demasiado pronto para vagar por una limosna en Anupiya. ¿Por qué no voy al monasterio del bhikkhu Bhaggavagotta para visitarlo?».

Y eso fue lo que hizo.

Entonces el bhikkhu Bhaggavagotta le dijo al Buddha:

—¡Ven, Bendito! ¡Bienvenido, Bendito! Ha pasado mucho tiempo desde que aprovechaste la oportunidad para venir aquí. Por favor, señor, siéntate, este asiento está listo.

El Buddha se sentó en el asiento preparado, mientras que Bhaggavagotta tomó un asiento bajo, se sentó a un lado y le dijo al Buddha:

—Señor, hace unos días Sunakkhatta el licchavi vino a verme y me dijo: «Ahora, Bhaggava, rechacé al Buddha. Ahora ya no vivo dedicado a él». Señor, ¿es cierto lo que dijo Sunakkhatta?

—De hecho lo es, Bhaggava. Hace unos días, Sunakkhatta el licchavi se acercó a mí, se inclinó, se sentó a un lado y me dijo:

—¡Ahora rechazo al Buddha! Ya no viviré más dedicado a ti.

Cuando Sunakkhatta dijo esto, le dije:

—Pero Sunakkhatta, ¿alguna vez te dije: «Vive dedicado a mí»?

—No, señor.

—¿O alguna vez me dijiste: «Señor, viviré dedicado al Buddha»?

—No, señor.

—Así que parece que no te pedí que vivieras dedicado a mí, ni dijiste que vivirías dedicado a mí. En ese caso, estúpido, ¿realmente estás en posición de rechazar algo? ¡Mira lo lejos que te has desviado!

—Pero señor, el Buddha nunca realiza ninguna demostración de poderes paranormales para mí.

—Pero Sunakkhatta, ¿te he dicho alguna vez: «Ven, vive dedicado a mí y te realizaré una demostración de poderes paranormales?».

—No, señor.

—¿O alguna vez me dijiste: «Señor, viviré dedicado al Buddha, y el Buddha me hará una demostración de poderes paranormales»?

—No, señor.

—Así que parece que no te pedí esto y tú no me lo pediste. En ese caso, tonto, ¿realmente estás en posición de rechazar algo?

—¿Qué opinas, Sunakkhatta? Ya sea que haya o no una demostración de poderes paranormales, ¿mi enseñanza lleva a alguien que la practica a la meta final completa del sufrimiento?

—Sí, señor.

—Así que parece que haya o no una demostración de poderes paranormales, mi enseñanza lleva a alguien que la practica a la meta final completa del sufrimiento. En ese caso, ¿de qué sirven las demostraciones de poderes paranormales? ¡Mira lo lejos que te has desviado, estúpido!

—Pero señor, el Buddha nunca me describe el origen del mundo.

—Pero Sunakkhatta, ¿alguna vez te dije: «Ven, vive dedicado a mí y te describiré el origen del mundo»?

—No, señor.

—¿O alguna vez me dijiste: «Señor, viviré dedicado al Buddha, y el Buddha me describirá el origen del mundo»?

—No, señor.

—Así que parece que no te pedí esto y tú no me lo pediste. En ese caso, estúpido, ¿realmente estás en posición de rechazar algo? ¿Qué opinas, Sunakkhatta?

Ya sea que se describa o no el origen del mundo, ¿mi enseñanza lleva a alguien que la practica a la meta del fin completo del sufrimiento?

—Sí, señor.

—Así que parece que se describa o no el origen del mundo, mi enseñanza lleva a quien la practica a la meta final completa del sufrimiento. En ese caso, ¿de qué sirve describir el origen del mundo? ¡Mira lo lejos que te has desviado, estúpido!

De muchas maneras, Sunakkhatta, me has elogiado así: «Ese Bendito es un Digno, un Buddha completamente iluminado, logrado en conocimiento y conducta, bienaventurado, conocedor del mundo, guía supremo para aquellos que desean entrenar, maestro de devas y humanos, despierto, bendecido».

De muchas maneras ha elogiado la enseñanza de esta manera en la capital de los Vajjis: «La enseñanza está bien explicada por el Buddha, visible en esta misma vida, inmediatamente efectiva, que invita a la verificación, relevante, para que las personas sensatas puedan conocerla por sí mismas».

De muchas maneras has elogiado al Saṅgha de esta manera en la capital de los Vajjis: «El Saṅgha de los discípulos del Buddha está practicando de la manera correcta, directa, metódica y apropiada. Consiste en los cuatro pares, los ocho individuos. Este es el Saṅgha de los discípulos del Buddha que es un Digno de las ofrendas dedicadas a los devas, digno de hospitalidad, digno de limosna, digno de saludar con las palmas unidas, y es el campo supremo de mérito para el mundo».

Te declaro esto, Sunakkhatta, ¡te lo anuncio! Habrá quienes digan que Sunakkhatta no fue capaz llevar la vida de renuncia bajo el asceta Gotama. Por eso rechazó la disciplina y regresó a la vida inferior de laico. Eso es lo que dirán.

Aunque le hablé a Sunakkhatta de esta manera, aun así él dejó esta enseñanza y disciplina, como alguien que va camino al infierno.

2. En Korakkhattiya

Bhaggava, una vez me estaba quedando en la tierra de los Thūlus, donde existe una ciudad llamada Uttarakā. Luego me vestí por la mañana y, tomando mi cuenco y mi túnica, entré a Uttarakā para pedir limosna con Sunakkhatta el licchavi como mi segundo bhikkhu. Para ese momento, el asceta desnudo Korakkhattiya había hecho un voto de comportarse como un perro. Cuando se le tira comida al suelo, se pone a cuatro patas, la come y la devora solo con la boca.

Sunakkhatta lo vio haciendo esto y pensó: «¡Ese asceta es un verdadero hombre bienaventurado!».

Entonces, sabiendo lo que estaba pensando Sunakkhatta, le dije:

—¿No dices ser un asceta, un seguidor del sākka, estúpido?

—Pero ¿por qué el Buddha me dice esto?

—Cuando viste a ese asceta desnudo Korakkhattiya, ¿no pensaste: «¡Ese asceta es un verdadero hombre bienaventurado!»?

—Sí, señor. Pero señor, ¿estás envidioso de los Dignos?

—No tengo envidia de los Dignos, estúpido. Más bien, debes abandonar este concepto erróneo dañino que ha surgido en ti. ¡No te causes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

Ese asceta desnudo Korakkhattiya, que imaginas que es un verdadero hombre bienaventurado, morirá de flatulencias en siete días. Y cuando muera, renacerá en el rango más bajo de asuras, llamado Kālakañjas. Y lo arrojarán al osario sobre un puñado de vetiver. Si lo deseas, Sunakkhatta, ve a Korakkhattiya y pregúntale si conoce su propio destino. Es posible que responda: «Venerable Sunakkhatta, conozco mi propio destino. Renaceré en el rango más bajo de asuras, llamado Kālakañjas».

Entonces, Bhaggava, Sunakkhatta fue a ver a Korakkhattiya y le dijo:

—Venerable Korakkhattiya, el asceta Gotama ha declarado que morirás de flatulencias en siete días. Y cuando mueras, renacerás en el rango más bajo de asuras, llamado Kālakañjas. Y cuando mueras, te arrojarán al osario sobre un puñado de vetiver. Pero comiendo solo un poco de comida y bebiendo solo un poco de agua, probarás que lo que dice el asceta Gotama es falso.

Entonces Sunakkhatta contó los días hasta el séptimo día, como sucede cuando no se tiene fe en el Tathāgata. Pero al séptimo día, el asceta desnudo Korakkhattiya murió de flatulencias. Y cuando falleció, renació en el rango más bajo de asuras, llamado Kālakañjas. Y cuando falleció, lo arrojaron al osario sobre un puñado de vetiver.

Sunakkhatta el licchavi se enteró de esto. Así que fue a ver a Korakkhattiya en el cementerio sobre las matas de vetiver. Allí golpeó a Korakkhattiya con su puño tres veces.

—Venerable Korakkhattiya, ¿conoces su destino?

Entonces Korakkhattiya se levantó, se frotó la espalda con las manos y dijo:

—Venerable Sunakkhatta, conozco mi propio destino. He renacido en el rango más bajo de asuras, llamado Kālakañjas.

Después de hablar, cayó de bruces allí mismo.

Entonces Sunakkhatta se acercó a mí, hizo una reverencia y se sentó a un lado.

Le dije:

—¿Qué piensas, Sunakkhatta? ¿La declaración que hice sobre Korakkhattiya resultó ser correcta, o no?

—Resultó ser correcta.

—¿Qué piensas, Sunakkhatta? Si es así, ¿se ha realizado o no una demostración de poderes paranormales?

—Es evidente, señor, que se ha realizado una demostración de poderes paranormales.

—Aunque realicé una demostración de poderes paranormales tan sobrehumana, dices: esto: «Pero señor, el Buddha nunca realiza ninguna demostración de poderes paranormales para mí». ¡Mira lo lejos que te has desviado!

Aunque le hablé a Sunakkhatta así, él todavía dejó esta enseñanza y disciplina, como alguien que va camino al infierno.

3. Sobre el asceta desnudo Kaḷāramaṭṭaka

Una vez, Bhaggava, me estaba quedando cerca de Vesālī, en el Gran Bosque, en el salón con el techo puntiagudo. En ese momento, el asceta desnudo Kaḷāramaṭṭaka residía en Vesālī. En la capital de los Vajjīs había alcanzado la cima de las posesiones materiales y la fama. Había realizado estos siete votos. «Mientras viva, seré un asceta desnudo, sin ropa. Mientras viva, seré célibe, no tendré sexo. Mientras viva, consumiré solo carne y ron, no arroz ni gachas. Y no pasaré por los siguientes santuarios de árboles cerca de Vesālī: el santuario de Udena al este, el Gotamaka al sur, el Sattamba al oeste y el Bahuputta al norte». Y fue gracias a la realización de estos siete votos que alcanzó la cima de las posesiones materiales y la fama.

Entonces, Bhaggava, Sunakkhatta fue a ver a Kaḷāramaṭṭaka y le hizo una pregunta. Pero cuando no le pudo contestar, mostró irritación, odio y amargura. Entonces Sunakkhatta pensó: «He ofendido al bienaventurado, al Digno, al asceta. ¡No debo causarme un daño y sufrimiento para mucho tiempo!».

Entonces Sunakkhatta se acercó a mí, hizo una reverencia y se sentó a un lado. Le dije:

—¿No dices ser un asceta, un seguidor del sākka, estúpido?

—¿Pero por qué el Buddha me dice esto?

—¿No fuiste a ver al asceta desnudo Kaḷāramaṭṭaka y le hiciste una pregunta? Y cuando no pudo contestarte, mostró irritación, odio y amargura. Entonces pensaste: «He ofendido al bienaventurado, al Digno, al asceta. ¡No debo causarme un daño y sufrimiento para mucho tiempo!».

—Sí, señor. Pero señor, ¿estás envidioso de los Dignos?

—No tengo envidia de los Dignos, estúpido. Más bien, debes abandonar este concepto erróneo dañino que ha surgido en ti. ¡No te causes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

Ese asceta desnudo Kaḷāramaṭṭaka, a quien imaginas como un verdadero hombre bienaventurado, pronto estará vestido, viviendo con un compañero, comiendo arroz y gachas, habiendo pasado por todos los santuarios cerca de Vesālī. Y morirá después de perder toda su fama.

Y eso es exactamente lo que pasó.

Sunakkhatta se enteró de esto. Se acercó a mí, hizo una reverencia y se sentó a un lado. Le dije:

—¿Qué piensas, Sunakkhatta? ¿La declaración que hice sobre Kaḷāramaṭṭaka resultó ser correcta, o no?

Resultó ser correcta.

—¿Qué piensas, Sunakkhatta? Si es así, ¿se ha realizado o no una demostración de poderes paranormales?

—Es evidente, señor, que se ha realizado una demostración de poderes paranormales.

—Aunque realicé una demostración de poderes paranormales tan sobrehumana, dices: esto: «Pero señor, el Buddha nunca realiza ninguna demostración de poderes paranormales para mí». ¡Mira lo lejos que te has desviado!

Aunque le hablé a Sunakkhatta así, él todavía dejó esta enseñanza y disciplina, como alguien que va camino al infierno.

4. Sobre el asceta desnudo Pāṭikaputta

Esta vez, Bhaggava, me estaba quedando allí mismo cerca de Vesālī, en el Gran Bosque, en el salón con el techo puntiagudo. Para ese momento, el asceta desnudo Pāṭikaputta residía en Vesālī. Y en la capital de los Vajjīs había alcanzado la cima de las posesiones materiales y la fama. Le estaba diciendo a una multitud en Vesālī: «Tanto el asceta Gotama como yo hablamos con el conocimiento. Alguien que habla desde el conocimiento debe realizar una demostración de poderes paranormales a otro que habla desde el conocimiento. Si el asceta Gotama se encuentra conmigo a mitad de camino, ambos deberíamos realizar una demostración de poderes paranormales. Si realiza una demostración de poderes paranormales, haré dos. Si realiza dos, yo haré cuatro. Si realiza cuatro, yo haré ocho. No importa cuántas demostraciones de poderes paranormales realice el asceta Gotama, haré el doble».

Entonces Sunakkhatta se me acercó, se inclinó, se sentó a un lado y me contó todo esto. Le dije:

—Sunakkhatta, el asceta desnudo Pāṭikaputta no es capaz de venir a mi presencia, a menos que abandone esa declaración y ese propósito y abandone esa creencia. Si cree que puede venir a mi presencia sin renunciar a esas cosas, su cabeza puede explotar.

—¡Cuidado con lo que dices, Bendito! ¡Cuidado con lo que dices, Bienaventurado!

—Pero, ¿por qué me dices esto, Sunakkhatta?

—Señor, el Buddha ha afirmado definitivamente que Pāṭikaputta no es capaz de llegar a la presencia del Buddha, de lo contrario, su cabeza podría explotar. Pero Pāṭikaputta podría entrar en la presencia del Buddha disfrazado, demostrando que el Buddha estaba equivocado.

—Sunakkhatta, ¿el Tathāgata haría una declaración ambigua?

—Pero señor, ¿hiciste esa declaración después de comprender la mente de Pāṭikaputta con la tuya? ¿O te lo contaron los devas?

—Ambos, Sunakkhatta.

—Ajita, el general licchavi, que ha fallecido recientemente y renació en la hueste de los Treinta y Tres. Vino y me dijo esto:

—El asceta desnudo Pāṭikaputta es un descarado, señor, es un mentiroso. Porque él ha declarado de mí en la capital de los Vajjis: «Ajita, el general Licchavi ha renacido en el Gran Infierno».

Pero eso no es cierto: he renacido en la hueste de los Treinta y Tres. El asceta desnudo Pāṭikaputta es un descarado, señor, es un mentiroso. Pāṭikaputta no es capaz de llegar a la presencia del Buddha, de lo contrario, su cabeza podría explotar.

Así que ambos hicieron esa declaración después de comprender la mente de Pāṭikaputta con mi mente, y los devas me lo contaron.

Así que Sunakkhatta, voy a buscar limosna en Vesālī. Después de la comida, a mi regreso de la ronda de limosnas, iré al monasterio de Pāṭikaputta para pasar allí el resto del día. Puedes decírselo, si lo deseas.

5. Sobre demostraciones de poderes paranormales

Entonces, Bhaggava, me vestí por la mañana y, tomando mi cuenco y mi túnica, entré en Vesālī para pedir limosna. Después de la comida, a mi regreso de la ronda de limosnas, fui al monasterio de Pāṭikaputta para pasar allí el resto del día. Entonces Sunakkhatta se apresuró a entrar en Vesālī para ver a los más renombrados licchavis y les dijo:

—Señores, después de su ronda de limosnas, el Buddha ha ido al monasterio de Pāṭikaputta para pasar allí el resto del día. ¡Adelante, señores, adelante! ¡Habrá una demostración de poderes paranormales por parte de los nobles ascetas!

Así que los más renombrados licchavis pensaron: «¡Parece que habrá una demostración de poderes paranormales por parte de los nobles ascetas!».

—¡Vámonos!

Luego fue a ver a los brahmanes acomodados muy conocidos, cabezas de familia ricos, ascetas y brahmines que siguen otros diferentes caminos, y dijo lo mismo. Todos dijeron:

—¡Parece que los nobles ascetas harán una demostración de poderes paranormales! ¡Vámonos!

Luego, todas esas personas muy conocidas fueron al monasterio de Pāṭikaputta. Esa asamblea fue grande, Bhaggava, había muchos cientos, muchos miles de ellos.

Pāṭikaputta escuchó:

—Parece que han aparecido licchavis muy conocidos, brahmanes acomodados, amos de familia ricos, ascetas y brahmanes que siguen otros diferentes caminos. Y el asceta Gotama está sentado en tu monasterio para pasar allí el resto del día.

Cuando escuchó eso, se asustó, se aterrorizó, se le erizó el pelo. Con miedo, fue al Monasterio de los bhikkhus de los troncos de cabeza de madera de caqui.

La asamblea se enteró e instruyó a un hombre:

—Ven, amigo mío, ve a ver a Pāṭikaputta en el Monasterio de Troncos de Ébano de la Luna Pálida y dile: «¡Ven, venerable Pāṭikaputta! Todas estas personas muy conocidas se han presentado y el asceta Gotama está sentado en tu monasterio para pasar allí el resto del día». Porque dijiste esto en la asamblea de Vesālī: «Tanto el asceta Gotama como yo hablamos con el conocimiento. Alguien que habla desde el conocimiento debe realizar una demostración de poderes paranormales a otro que habla desde el conocimiento. Si el asceta Gotama se encuentra conmigo a mitad de camino, ambos deberíamos realizar una demostración de poderes paranormales. Si realiza una demostración de poderes paranormales, haré dos. Si realiza dos, yo haré cuatro. Si realiza cuatro, yo haré ocho. No importa cuántas demostraciones de poderes paranormales realice el asceta Gotama, lo haré el doble». Adelante, venerable Pāṭikaputta, ve a mitad de camino. El asceta Gotama ha llegado a la primera mitad y está sentado en tu monasterio.

—Sí, señor —respondió ese hombre, y entregó el mensaje.

Cuando hubo hablado, Pāṭika dijo:

—¡Ya voy, señor, ya voy!

Pero por más que se retorciera, no podía levantarse de su asiento. Entonces ese hombre le dijo a Pāṭikaputta:

—¿Qué pasa, venerable Pāṭikaputta? ¿Tu trasero está pegado al banco o el banco está pegado a tu trasero? Dices: «¡Ya voy, señor, ya voy!». Pero, por más que te muevas, no podrás levantarte de tu asiento.

Y mientras hablaba, Pāṭika dijo:

—¡Ya voy, señor, ya voy!

Pero por más que se retorciera, no podía levantarse de su asiento. Cuando ese hombre supo que Pāṭikaputta había perdido, regresó a la asamblea y dijo:

—Pāṭikaputta ha perdido, señores. Él dice: «¡Ya voy, señor, ya voy!». Pero, por más que se mueve, no puede levantarse de su asiento.

Cuando dijo esto, le dije a la asamblea:

—El asceta desnudo Pāṭikaputta no es capaz de venir a mi presencia, a menos que abandone esa declaración y ese propósito, y abandone esa creencia. Si cree que puede venir a mi presencia sin renunciar a esas cosas, su cabeza puede explotar.

La primera sección de recitación está terminada.

Entonces, Bhaggava, cierto ministro licchavi se puso de pie y dijo a la asamblea:

—Bueno, entonces, señores, esperen un momento, yo iré. Con suerte, podré traer a Pāṭikaputta a la asamblea.

Así que ese ministro fue a ver a Pāṭikaputta y dijo:

—¡Ven, venerable Pāṭikaputta! Es mejor para ti que vengas. Todas estas personas muy conocidas se han presentado y el asceta Gotama está sentado en tu monasterio para pasar allí el resto del día. Dijiste que te encontrarías con el asceta Gotama a la mitad de camino. El asceta Gotama ha llegado a la primera mitad y está sentado en tu monasterio. El asceta Gotama le ha dicho a la asamblea que no eres capaz de entrar en su presencia. ¡Ven, Pāṭikaputta! cuando salgas, te haremos ganar y el asceta Gotama perderá.

Cuando hubo hablado, Pāṭikaputta dijo:

—¡Ya voy, señor, ya voy!

Pero por más que se retorciera, no podía levantarse de su asiento. Entonces el ministro le dijo a Pāṭikaputta:

—¿Qué pasa, venerable Pāṭikaputta? ¿Tu trasero está pegado al banco o el banco está pegado a tu trasero? Dices: «¡Ya voy, señor, ya voy!». Pero, por más que te muevas, no podrás levantarte de tu asiento.

Y mientras hablaba, Pāṭikaputta dijo:

—¡Ya voy, señor, ya voy!

Pero por más que se retorciera, no podía levantarse de su asiento. Cuando el ministro licchavi supo que Pāṭikaputta había perdido, regresó a la asamblea y dijo:

—Pāṭikaputta ha perdido, señores.

Cuando dijo esto, le dije a la asamblea:

—Pāṭikaputta no es capaz de venir a mi presencia, de lo contrario su cabeza podría explotar. Incluso si los buenos licchavis pensaran: «¡Atemos a Pāṭikaputta con correas y arrastrémosle con un par de bueyes!». Las correas o Pāṭikaputta se romperían.

Entonces Jāliya, el alumno del asceta del cuenco de madera, se puso de pie y dijo a la asamblea:

—Bien, entonces, señores, esperen un momento, iré. Con suerte, podré traer a Pāṭikaputta a la asamblea.

Así que Jāliya fue a ver a Pāṭikaputta y dijo:

—¡Ven, venerable Pāṭikaputta! Es mejor para ti que vengas. Todas estas personas muy conocidas se han presentado y el asceta Gotama está sentado en tu monasterio para pasar allí el resto del día. Dijiste que te encontrarías con el asceta Gotama a la mitad de camino. El asceta Gotama ha llegado a la primera mitad y está sentado en tu monasterio. El asceta Gotama le ha dicho a la asamblea que no eres capaz de entrar en su presencia. ¡Ven, Pāṭikaputta! cuando salgas, te haremos ganar y el asceta Gotama perderá.

Cuando hubo hablado, Pāṭikaputta dijo:

—¡Ya voy, señor, ya voy!

Pero por más que se retorciera, no podía levantarse de su asiento. Entonces el ministro le dijo a Pāṭikaputta:

—¿Qué pasa, venerable Pāṭikaputta? ¿Tu trasero está pegado al banco o el banco está pegado a tu trasero? Dices: «¡Ya voy, señor, ya voy!». Pero, por más que te muevas, no podrás levantarte de tu asiento.

Y mientras hablaba, Pāṭikaputta dijo:

—¡Ya voy, señor, ya voy!

Pero por más que se retorciera, no podía levantarse de su asiento.

Cuando Jāliya supo que Pāṭikaputta había perdido, le dijo:

—En una ocasión, venerable Pāṭikaputta, a un león, el rey de las bestias, se le ocurrió: «¿Por qué no hago mi guarida cerca de cierto bosque? Al caer la tarde puedo salir de mi guarida, bostezar, mirar alrededor en las cuatro direcciones, rugir mi rugido de león tres veces y emprender la caza. Después de haber matado lo mejor de la manada de ciervos y haber comido la carne más tierna, podía regresar a mi guarida». Y eso fue lo que hizo.

Ahora, había un viejo chacal que había engordado con las sobras del león, volviéndose arrogante y fuerte: «¿Qué tiene el león, rey de las bestias, que yo no tenga?¿Por qué no hago mi guarida cerca de cierto bosque? Al caer la tarde puedo salir de mi guarida, bostezar, mirar alrededor en las cuatro direcciones, rugir mi rugido de león tres veces y emprender la caza. Después de haber matado lo mejor de la manada de ciervos y haber comido la carne más tierna, podía regresar a mi guarida».

Y eso fue lo que hizo.

Pero cuando trató de rugir el rugido de un león, solo logró chillar y aullar como un chacal.

—¿Y qué es el chillido de un patético chacal junto al rugido de un león?

De la misma manera, venerable, mientras vives de la cosecha del Bienaventurado, disfrutas de las sobras del Bienaventurado, ¡presumes de atacar al Tathāgata, al Digno, al Buddha completamente iluminado! ¿Quiénes son los patéticos Pāṭikaputtas para atacar a los Perfeccionados, a los Dignos, a los Buddhas completamente iluminados?

Cuando Jāliya no pudo lograr que Pāṭikaputta se moviera de su asiento incluso con este símil, le dijo:

Viéndose a sí mismo como igual al león,

el chacal supuso «¡Soy el rey de las bestias!».

Pero en realidad solo logró chillar.

¿Y qué es el chillido de un triste chacal frente al rugido de un león?

De la misma manera, venerable, mientras vives de la cosecha del Bienaventurado, ¡presumes de atacarlo!

Cuando Jāliya no pudo lograr que Pāṭikaputta se moviera de su asiento incluso con este símil, le dijo:

Siguiendo los pasos de otro,

viéndose engordado con sus sobras,

hasta que ni siquiera se ve a si mismo,

el chacal se cree un tigre.

Pero en realidad solo logra chillar.

¿Y qué es el chillido de un triste chacal frente al rugido de un león?

—De la misma manera, venerable, mientras vives de la cosecha del Bienaventurado, ¡presumes de atacarlo!

Cuando Jāliya no pudo lograr que Pāṭikaputta se moviera de su asiento incluso con ese símil, le dijo:

Harto de ranas y ratones del granero,

y de cadáveres arrojados en el cementerio,

prosperando en el gran bosque vacío,

el chacal supuso «¡Soy el rey de las bestias!»

Pero en realidad solo logró chillar,

¿Y qué es el chillido de un triste chacal frente al rugido de un león?

—De la misma manera, venerable, mientras vives de la cosecha del Bienaventurado, disfrutas de las sobras del Bienaventurado, ¡presumes de atacar al Tathāgata, al Digno, al Buddha completamente iluminado! ¿Quiénes son los patéticos Pāṭikaputtas para atacar a los Perfeccionados, a los Dignos, a los Buddhas completamente iluminados?

Cuando Jāliya no pudo lograr que Pāṭikaputta se moviera de su asiento incluso con este símil, regresó a la asamblea y dijo:

—Pāṭikaputta ha perdido, señores. Él dice: «¡Ya voy, señor, ya voy!». Pero, por más que se mueva, no puede levantarse de su asiento.

Cuando dijo esto, le dije a la asamblea:

—El asceta desnudo Pāṭikaputta no es capaz de venir a mi presencia, de lo contrario su cabeza podría explotar. Incluso si los buenos licchavis pensaran: «¡Atemos a Pāṭikaputta con correas y arrastrémosle con un par de bueyes!». Las correas o Pāṭikaputta se romperían. Pāṭikaputta no es capaz de venir a mi presencia, de lo contrario su cabeza podría explotar.

Entonces, Bhaggava, eduqué, alenté, encendí e inspiré a esa asamblea con una charla sobre la enseñanza. Liberé a esa asamblea de la gran esclavitud y levanté a ochenta y cuatro mil seres del gran pantano. Luego entré en el elemento fuego, me elevé al cielo a la altura de siete palmeras y creé una llama de otras siete palmeras de altura, ardiendo y humeando. Finalmente aterricé en el Gran Bosque, en el salón con el techo puntiagudo.

Entonces Sunakkhatta se acercó a mí, hizo una reverencia y se sentó a un lado.

Le dije:

—¿Qué piensas, Sunakkhatta? ¿La declaración que hice sobre Pāṭikaputta resultó ser correcta, o no?

—Resultó ser correcta.

—¿Qué piensas, Sunakkhatta? Si es así, ¿se ha realizado o no una demostración de poderes paranormales?

—Es evidente, señor, que se ha realizado una demostración de poderes paranormales.

—Aunque realicé una demostración de poderes paranormales tan sobrehumana, dices: esto: «Pero señor, el Buddha nunca realiza ninguna demostración de poderes paranormales para mí». ¡Mira lo lejos que te has desviado!

Aunque le hablé a Sunakkhatta así, él todavía dejó esta enseñanza y disciplina, como alguien que va camino al infierno.

6. Sobre la descripción del origen del mundo

Bhaggava, comprendo el origen del mundo. Entiendo esto y lo que va más allá. Sin embargo, dado que no malinterpreto ese conocimiento, he logrado el Nibbāna dentro de mí. Sabiendo esto directamente, el Tathāgata no se encuentra con la desgracia.

Hay algunos ascetas y brahmanes que describen el origen del mundo en su tradición como creado por el Señor Dios, por Brahmā. Me acerco a ellos y les digo:

—¿Es realmente cierto que esta es la opinión de los venerables?

Y ellos responden:

—Sí.

Les digo:

—¿Pero cómo describen en su tradición que el origen del mundo surgió como creado por el Señor Dios, por Brahmā?

—Pero no pueden responder, e incluso me preguntaron a mí qué pensaba sobre el caso. Entonces les respondo:

—Llega un momento en que, venerables, después de que ha pasado un período muy largo, este cosmos se contrae. A medida que el cosmos se contrae, los seres se dirigen en su mayoría al reino del Resplandor Radiante. Allí, los seres están hechos por la mente, alimentándose del placer, autoluminosos, moviéndose a través del cielo, constantemente gloriosos, y se quedan así durante mucho tiempo.

Llega un momento en que, después de un período muy largo de tiempo, este cosmos se expande. A medida que se expande, aparece una mansión vacía de Brahmā. Entonces, cierto ser, debido a que se le ha agotado su esperanza de vida o su mérito, muere de esa hueste de devas radiantes y renace en esa mansión vacía de Brahmā. Allí, los seres están hechos por la mente, alimentándose del placer, autoluminosos, moviéndose a través del cielo, constantemente gloriosos, y entrenan así durante mucho tiempo.

Pero después de entrenar allí solos durante mucho tiempo, se siente insatisfecho y ansioso: «¡Oh! si tan solo otro ser llegara a esta existencia».

Luego, otros seres vivos, debido a que se ha agotado su esperanza de vida o su mérito, se alejan de esa hueste de devas radiantes y renacen en esa mansión vacía de Brahmā en compañía de ese ser. Allí ellos también son creados por la mente, se alimentan de placer, son autoluminosos, se mueven a través del cielo, constantemente gloriosos, y se quedan así durante mucho tiempo.

Ahora, el primer ser que renació allí piensa: «Yo soy Brahmā, el Gran Brahmā, el Invicto, el Campeón, el Vidente Universal, el Portador del Poder, el Señor Dios, el Hacedor, el Autor, el Mejor, el Engendrador, el Controlador, el Padre de los que han nacido y los que están por nacer».

—¿Por qué razón?

—Porque primero pensó: «Oh, si tan solo otro ser llegara a esta existencia. Tal era el ansia de mi mente, y luego estos seres llegaron a esta existencia».

Y los seres que renacieron allí más tarde también piensan: «Este debe ser Brahmā, el Gran Brahmā, el Invicto, el Campeón, el Vidente Universal, el Portador del Poder, el Señor Dios, el Hacedor, el Autor, el Mejor, el Engendrador, el Controlador, el padre de los que han nacido y los que están por nacer. Y hemos sido creados por él».

—¿Por qué razón?

—Porque vieron que aquí renació primero y los demás llegaron después.

Y el ser que renació primero es más longevo, bello e ilustre que los que llegaron después.

Es posible que uno de esos seres fallezca de esa hueste y renazca en esta existencia. Una vez hecho esto, pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar. Gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda esa vida pasada, pero no más.

Dice: «El que es Brahmā, el Gran Brahmā, el Invicto, el Campeón, el Vidente Universal, el Portador del Poder, el Señor Dios, el Hacedor, el Autor, el Mejor, el Engendrador, el Controlador, el Padre de los que han nacido y de los que están aún por nacer: es permanente, sempiterno, eterno, imperecedero siendo el mismo por toda la eternidad. Nosotros, que fuimos creados por ese Brahmā, somos impermanentes, no duraderos, efímeros, perecederos, y hemos llegado a esta existencia».

Así es como vosotros describís en vuestra tradición que el origen del mundo surgió como creado por el Señor Dios, por Brahmā.

Ellos contestan:

—Eso es lo que hemos escuchado, venerable Gotama, tal como tú dices.

Bhaggava, comprendo el origen del mundo. Entiendo esto y lo que va más allá. Sin embargo, dado que no malinterpreto ese conocimiento, he logrado el Nibbāna dentro de mí. Sabiendo esto directamente, el Tathāgata no se encuentra con la desgracia.

Hay algunos ascetas y brahmanes que describen el origen del mundo en su tradición como debido a los ludópatas. Me acerco a ellos y le digo:

—¿Es realmente cierto que esta es la opinión de los venerables?

Y ellos responden:

—Sí.

Les digo:

—Pero ¿cómo describen en su tradición que el origen del mundo se debió a los ludópatas?

—Pero no pueden responder, e incluso me preguntaron a mí qué pensaba sobre el caso. Entonces les respondo:

—Venerables, hay devas llamados «ludópatas». Pasan demasiado tiempo riendo, jugando y divirtiéndose. Y al hacerlo, pierden su memoria y se alejan de esa hueste de devas.

Es posible que uno de esos seres fallezca de esa hueste y renazca en esta existencia. Una vez hecho esto, pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar. Gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda esa vida pasada, pero no más.

Dice:

—Los devas que no son ludópatas no pasan demasiado tiempo riendo, jugando y divirtiéndose, evitando así perder su memoria y que no se alejen de esa hueste de devas. Son permanentes, sempiternos, eternos, imperecederos, permaneciendo iguales por toda la eternidad. Pero nosotros, que fuimos ludópatas, pasamos demasiado tiempo riendo, jugando y divirtiéndonos. Al hacerlo, perdimos nuestra memoria y nos alejamos de esa hueste de devas. Somos impermanentes, no duraderos, efímeros, perecederos, y hemos llegado a esta existencia.

Así es como vosotros describís en vuestra tradición que el origen del mundo se debió a los ludópatas.

Contestan:

—Eso es lo que hemos escuchado, venerable Gotama, tal como tú dices.

Bhaggava, comprendo el origen del mundo. Sabiendo esto directamente, el Tathāgata no se encuentra con la desgracia.

Hay algunos ascetas y brahmanes que describen el origen del mundo en su tradición como debido a aquellos que son malévolos. Me acerco a ellos y les digo:

—¿Es realmente cierto que esta es la opinión de los venerables?

Y ellos responden:

—Sí.

Les digo:

—Pero ¿cómo describís en vuestra tradición que el origen del mundo se debió a aquellos que son malévolos?

Pero no pueden responder, e incluso me preguntaron a mí qué pensaba sobre el caso.

Entonces les respondo:

—Venerables, hay devas llamados «malévolos». Pasan demasiado tiempo mirándose unos a otros, por lo que se enojan entre ellos y sus cuerpos y mentes se cansan. Fallecen de esa hueste de devas.

Es posible que uno de esos seres fallezca de esa hueste y renazca en esta existencia. Una vez hecho esto, pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar. Gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda esa vida pasada, pero no más.

Dice: «Los devas que no son malévolos no pasan mucho tiempo mirándose unos a otros, para que no se enojen entre ellos, sus cuerpos y sus mentes no se cansan y no fallecen en esa hueste de devas.

Son permanentes, sempiternos, eternos, imperecederos, permaneciendo iguales por toda la eternidad. Pero nosotros, que éramos malévolos, pasamos demasiado tiempo mirándonos unos a otros, por lo que nuestras mentes se enojaron entre sí, nuestros cuerpos y mentes se cansaron y fallecimos de esa hueste de devas. Somos impermanentes, no duraderos, efímeros, perecederos, y hemos llegado a esta existencia».

Así es como describe en su tradición que el origen del mundo se debió a aquellos que son malévolos.

Contestan:

—Eso es lo que hemos escuchado, venerable Gotama, tal como tú dices.

Bhaggava, comprendo el origen del mundo. Sabiendo esto directamente, el Tathāgata no se encuentra con la desgracia.

Hay algunos ascetas y brahmanes que describen el origen del mundo en su tradición como surgido por casualidad. Me acerco a ellos y les digo:

—¿Es realmente cierto que esta es la opinión de los venerables?

Y ellos responden:

—Sí.

Les digo:

—¿Pero cómo describen en su tradición que el origen del mundo se produjo por casualidad?

—Pero no pueden responder, e incluso me preguntaron a mí qué pensaba sobre el caso.

Entonces les respondo:

—Venerables, hay devas llamados «seres no perceptores». Cuando surge la percepción, se alejan de esa hueste de devas.

Es posible que uno de esos seres fallezca de esa hueste y renazca en esta existencia. Una vez hecho esto, pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar. Gracias a un esfuerzo entusiasta, resuelto, comprometido y diligente, y un enfoque correcto, experimenta una concentración de la mente de tal tipo que recuerda el surgimiento de la percepción, pero no más.

Dice:

—El «yo» y el cosmos surgieron por casualidad.

—¿Por qué razón?

—Porque antes yo no existía. Ahora de no ser me he transformado en ser. Así es como describe en su tradición que el origen del mundo se produjo por casualidad.

Contestan:

—Eso es lo que hemos escuchado, venerable Gotama, tal como tú dices.

—Entiendo esto y lo que va más allá. Sin embargo, dado que no malinterpreto ese entendimiento, he logrado el Nibbāna dentro de mí. Sabiendo esto directamente, el Tathāgata no se encuentra con la desgracia.

Aunque lo digo y explico así, ciertos ascetas y brahmanes me tergiversan con la afirmación embustera, hueca, mentirosa y falsa: «El asceta Gotama tiene una perspectiva distorsionada, al igual que sus bhikkhus».

Dicen: «Cuando uno entra y se sumerge en la liberación de la belleza, en ese momento sólo se percibe lo feo».

Pero no digo eso. Digo esto otro: «Cuando uno entra y se sumerge en la liberación de la belleza, en ese momento sólo se percibe la belleza».

—Son ellos los que tienen una perspectiva distorsionada, señor, que ven al Buddha y a los bhikkhus de esta manera. Señor, estoy muy seguro de que el Buddha es capaz de enseñarme para entrar y sumergirme en la liberación de la belleza.

—Es difícil para ti entrar y permanecer en la liberación de la belleza, ya que tienes una creencia, credo, preferencia, práctica y tradición diferentes. Vamos, Bhaggava, preserva cuidadosamente la fe que tienes en mí.

—Si me resulta difícil entrar y permanecer en la liberación de la belleza, ya que tengo una creencia, un credo, una preferencia, una práctica y una tradición diferentes, preservaré cuidadosamente la fe que tengo en el Buddha.

Eso fue lo que dijo el Buddha. Satisfecho, el bhikkhu Bhaggavagotta estaba feliz con lo que dijo el Buddha.

DN 23: Con Pāyāsi **

Esto he oído.

En una ocasión, el venerable Kumāra Kassapa estaba vagando por las tierras de Kosala junto con un gran Saṅgha de quinientos bhikkhus cuando llegó a una ciudadela de Kosala llamada Setavyā. Se quedó en el bosque de Palosanto del Continente Central al norte de Setavyā.

En ese momento, el alto cortesano Pāyāsi vivía en Setavyā. Era una propiedad de la corona otorgada por el rey Pasenadi de Kosala, repleta de seres vivos, llena de heno, madera, agua y grano, una dote real de la más alta calidad.

1. Sobre Pāyāsi

Para ese momento, Pāyāsi tuvo el siguiente concepto erróneo dañino: «No hay otra vida. Ningún ser renace espontáneamente. No hay fruto ni resultado de las acciones meritorias o de las acciones perjudiciales».

Los brahmines y cabezas de familia de Setavyā escucharon esto:

—Parece que el asceta Kumāra Kassapa, un discípulo del asceta Gotama, se está quedando en el Bosque de Palosanto de India al norte de Setavyā. Tiene esta buena reputación: Es sabio, competente, inteligente, culto, un predicador brillante, elocuente, maduro, perfeccionado. Es bueno ver a personas tan perfectas.

Luego, después de haber partido de Setavyā, formaron compañías y se dirigieron al norte hacia la arboleda.

En ese momento, el alto cortesano Pāyāsi se había retirado al piso superior de su casa comunal sobre pilotes para su siesta del mediodía. Vio a los brahmines cabezas de familia dirigirse al norte hacia la arboleda y se dirigió a su mayordomo:

—Mayordomo, ¿por qué los brahmines cabezas de familia se dirigen al norte hacia la arboleda?

—El asceta Kumāra Kassapa, un discípulo del asceta Gotama, se aloja en el bosque de Palosanto del Continente Central al norte de Setavyā. Tiene esta buena reputación: «Es sabio, competente, inteligente, culto, un predicador brillante, elocuente, maduro, perfeccionado». Van a ver a Kumāra Kassapa.

—Bien, entonces ve a ver a los brahmines cabezas de familia y diles: «Señores, el alto cortesano Pāyāsi os pide que esperéis, ya que también irá a ver al asceta Kumāra Kassapa» antes de que Kumāra Kassapa, convenza a esos cabezas de familia brahmanes estúpidos e incompetentes de que hay una vida después de la muerte, que hay seres que renacen espontáneamente y que hay un fruto o resultado de buenas y malas acciones, ¡porque ninguna de estas cosas son verdad!

—Sí, señor —respondió el mayordomo, e hizo lo que se le pidió.

Entonces Pāyāsi, escoltado por los brahmines cabezas de familia, se acercó a Kumāra Kassapa e intercambió saludos con él. Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado. Antes de sentarse a un lado, algunos de los brahmines y cabezas de familia de Setavyā se inclinaron, algunos intercambiaron saludos y una conversación cortés, algunos levantaron las palmas de las manos juntas hacia Kumāra Kassapa, algunos anunciaron su nombre y clan, mientras que otros guardaron silencio.

2. Nihilismo

Sentado a un lado, el alto cortesano Pāyāsi le dijo al venerable Kumāra Kassapa:

—Maestro Kassapa, esta es mi doctrina y mi creencia: «No hay otra vida. Ningún ser renace espontáneamente. No hay fruto ni resultado de buenas y malas acciones».

—Bueno, alto cortesano, nunca había visto ni escuchado de nadie que tuviera tal doctrina o creencia. Porque, ¿cómo puede alguien decir tal cosa?

2.1. El símil de la luna y el sol

Bien, entonces, alto cortesano, te preguntaré sobre esto a cambio, y podrás responder como quieras.

—¿Qué piensas, alto cortesano? ¿Está la luna y el sol en este mundo o en el otro mundo? ¿Son devas o humanos?

—Están en el otro mundo, maestro Kassapa, y son devas, no humanos.

—Así, alto cortesano, debes considerar que hay una vida después de la muerte, que hay seres que renacen espontáneamente y que hay un fruto o resultado de buenas y malas acciones.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida, ningún ser renace espontáneamente y no hay fruto o resultado de buenas y malas acciones.

—¿Existe algún método por el cual puedas probar lo que dices?

—Lo hay, Maestro Kassapa.

—¿Cómo exactamente, alto cortesano?

—Bueno, tengo amigos y colegas, familiares y parientes que matan seres vivos, roban y tienen relaciones con la mujer de otro. Usan un discurso que es falso, divisivo, áspero o sin sentido. Y son codiciosos, maliciosos, con una creencia errónea. Algún tiempo después se enferman, sufren, se enferman gravemente. Cuando sé que no se recuperarán de su enfermedad, me acerco a ellos y les digo:

«Señores, hay algunos ascetas y brahmanes que tienen esta doctrina y creencia: «Los que matan seres vivos, roban y tienen relaciones con la mujer de otro. Usan un discurso que es falso, divisivo, áspero o sin sentido. Y son codiciosos, maliciosos, con una creencia errónea: al romperse su cuerpo, después de la muerte, renacen en un lugar de desgracia, un mal lugar, el inframundo, el infierno. Haces todas estas cosas». Si lo que dicen esos ascetas y brahmanes es cierto, cuando tu cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerás en un lugar de pérdida, un mal lugar, el inframundo, el infierno.

Si eso sucede, señores, venid y decidme que hay una vida después de la muerte, que hay seres que renacen espontáneamente y que hay un fruto o resultado de buenas y malas acciones.

Confío en vosotros y os creo. Todo lo que veáis será como si lo hubiera visto yo mismo».

Están de acuerdo con esto. Pero no vuelven a avisarme, ni envían mensajeros.

Este es el método por el cual pruebo que no hay otra vida, que ningún ser renace espontáneamente y que no hay fruto o resultado de las acciones meritorias o de las acciones perjudiciales.

2.2. El símil del bandido

—Bien, entonces, alto cortesano, te preguntaré sobre esto a cambio, y podrás responder como quieras. ¿Qué piensa, alto cortesano? Supongamos que arrestan a un bandido, un criminal y te lo presentan diciendo: «Señor, este es un bandido, un criminal. Castígalo como quieras».

Entonces dirían: «Bueno, entonces, guardias, atad los brazos de este hombre con fuerza detrás de su espalda con una cuerda fuerte. Afeitadle la cabeza y hacedle marchar de calle en calle y de plaza en plaza al son de un tambor áspero. Luego sacadlo por la puerta del sur y allí, en el lugar de ejecución al sur de la ciudad, cortadle la cabeza».

Diciendo: «Bien», harían lo que se les dijo, sentándolo en el lugar de ejecución. ¿Podría ese bandido hacer que los verdugos esperaran, diciendo: «¡Por favor, buenos verdugos! Tengo amigos y colegas, familiares y parientes en tal o cual aldea o ciudad. Esperad hasta que los haya visitado, luego volveré»?¿O simplemente le cortarían la cabeza mientras seguía parloteando?

—Simplemente le cortarían la cabeza.

—Así que ni siquiera un bandido humano podría conseguir que sus verdugos humanos detuvieran su ejecución.

¿Qué hay entonces de tus amigos y colegas, familiares y parientes que renacen en un reino inferior después de hacer cosas malas? ¿Podrías hacer que los guardianes del infierno esperaran, diciendo: «¡Por favor, buenos guardianes del infierno! ¡Esperad hasta que haya ido al alto cortesano Pāyāsi para decirle que hay una vida después de la muerte, que hay seres que renacen espontáneamente y que hay un fruto o resultado de buenas y malas acciones!?».

Por este método, también, debería probarse que hay una vida después de la muerte, que hay seres que renacen espontáneamente y que hay un fruto o resultado de buenas y malas acciones.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Existe algún otro método por el cual puedas probar lo que dices?

—Lo hay, Maestro Kassapa.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Bueno, tengo amigos y colegas, familiares y parientes que se abstienen de matar seres vivos, de robar y de tener relaciones sexuales con la mujer de otro. Se abstienen de hablar lo que es falso, divisivo, duro o sin sentido. Y están satisfechos, son benevolentes, y tienen la creencia correcta.

Algún tiempo después se desmejoran, sufren, se enferma gravemente. Cuando sé que no se recuperarán de su enfermedad, me acerco a ellos y les digo:

«Señores, hay algunos ascetas y brahmanes que tienen esta doctrina y creencia: «Aquellos que se abstienen de matar seres vivos, de robar y de tener relaciones sexuales con la mujer de otro, que se abstienen de hablar lo que es falso, divisivo, duro o sin sentido, y están satisfechos, son bondadosos, y tienen la creencia correcta, cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerán en un buen lugar, un reino celestial».

Hacéis todas estas cosas. Si lo que dicen esos ascetas y brahmanes es cierto, cuando vuestro cuerpo se rompa, después de la muerte, renaceréis en un buen lugar, un reino celestial.

Si eso sucede, señores, venid y decidme que hay una vida futura. Confío en vosotros y os creo. Todo lo que veáis será como si lo hubiera visto yo mismo».

Están de acuerdo con esto. Pero no vuelven a avisarme, ni envían mensajeros. Este es el método por el que demuestro que no hay otra vida.

2.3. El símil de la cloaca

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil. Porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

Supongamos que hubiera un hombre hundido sobre su cabeza en una alcantarilla. Luego le ordenas a alguien que lo sacara de la alcantarilla, y él estaría de acuerdo en hacerlo. Luego le dirías que rasparan con cuidado el excremento del cuerpo de ese hombre con raspadores de bambú, y estarían de acuerdo en hacerlo. Entonces le dirías que frotara cuidadosamente el cuerpo de ese hombre con arcilla pálida tres veces, y lo haría. Entonces le dirías que untase el cuerpo de ese hombre con aceite y lo lavase cuidadosamente con una pasta fina tres veces, y así lo haría. Entonces le dirías que arreglara el cabello y la barba de ese hombre, y lo haría. Entonces le dirías que le diera a ese hombre guirnaldas, maquillaje y ropa costosos, y lo haría.

¿Qué piensas, alto cortesano?

Ahora ese hombre está bien bañado y ungido, con cabello y barba arreglados, adornado con guirnaldas y brazaletes, vestido de blanco, gozando con los cinco sentidos en el piso de arriba en la casa comunal sobre pilotes. ¿Querría volver a sumergirse en esa alcantarilla?

—No, maestro Kassapa.

—¿Por qué razón?

—Porque esa alcantarilla está sucia, apestosa, repugnante y repulsiva, y se la considera así.

—De la misma manera, alto cortesano, para los devas, los seres humanos son inmundos, apestosos, repugnantes y repulsivos, y son considerados como tales. El olor de los humanos llega a los devas incluso a cien yojanas de distancia.

¿Qué pasa entonces con sus amigos y colegas, familiares y parientes que renacen en un reino superior después de hacer cosas buenas? ¿Volverán para decirte que hay una vida futura?

También con este método se debería demostrar que hay una vida después de la muerte.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Puedes probarlo?

—Puedo.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Bueno, tengo amigos y colegas, familiares y parientes que se abstienen de matar seres vivos, de robar y de tener relaciones sexuales con la mujer de otro. Se abstienen de hablar lo que es falso, divisivo, duro o sin sentido. Y están satisfechos, son benevolentes, y tienen la creencia correcta.

Algún tiempo después se desmejoran, sufren, se enferma gravemente. Cuando sé que no se recuperarán de su enfermedad, me acerco a ellos y les digo:

—Señores, hay algunos ascetas y brahmanes que tienen esta doctrina y creencia: «Aquellos que se abstienen de matar seres vivos, de robar y de tener relaciones sexuales con la mujer de otro, que se abstienen de hablar lo que es falso, divisivo, duro o sin sentido, y están satisfechos, son bondadosos, y tienen la creencia correcta, cuando su cuerpo se rompa, después de la muerte, renacerán en un buen lugar, un reino celestial, en compañía de los Devas de los Treinta y Tres».

Hacéis todas estas cosas.

Si lo que dicen esos ascetas y brahmanes es cierto, cuando vuestro cuerpo se rompa, después de la muerte, renaceréis en compañía de los Devas de los Treinta y Tres.

Si eso sucede, señores, venid y decidme que hay una vida futura. Confío en vosotros y os creo. Todo lo que veáis será como si lo hubiera visto yo mismo».

Están de acuerdo con esto. Pero no vuelven a avisarme, ni envían mensajeros. Este es el método por el que demuestro que no hay otra vida.

2.4. El símil de los Devas de los Treinta y Tres

—Bien, entonces, alto cortesano, te preguntaré sobre esto a cambio, y podrás responder como quieras. Cien años humanos equivalen a un día y una noche para los Devas de los Treinta y Tres. Treinta de esos días hacen un mes y doce meses hacen un año. Los Devas de los Treinta y Tres tienen una vida útil de mil años. Ahora, en cuanto a tus amigos que renacen en compañía de los Devas de los Treinta y Tres después de hacer cosas buenas. Si piensan: «Primero me divertiré durante dos o tres días, gozando con los cinco sentidos celestiales. Entonces volveré con Pāyāsi y le diré que hay una vida después de la muerte». ¿Volverían para decirte que hay una vida después de la muerte?

—No, maestro Kassapa. Porque para entonces ya estaría muerto. Pero Maestro Kassapa, ¿quién le ha dicho que los Devas de los Treinta y Tres existen o que tiene una vida tan larga? No te creo.

2.5. Ciego de nacimiento

—Alto cortesano, supongamos que hubiera una persona ciega de nacimiento. No podía ver imágenes oscuras o brillantes, azules, amarillas, rojas o magentas. No podía ver un suelo uniforme y desigual, ni las estrellas, ni la luna y el sol. Diría: «No existen imágenes oscuras y brillantes, y nadie que las vea. No existe el azul, el amarillo, el rojo, el magenta, el suelo uniforme y desigual, las estrellas, la luna y el sol, y nadie que vea estas cosas. No lo sé ni lo veo, por lo tanto no existe». ¿Estaría hablado correctamente?

—No, maestro Kassapa. Hay cosas tales como imágenes oscuras y brillantes, y quien las ve. Y esas otras cosas también son reales, al igual que quien las ve. Entonces no es correcto decir esto: «No lo sé ni lo veo, por lo tanto no existe».

—De la misma manera, alto cortesano, cuando me dices que no me crees, pareces el ciego del símil. No puedes ver el otro mundo como piensas, con el ojo de la carne. Hay ascetas y brahmanes que viven en la selva, frecuentando cobijos remotos en la selva y el bosque. Contemplando diligentemente, vivos y decididos, purifican el ojo divino, el poder de la clarividencia. Con una clarividencia purificada y sobrehumana, ven este mundo y el otro mundo, y los seres que renacen espontáneamente. Así es como se ve el otro mundo, no como piensas, con el ojo de la carne. También con este método se debería demostrar que hay una vida después de la muerte.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Puedes probarlo?

—Puedo.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Bueno, veo ascetas y brahmanes que son éticos, de buen carácter, que quieren vivir y no quieren morir, que quieren ser felices y retroceden ante el dolor. Pienso para mí mismo: «Si esos ascetas y brahmanes supieran que las cosas les irían mejor después de la muerte, beberían veneno, se cortarían las muñecas, se ahorcarían o se arrojarían por un acantilado. No deben saber que las cosas les irán mejor después de la muerte. Por eso son éticos, de buen carácter, con ganas de vivir y no con ganas de morir, con ganas de ser felices y retrocediendo ante el dolor».

Este es el método por el que demuestro que no hay otra vida.

2.6. El símil de la embarazada

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, cierto brahmán tenía dos esposas. Una tenía un hijo de diez o doce años, mientras que la otra estaba embarazada y se acercaba a su tiempo. Luego, el brahmán falleció.

Entonces el niño le dijo a la coesposa de su madre:

—Señora, toda la riqueza, el grano, la plata y el oro son míos, y tú no tienes nada. Transfiéreme la herencia de mi padre.

Pero la dama brahmán le dijo:

—Espera, querido, hasta que dé a luz. Si es un niño, una parte será suya. Si es una niña, será todo para ti.

Pero por segunda y tercera vez, el joven insistió en que toda la herencia debía ser suya.

Así que la dama brahmán tomó un cuchillo, se fue a su habitación y se abrió el vientre, pensando: «¡Daré a luz, ya sea niño o niña!». Ella destruyó su propia vida y la del feto, así como cualquier riqueza.

Siendo tonta e incompetente, buscó una herencia irracionalmente y cayó en la ruina y el desastre. De la misma manera, alto cortesano, siendo tonto e incompetente, estás buscado irracionalmente el otro mundo y caerás en la ruina y el desastre, como esa dama brahmán. Los buenos ascetas y brahmanes no obligan a madurar lo que no está maduro, más bien, esperan a que madure.

Porque la vida de los ascetas y brahmanes inteligentes es beneficiosa. Mientras viven, los buenos ascetas y brahmanes se hacen un gran bien a sí mismos y actúan para el bienestar y la felicidad de la gente, el beneficio, el bienestar y la felicidad de devas y humanos.

También con este método se debería demostrar que hay una vida después de la muerte.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Puedes probarlo?

—Puedo.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Supongamos que arrestan a un bandido, un criminal y me lo presentan, diciendo: «Señor, este es un bandido, un criminal. Castígalo como quieras».

Les digo: «Bueno, entonces, señores, coloquen a este hombre en una olla mientras aún está vivo. Cerradle la boca, cubridla con cuero húmedo y selladla con una capa espesa de arcilla húmeda. Luego levantadlo sobre una estufa y encended fuego.

Están de acuerdo y hace lo que le pido. Cuando sabemos que ese hombre ha fallecido, bajamos la olla y la abrimos, destapamos la boca y miramos adentro lentamente, pensando: «Ojalá veamos escapar su alma». Pero no vemos que su alma se escape. Así es como demuestro que no hay otra vida».

2.7. El símil del sueño

—Bien, entonces, alto cortesano, te preguntaré sobre esto a cambio, y podrás responder como quieras. ¿Recuerdas haber dormido alguna vez la siesta al mediodía y haber visto hermosos parques, bosques, prados y estanques de lotos en un sueño?

—Sí, señor.

—¿En ese momento estabas protegido por jorobados, enanos, enanos y crías?

—Lo estaba.

—¿Pero vieron tu alma entrar o salir?

—No, no lo hicieron.

—Entonces, si ellos ni siquiera pudieron ver tu alma entrando o saliendo mientras aún estabas vivo, ¿cómo podrías ver el alma de un hombre muerto?

Por este método, también, debería probarse que hay una vida después de la muerte, que hay seres que renacen espontáneamente y que hay un fruto o resultado de buenas y malas acciones.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Puedes probarlo?

—Puedo.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Supongamos que arrestan a un bandido, un criminal y me lo presentan, diciendo: «Señor, este es un bandido, un criminal. Castígalo como quieras». Les digo: «Bueno, señores, pesad a este hombre en una balanza mientras aún está vivo. Luego estranguladlo con una cuerda de arco y, cuando esté muerto, volved a pesarlo».

Están de acuerdo y hacen lo que le pido. Mientras está vivo, es más ligero, más suave y más flexible. Pero cuando muere se vuelve más pesado, rígido y menos flexible. Así es como demuestro que no hay otra vida.

2.8. El símil de la bola de hierro caliente

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

Supongamos que una persona debe calentar una bola de hierro todo el día hasta que esté ardiente, encendido e incandescente, y luego la pesa con una balanza. Después de un tiempo, cuando se enfría y se apaga, lo pesan de nuevo. ¿Cuándo sería esa bola de hierro más liviana, más suave y más manejable, cuando esté ardiendo o cuando esté fría?

—Mientras la bola de hierro esté llena de calor y aire, ardiente, encendido e incandescente, es más liviana, más suave y más manejable. Pero cuando carece de calor y aire, enfriado y extinguido, es más pesado, más rígido y menos viable.

—De la misma manera, mientras este cuerpo esté lleno de vida, calor y conciencia, es más ligero, más suave y más flexible. Pero cuando carece de vida, calidez y conciencia, es más pesado, rígido y menos flexible. También con este método se debería demostrar que hay una vida después de la muerte.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Puedes probarlo?

—Puedo.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Supongamos que arrestan a un bandido, un criminal y me lo presentan, diciendo: «Señor, este es un bandido, un criminal. Castígalo como quieras».

Les digo: «Bueno, señores, tomen la vida de este hombre sin dañar su piel exterior, piel interior, carne, tendones, huesos o médula. Ojalá veamos escapar su alma».

Están de acuerdo y hacen lo que le pido. Cuando está medio muerto, les digo que lo acuesten de espaldas con la esperanza de ver escapar su alma. Ellos lo hacen. Pero no vemos que su alma se escape. Les digo que lo acuesten inclinado, que lo acuesten de lado, que lo pongan del otro lado, que lo pongan en pie, que lo pongan boca abajo, que lo golpeen con puños, piedras, varas y espadas, y que le den una buena sacudida con la esperanza de ver escapar su alma.

Ellos hacen todas estas cosas. Pero no vemos que su alma se escape. Para él, el ojo mismo está presente, al igual que esas imágenes. Sin embargo, no experimenta ese campo sensorial. El oído en sí está presente, y también esos sonidos. Sin embargo, no experimenta ese campo sensorial. La nariz misma está presente, al igual que esos olores. Sin embargo, no experimenta ese campo sensorial. La lengua misma está presente, y también esos gustos. Sin embargo, no experimenta ese campo sensorial. El cuerpo mismo está presente, y también esos tactos. Sin embargo, no experimenta ese campo sensorial.

Así es como demuestro que no hay otra vida.

2.9. El símil del soplador de cuernos

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, cierto soplador de cuerno tomó su cuerno y viajó a una zona fronteriza, donde fue a cierta aldea. De pie en medio de la aldea, hizo sonar su cuerno tres veces, luego lo colocó en el suelo y se sentó a un lado. Entonces la gente de la zona fronteriza pensó: «¿Qué hace este sonido tan excitante, sensual, embriagador, apasionante y cautivador?». Se reunieron alrededor del soplador de cuerno y le dijeron:

—Señor, ¿qué está haciendo este sonido, tan excitante, sensual, embriagador, apasionante y cautivador?

—El sonido se produce con esto, que se llama cuerno.

Colocaron ese cuerno sobre su espalda y dijeron:

—¡Habla, buen cuerno! ¡Habla, buen cuerno! Pero el cuerno siguió sin emitir ningún sonido.

Luego pusieron el cuerno doblado, lo pusieron de lado, lo pusieron del otro lado, lo pusieron en posición vertical, lo pusieron boca abajo, lo golpearon con puños, piedras, varas y espadas, y le dieron una buena sacudida, diciendo:

—¡Habla, buen cuerno! ¡Habla, buen cuerno! Pero el cuerno siguió sin emitir ningún sonido.

Así que el soplador de cuernos pensó: «¡Qué tontos son estos habitantes de la frontera! Porque, ¿cómo pueden buscar el sonido de un cuerno de manera tan irracional?».

Y mientras ellos miraban, tomó el cuerno, lo hizo sonar tres veces y se lo llevó. Entonces la gente de la zona fronteriza pensó: «Entonces, parece que, cuando lo que se llama “un cuerno” está acompañado por una persona, por esfuerzo y por viento, hace un sonido. Pero cuando estas cosas están ausentes, no suena».

De la misma manera, mientras este cuerpo está lleno de vida, calor y conciencia, camina de un lado a otro, se para, se sienta y se acuesta. Ve las cosas con los ojos, oye los sonidos con el oído, huele los olores con la nariz, prueba los sabores con la lengua, siente el tacto del cuerpo y conoce los pensamientos con el intelecto. Pero cuando le falta vida, calidez y conciencia, no hace ninguna de estas cosas. También con este método se debería demostrar que hay una vida después de la muerte.

—Digas lo que digas sobre este asunto, maestro Kassapa, sigo pensando que no hay otra vida.

—¿Puedes probarlo?

—Puedo.

—¿Cómo, exactamente, alto cortesano?

—Supongamos que arrestan a un bandido, un criminal y me lo presentan, diciendo: «Señor, este es un bandido, un criminal. Castígalo como quieras».

Les digo: «Bueno, señores, cortad la piel exterior de este hombre. Ojalá podamos ver su alma».

Le cortaron la piel exterior, pero no vemos el alma.

Les digo: «Bien, entonces, señores, cortad la piel interior, la carne, los tendones, los huesos o la médula. Ojalá veamos su alma».

Lo hacen, pero no vemos el alma. Así es como demuestro que no hay otra vida.

2.10. El símil del asceta de pelo enmarañado adorador del fuego

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, cierto asceta de cabello enmarañado adorador del fuego se instaló en una choza de hojas en una región salvaje. Luego salió una caravana de cierto país. Se quedó una noche no lejos de la morada del bosque de ese asceta y luego siguió su camino. El asceta pensó: «¿Por qué no voy al campamento de esa caravana? Ojalá encuentre algo útil allí».

Así que fue y vio a un niño pequeño abandonado. Cuando lo vio pensó: «No es apropiado dejar que un ser humano muera. ¿Por qué no llevo a este niño a mi morada del bosque, lo cuido, lo alimento y lo crío?».

—Entonces eso es lo que hizo.

Cuando el niño tenía diez o doce años, el asceta tuvo algún negocio en el campo. Entonces le dijo al niño: «Querido, deseo ir al campo. Sirve la llama sagrada. No la apagues. Pero si la apagas, aquí está el hacha, la leña y el manojo de palos de perforación. Enciende el fuego y sírvelo». Y habiendo instruido al niño, el asceta se fue al campo.

Pero el niño estaba tan concentrado en su juego que el fuego se apagó. Pensó: «Mi padre me dijo que sirviera a la llama sagrada».

—¿Por qué no lo enciendo de nuevo y lo sirvo?

De modo que cortó el manojo de palos de perforación con el hacha, pensando: «¡Ojalá consiga un fuego!». Pero no consiguió encenderlo.

Dividió el paquete de palos de perforación en dos, tres, cuatro, cinco, diez o cien partes. Los cortó en astillas, los golpeó con un mortero y los arrastró con un viento fuerte, pensando: «¡Ojalá consiga un fuego!». Pero no consiguió encenderlo.

Entonces el asceta de cabello enmarañado, habiendo concluido sus negocios en el campo, regresó a su propia morada del bosque y le dijo al niño:

—¿Espero, querido, que el fuego no se apagara?

Y el chico le contó lo que había pasado. Entonces el asceta pensó: «¡Qué tonto es este muchacho, qué incompetente! Porque, ¿cómo puede encender un fuego tan irracionalmente?».

Entonces, mientras el niño miraba, tomó un paquete de palos de fuego, encendió el fuego y le dijo:

—Querido muchacho, así es como se enciende un fuego. No de las formas tontas e incompetentes en que lo trataste de encender tan irracionalmente.

De la misma manera, alto cortesano, siendo tonto e incompetente, buscas irracionalmente el otro mundo.

¡Abandona este dañino error, alto cortesano, déjalo! ¡No te generes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

—A pesar de que el Maestro Kassapa dice esto, todavía no puedo dejar de lado este dañino concepto erróneo. El rey Pasenadi de Kosala conoce mis creencias, al igual que los reyes extranjeros. Si dejo de lado este dañino concepto erróneo, la gente dirá que el alto cortesano Pāyāsi es estúpido y que no ha entendido nada. Por tanto, me aferraré a ella, porque soy orgulloso y me mostraré firme y constante.

2.11. El símil de los dos líderes de la caravana

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, una gran caravana de mil carros viajó desde un país del este al oeste. Dondequiera que fueran, consumían rápidamente la hierba, la madera, el agua y el follaje verde. Ahora, esa caravana tenía dos líderes, cada uno al mando de quinientos carros. Pensaron: «Esta es una gran caravana de mil carros. Dondequiera que vayamos, consumimos rápidamente la hierba, la madera, el agua y el follaje verde. ¿Por qué no dividimos la caravana en dos mitades?».

Entonces eso es lo que hicieron.

Un líder de la caravana, después de haber preparado mucha hierba, leña y agua, puso en marcha la caravana. Después de dos o tres días de viaje, vio a un hombre moreno con ojos rojos que venía en sentido contrario en un carro tirado por burros con ruedas embarradas. Estaba blindado con un carcaj y adornado con una flor de loto amarilla, y su ropa y su cabello estaban todos mojados. Al verlo, dijo:

—Señor, ¿de dónde eres?

—De tal o cual país.

—¿Y a dónde vas?

—Al país llamado tal.

—Pero, ¿ha llovido mucho en la selva más adelante?

—En efecto, señor. Los senderos están salpicados de agua y hay mucha hierba, madera y agua. Desecha la carga que lleves de hierba, madera y agua. Tus carros se moverán rápidamente cuando estén ligeramente cargados, así que no canses a tus equipos de tiro.

Así que el líder de la caravana se dirigió a sus conductores:

—Este hombre dice que ha llovido mucho en la selva más adelante. Nos aconseja que tiremos la hierba, la madera y el agua. Los carros se moverán rápidamente cuando estén ligeros y no cansarán a nuestros equipos de tiro. Así que tiremos la hierba, la madera y el agua y reiniciemos la caravana con carros con poca carga.

—Sí, señor —respondieron los conductores, y eso fue lo que hicieron.

Pero en el primer campamento de la caravana no vieron pasto, madera ni agua. Y en el segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo campamento no vieron pasto, madera ni agua. Y todo cayó en la ruina y en el desastre. Y los hombres y las bestias de esa caravana fueron devorados por ese espíritu no humano. Solo quedaron sus huesos.

Ahora, cuando el líder de la segunda caravana supo que la primera caravana estaba en marcha, preparó mucha hierba, leña y agua y puso en marcha la caravana.

Después de dos o tres días de viaje, vio a un hombre moreno con ojos rojos que venía en sentido contrario en un carro tirado por burros con ruedas embarradas. Estaba blindado con un carcaj y adornado con una flor de loto amarilla, y su ropa y su cabello estaban todos mojados. Al verlo, dijo:

—Señor, ¿de dónde eres?

—De tal o cual país.

—¿Y a dónde vas?

—Al país llamado tal.

—Pero, ¿ha llovido mucho en la selva más adelante?

—En efecto, señor. Los senderos están salpicados de agua y hay mucha hierba, madera y agua. Desecha la carga que lleves de hierba, madera y agua. Tus carros se moverán rápidamente cuando estén ligeramente cargados, así que no canses a tus equipos de tiro.

Así que el líder de la caravana se dirigió a sus conductores:

—Este hombre dice que ha llovido mucho en la selva más adelante. Nos aconseja que tiremos la hierba, la madera y el agua. Los carros se moverán rápidamente cuando estén ligeros y no cansarán a nuestros equipos de tiro. Pero esta persona no es ni amiga ni pariente nuestra. ¿Qué hacemos?

—No debemos tirar hierba, madera o agua, sino continuar con nuestras mercancías cargadas como antes. No tiraremos ninguna carga vieja.

—Sí, señor —respondieron los conductores, y reiniciaron la caravana con la mercancía cargada como antes.

Y en el primer campamento de la caravana no vieron pasto, madera ni agua. Y en el segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo campamento no vieron pasto, madera ni agua. Y vieron la otra caravana que se había arruinado. Y vieron los huesos de los hombres y las bestias que habían sido devorados por ese espíritu no humano.

Así que el líder de la caravana se dirigió a sus conductores:

—Esta caravana se arruinó, como sucede cuando es guiada por un tonto líder de caravana. Bien, señores, tirad a la basura cualquier mercancía que sea de poco valor y tomad lo que sea valioso de esta caravana.

—Sí, señor —respondieron los conductores, y eso fue lo que hicieron.

Cruzaron la selva con seguridad, como sucede cuando son guiados por un sabio líder de caravana.

De la misma manera, alto cortesano, siendo tonto e incompetente, llegarás a la ruina buscado el otro mundo irracionalmente, como el primer líder de la caravana. Y aquél que cree que vale la pena escuchar y confiar en ti también se arruinará, como los conductores. ¡Abandona este dañino error, alto cortesano, déjalo! ¡No te generes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

—A pesar de que el Maestro Kassapa dice esto, todavía no puedo dejar de lado este dañino concepto erróneo. El rey Pasenadi de Kosala conoce mis creencias, al igual que los reyes extranjeros. Si dejo de lado este dañino concepto erróneo, la gente dirá que el alto cortesano Pāyāsi es estúpido y que no ha entendido nada. Por tanto, me aferraré a ella, porque soy orgulloso y me mostraré firme y constante.

2.12. El símil del portador de estiércol

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, cierto porquerizo se fue de su propia aldea a otra aldea. Allí vio un gran montón de estiércol seco abandonado. Pensó: «Este montón de estiércol seco puede servir como alimento para mis cerdos. ¿Por qué no me lo llevo?».

Así que extendió su túnica superior, echó encima el estiércol seco, lo ató en un bulto, se lo puso en la cabeza y siguió su camino. Mientras se dirigía, se desató una gran tormenta repentina. Manchado de excremento que goteaba y le rezumaba hasta las uñas, siguió llevando la carga de estiércol.

Cuando la gente lo vio, dijo:

—¿Te has vuelto loco, señor? ¿Has perdido la cabeza? Porque, ¿cómo puedes, manchado de excrementos que gotean hasta las uñas, y seguir llevando esa carga de excrementos?

—¡Vosotros sois los locos, señores! ¡Vosotros sois los que habéis perdido la cabeza! Porque esto servirá de alimento a mis cerdos.

—De la misma manera, alto cortesano, tú pareces el portador de estiércol en el símil. ¡Abandona este dañino error, alto cortesano, déjalo! ¡No te generes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

—A pesar de que el Maestro Kassapa dice esto, todavía no puedo dejar de lado este dañino concepto erróneo. El rey Pasenadi de Kosala conoce mis creencias, al igual que los reyes extranjeros. Si dejo de lado este dañino concepto erróneo, la gente dirá que el alto cortesano Pāyāsi es estúpido y que no ha entendido nada. Por tanto, me aferraré a ella, porque soy orgulloso y me mostraré firme y constante.

2.13. El símil de los jugadores

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, dos jugadores jugaban a los dados. Un jugador, cada vez que hacía un mal lanzamiento, se metía los dados en la boca. El segundo jugador lo vio y dijo:

—Bueno, amigo mío, ¡lo has ganado todo! Dame los dados, los ofreceré como sacrificio.

—Sí, amigo mío —respondió el jugador y se los dio.

Habiendo empapado los dados en veneno, el jugador le dijo al otro:

—Ven, amigo mío, juguemos a los dados.

—Sí, amigo mío —respondió el otro jugador.

Y por segunda vez los apostadores jugaron a los dados. Y por segunda vez, cada vez que hacía un mal lanzamiento, ese jugador se metía los dados en la boca.

El segundo jugador lo vio y dijo:

El hombre se mete los dados en la boca,

sin darse cuenta que están untados con veneno ardiente.

¡Traga, cae en la maldita trampa, traga!

¡Pronto conocerás la fruta amarga!

De la misma manera, alto cortesano, te pareces al jugador del símil. ¡Abandona este dañino error, alto cortesano, déjalo! ¡No te generes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

2.14. El símil del hombre que llevaba cáñamo

—Bien, entonces, alto cortesano, te daré un símil, porque mediante un símil algunas personas sensatas comprenden el significado de lo que se dice.

En una ocasión, los habitantes de un determinado país emigraron. Entonces un amigo le dijo a otro:

—Ven, amigo mío, vamos a ese país. ¡Ojalá consigamos algunas riquezas allí!

—Sí, amigo mío —respondió el otro.

Fueron a ese país y a cierto lugar en una aldea. Allí vieron un montón de cáñamo solar abandonado. Al verlo, un amigo le dijo al otro:

—Este es un montón de cáñamo solar abandonado. Bueno, amigo mío, haz un manojo de cáñamo y yo también haré otro. Cojamos los dos un manojo de cáñamo y sigamos.

—Sí, amigo mío, dijo. Con sus bultos de cáñamo se fueron a otro lugar del pueblo.

Allí vieron abandonados muchos hilos de cáñamo. Al verlo, un amigo le dijo al otro:

—¡Este montón de hilo de cáñamo solar abandonado es justo para lo que queríamos el cáñamo! Bien, amigo mío, abandonemos nuestros manojos de cáñamo, cojamos ambos un manojo de hilo de cáñamo y sigamos.

—Ya llevé mucho este paquete de cáñamo y está bien atado. Es lo suficientemente bueno para mí, ¿comprendes?

Entonces, uno de los dos amigos abandonó su paquete de cáñamo y recogió un paquete de hilo de cáñamo. Fueron a otro lugar del pueblo. Allí vieron abandonadas muchas telas de cáñamo.

Al verlo, un amigo le dijo al otro:

—¡Este montón de tela de cáñamo solar abandonada es justo para lo que queríamos el cáñamo y el hilo de cáñamo! Bien, amigo mío, abandonemos nuestros bultos y cojamos ambos un bulto de tela de cáñamo y sigamos adelante.

—Ya llevé mucho este paquete de cáñamo y está bien atado. Es lo suficientemente bueno para mí, ¿comprendes?

—Entonces, uno de los dos amigos abandonó su paquete de hilo de cáñamo y recogió un paquete de tela de cáñamo.

Fueron a otro lugar del pueblo. Allí vieron un montón de lino y, a su vez, uno de los dos amigos abandonó el hilo de lino, la tela de lino, la seda, el hilo de seda, la tela de seda, el hierro, el cobre, el estaño, el plomo, la plata y el oro.

Al verlo, un amigo le dijo al otro:

—¡Este montón de oro es justo para lo que queríamos todas esas otras cosas! Bien, amigo mío, abandonemos nuestros bultos, cojamos ambos un bulto de oro y sigamos adelante.

—Ya llevé mucho este paquete de cáñamo y está bien atado. Es lo suficientemente bueno para mí, ¿comprendes?

—Así que uno de los dos amigos abandonó su paquete de plata y recogió un paquete de oro.

Luego regresaron a su propia aldea. Cuando un amigo regresó con un manojo de cáñamo, no agradó a sus padres, a sus parejas e hijos, ni a sus amigos y colegas. Y no obtuvo ni placer ni felicidad por ese motivo. Pero cuando el otro amigo regresó con un paquete de oro, complació a sus padres, sus socios e hijos, y a sus amigos y colegas.

Y obtuvo mucho placer y felicidad por eso.

De la misma manera, alto cortesano, pareces el cáñamo del símil. ¡Abandona este dañino error, alto cortesano, déjalo! ¡No te generes daño y sufrimiento por mucho tiempo!

3. Ir al refugio

—¡Estaba encantado y satisfecho con tu primer símil, Maestro Kassapa! Sin embargo, quería escuchar sus diversas soluciones al problema, así que pensé en oponerme a ti de esta manera.

¡Excelente, Maestro Kassapa! ¡Excelente! Como si estuviera enderezando lo volcado, o revelando lo oculto, o señalando el camino hacia lo perdido, o encendiendo una lámpara en la oscuridad para que las personas con buenos ojos puedan ver lo que hay, el Maestro Kassapa ha dejado clara la enseñanza de muchas maneras.

Me refugio en el Maestro Gotama, en la enseñanza y en el Saṅgha de los bhikkhus. A partir de este día, que el Maestro Kassapa me recuerde como un seguidor laico que ha buscado refugio de por vida.

Maestro Kassapa, deseo realizar un gran sacrificio. Por favor, enséñame para que sea para mi bienestar y felicidad por mucho tiempo.

4. Sobre el sacrificio

—Alto cortesano, tomemos el caso del tipo de sacrificio donde se sacrifican ganado, cabras y ovejas, pollos y cerdos, y varios tipos de seres. Y los destinatarios tienen una creencia incorrecta, un pensamiento incorrecto, un discurso incorrecto, una acción incorrecta, una conducta incorrecta, un esfuerzo incorrecto, una práctica incorrecta y una concentración incorrecta. Ese tipo de sacrificio no es muy fructífero, ni beneficioso, ni espléndido ni generoso.

Supongamos que un granjero entrara en un bosque tomando semillas y arado. Y en ese campo estéril, en ese terreno estéril, con tocones sin limpiar, sembró semillas que estaban rotas, estropeadas, dañadas por el clima, infértiles y mal cuidadas. Y los cielos no proporcionan suficiente lluvia cuando es necesario. ¿Crecerán, aumentarán y madurarán esas semillas, y el agricultor obtendría abundante fruta?

—No, Maestro Kassapa.

—De la misma manera, alto cortesano, tomemos el caso del tipo de sacrificio donde se sacrifican ganado, cabras y ovejas, pollos y cerdos, y varias clases de seres. Y los destinatarios tiene una creencia incorrecta, un pensamiento incorrecto, un discurso incorrecto, una acción incorrecta, una conducta incorrecta, un esfuerzo incorrecto, una práctica incorrecta y una concentración incorrecta. Ese tipo de sacrificio no es muy fructífero, ni beneficioso, ni espléndido ni generoso.

Pero tomemos el caso del tipo de sacrificio en el que no se sacrifican ganado, cabras y ovejas, pollos y cerdos, y varios tipos de seres. Y los destinatarios tienen la creencia correcta, el pensamiento correcto, el discurso correcto, la acción correcta, la conducta correcta, el esfuerzo correcto, la práctica correcta y la concentración correcta. Ese tipo de sacrificio es muy fructífero, benéfico, espléndido y generoso.

Supongamos que un granjero entrara en un bosque tomando semillas y arado. Y en ese campo fértil, en ese terreno fértil, con tocones bien limpios, sembró semillas que estaban intactas, vírgenes, no dañadas por el clima, fértiles y bien cuidadas. Y los cielos proporcionan mucha lluvia cuando es necesario. ¿Crecerán, aumentarán y madurarán esas semillas, y el agricultor obtendría abundante fruta?

—Sí, Maestro Kassapa.

—De la misma manera, alto cortesano, tomemos el caso del tipo de sacrificio donde no se sacrifican ganado, cabras y ovejas, pollos y cerdos, y varias clases de seres. Y los destinatarios tiene la creencia correcta, el pensamiento correcto, el discurso correcto, la acción correcta, la conducta correcta, el esfuerzo correcto, la práctica correcta y la concentración correcta.

Ese tipo de sacrificio es muy fructífero, benéfico, espléndido y generoso.

5. Sobre el estudiante brahmán Uttara

Luego, el alto cortesano Pāyāsi preparó una ofrenda para ascetas y brahmines, para pobres, ascetas, viajeros y bhikkhus. En esa ofrenda se ofreció comida como gachas con pepinillos encurtidos y ropa gruesa con colas de bola. Ahora, fue un estudiante brahmán llamado Uttara quien organizó esa ofrenda.

Cuando terminó la ofrenda, se refirió a ella de esta manera: «A través de esta ofrenda, que pueda estar junto con el alto cortesano Pāyāsi en este mundo, pero no en el próximo».

Pāyāsi se enteró de esto, así que llamó a Uttara y le dijo:

—¿Es realmente cierto, querido Uttara, que te referiste a la ofrenda de esta manera?

—Sí, señor.

—¿Pero por qué?

—Los que buscamos el mérito, ¿no esperamos algún resultado de la ofrenda?

—En tu ofrenda se te dio comida como gachas con pepinillos, que ni siquiera querrías tocar con tu pie, mucho más comerlo. Y también ropa pesada con cola de bola, que tampoco querrías tocar con el pie, mucho menos usarlo. Señor, tu eres querido y amado por mí. Pero, ¿cómo puedo reconciliar a alguien tan querido con algo tan desagradable?

—Bueno, entonces querido Uttara, prepara una ofrenda con el mismo tipo de comida que yo como y el mismo tipo de ropa que uso.

—Sí, señor —respondió Uttara, y así lo hizo.

De modo que el alto cortesano Pāyāsi dio ofrendas con desdén, sin pensar, no con sus propias manos y dando los desechos. Cuando su cuerpo se rompió, después de la muerte, renació en compañía de los devas de los Cuatro Grandes Reyes, en el palacio vacío de Serisaka. Pero el estudiante brahmán Uttara, que organizó la ofrenda, dio las dádivas con cuidado, conscientemente, con sus propias manos, sin dar los desechos. Cuando su cuerpo se rompió, después de la muerte, renació en compañía de los Devas de los Treinta y Tres.

6. El deva Pāyāsi

Para ese momento, el venerable Gavampati solía ir a ese palacio vacío de Serisaka vacío para pasar allí el resto del día. Luego, el deva Pāyāsi se acercó a él, se inclinó y se hizo a un lado. Gavampati le dijo:

—¿Quién eres tú, venerable?

—Señor, soy el alto cortesano Pāyāsi.

—¿No tenías la creencia de que no hay otra vida, ningún ser renace espontáneamente y no hay fruto o resultado de buenas y malas acciones?

—Es cierto, señor, tuve esa creencia. Pero el venerable Kumāra Kassapa me disuadió de ese dañino error.

—Pero el estudiante llamado Uttara que organizó esa ofrenda para ti, ¿dónde ha renacido?

—Señor, Uttara dio las dádivas con cuidado, conscientemente, con sus propias manos, sin dar los desechos. Cuando su cuerpo se rompió, después de la muerte, renació en compañía de los Devas de los Treinta y Tres. Pero yo entregué dádivas con descuido, sin pensar, no con mis propias manos, dando los desechos. Cuando mi cuerpo se rompió, después de la muerte, renací en compañía de los devas de los Cuatro Grandes Reyes, en este palacio vacío de Serisaka.

Entonces, señor, cuando hayas regresado al reino humano, por favor anuncia esto: «Haz las dádivas con cuidado, con mucho cuidado, con tus propias manos, sin dar los desechos. El alto cortesano Pāyāsi dio las dádivas sin cuidado, sin pensar, no con sus propias manos, dando los desechos. Cuando su cuerpo se rompió, después de la muerte, renació en compañía de los devas de los Cuatro Grandes Reyes, en el palacio vacío de Serisaka. Pero el estudiante brahmán Uttara, que organizó la ofrenda, dio las dádivas con cuidado, pensativamente, con sus propias manos, sin dar la escoria. Cuando su cuerpo se rompió, después de la muerte, renació en compañía de los Devas de los Treinta y Tres». Entonces, cuando el venerable Gavampati regresó al reino humano, hizo ese anuncio.

DN 22: Los Fundamentos de la Práctica

Esto he oído.

En una ocasión, el Buddha se encontraba en la tierra de los Kurus, cerca de la ciudad kuru llamada Kammāsadamma. Allí, el Buddha se dirigió a los bhikkhus:

—¡Bhikkhus!

—Venerable señor —respondieron.

El Buddha dijo esto:

—Bhikkhus, hay un camino que conduce directamente a la meta, a la purificación de los seres, a superar el dolor y el lamento, a poner fin al sufrimiento y la melancolía, a encontrar el método correcto y a la realización de Nibbāna, es decir, las cuatro instrucciones de la práctica.

—¿Qué cuatro?

—Aquí, bhikkhus, un bhikkhu entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica del cuerpo en el cuerpo, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento.

Entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica de las emociones en las emociones, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento.

Entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica de la mente en la mente, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento.

Entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica de los fenómenos, en el sentido de los factores de aferramiento a la existencia, en los fenómenos, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento.

Las cuatro instrucciones de la práctica es el camino que conduce directamente a la meta, a la purificación de los seres, a superar el dolor y el lamento, a poner fin al sufrimiento y la melancolía, a encontrar el método correcto y a la realización de Nibbāna.

1. Observando el cuerpo

1.1. La Respiración

—Es cuando un bhikkhu se va a la jungla, a la raíz de un árbol o a una choza vacía. Se sienta con las piernas cruzadas y el cuerpo erguido y trae el recuerdo de las instrucciones ante él.

Concentrado, inhala. Concentrado, exhala.

Inhala prolongadamente, entonces distingue claramente: «Estoy inhalado prolongadamente». Exhala prolongadamente, entonces distingue claramente: «Estoy exhalado prolongadamente».

Inhala sutilmente, entonces distingue claramente: «Estoy inhalado sutilmente». Exhala sutilmente, entonces distingue claramente: «Estoy exhalado sutilmente».

Se entrena inhalado aquietando el movimiento del cuerpo. Se entrena exhalado aquietando el movimiento del cuerpo. Es como un experto tornero o un aprendiz de tornero. Cuando hace un torneado largo sabe claramente que «Estoy haciendo un torneado largo», y cuando hace un torneado corto, sabe que «Estoy haciendo un torneado corto».

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el cese de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos en el cuerpo. O bien, el recuerdo de que «hay un cuerpo» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

1.2. Las posturas

Además, cuando un bhikkhu camina, sabe: «Estoy caminando». Cuando está de pie, sabe: «Estoy de pie». Cuando están sentados, sabe: «Estoy sentado». Y cuando se acuesta sabe: «Estoy acostado». Cualquiera que sea la postura en la que se encuentre su cuerpo, lo sabe.

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

1.3. Entendimiento

Además, un bhikkhu actúa con entendimiento al salir y al volver, al mirar hacia adelante y hacia un lado, al doblar y extender las extremidades, al llevar el manto exterior, el tazón y la túnica, al comer, beber, masticar y probar, al orinar y defecar, al caminar, levantarse, sentarse, dormir, despertarse, hablar y guardar silencio.

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

1.4. Centrándose en lo repulsivo

Además, un bhikkhu examina su propio cuerpo, desde las plantas de los pies hacia arriba, hasta la punta de los pelos, envuelto en piel y lleno de muchas clases de inmundicias. En este cuerpo hay vello, vello corporal, uñas, dientes, piel, carne, tendones, huesos, médula ósea, riñones, corazón, hígado, diafragma, bazo, pulmones, intestinos, mesenterio, alimentos no digeridos, heces, bilis, flemas, pus, sangre, sudor, grasa, lágrimas, saliva, mocos, líquido sinovial, orina.

Es como si hubiera una bolsa con aberturas en ambos extremos, llena de varios tipos de granos, como arroz fino, trigo, frijoles mungo, guisantes, sésamo y arroz común.

Y alguien con buena vista debía abrirlo y examinar el contenido: «Estos granos son de arroz selecto, estos son de trigo, estos son frijoles mungo, estos son guisantes, estos son sésamo y estos son de arroz común.

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el cese de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos en el cuerpo. O bien, el recuerdo de que «hay un cuerpo» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

1.5. Centrándose en los elementos

Además, un bhikkhu examina su propio cuerpo, cualquiera que sea su ubicación o postura, según los elementos: «En este cuerpo está el elemento tierra, el elemento agua, el elemento fuego y el elemento aire».

Es como si un hábil carnicero o un aprendiz de carnicero matara una vaca y se sentara en el cruce de caminos con la carne cortada en porciones.

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el cese de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos en el cuerpo. O bien, el recuerdo de que «hay un cuerpo» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

1.6. Las contemplaciones del Cementerio

Además, supongamos que un bhikkhu viera un cadáver tirado en un osario. Y ha estado muerto durante uno, dos o tres días, hinchado, lívido y enconado. Lo compararía con su propio cuerpo: «Este cuerpo también es de la misma naturaleza, del mismo tipo, y no puede ir más allá de eso».

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el cese de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos en el cuerpo. O bien, el recuerdo de que «hay un cuerpo» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

Además, supongamos que viera un cadáver desechado en un cementerio siendo devorado por cuervos, halcones, buitres, garzas, perros, tigres, leopardos, chacales y muchas clases de pequeños seres. Lo compararía con su propio cuerpo: «Este cuerpo también es de la misma naturaleza, del mismo tipo, y no puede ir más allá de eso».

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el cese de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos en el cuerpo. O bien, el recuerdo de que «hay un cuerpo» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

Además, supongamos que viera un cadáver desechado en un cementerio, un esqueleto de carne y hueso, unido por tendones…

Un esqueleto sin carne pero manchado de sangre y unido por tendones…

Un esqueleto libre de carne y hueso, unido por tendones…

Huesos sin tendones, esparcidos en todas direcciones. Aquí un hueso de la mano, allí un hueso del pie, aquí un hueso de la espinilla, allí un hueso del muslo, aquí un hueso de la cadera, allí una costilla, aquí una espina dorsal, allí un hueso del brazo, aquí un hueso del cuello, allí una mandíbula, aquí un diente, allí el cráneo…

Huesos blancos, color de conchas… Huesos decrépitos, amontonados en una pila…  Los huesos se pudrieron y se convirtieron en polvo. Lo compararía con su propio cuerpo: «Este cuerpo también es de la misma naturaleza, del mismo tipo, y no puede ir más allá de eso».

Entonces, entrena observando un aspecto del cuerpo subjetivamente, objetivamente, y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el cese de los fenómenos en el cuerpo. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos en el cuerpo.

O bien, el recuerdo de que «hay un cuerpo» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando el cuerpo.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando las emociones?

—Es cuando un bhikkhu que experimenta una reacción emocional agradable sabe: «experimento una reacción emocional agradable».

Cuando experimenta una reacción emocional desagradable, sabe: «Experimento una reacción emocional desagradable».

Cuando experimenta una reacción emocional indiferente, sabe: «Experimento una reacción emocional indiferente».

Cuando experimenta una reacción emocional material agradable, sabe: «Experimento una reacción emocional material agradable».

Cuando experimenta una reacción emocional inmaterial agradable, sabe: «Experimento una reacción emocional inmaterial agradable».

Cuando experimenta una reacción emocional material desagradable, sabe: «Experimento una reacción emocional material desagradable».

Cuando experimenta una reacción emocional inmaterial desagradable, sabe: «Experimento una reacción emocional inmaterial desagradable».

Cuando experimenta una reacción emocional material indiferente, sabe: «Experimento una reacción emocional material indiferente».

Cuando experimenta una reacción emocional inmaterial indiferente, sabe: «Experimento una reacción emocional inmaterial indiferente».

Y entonces entrena observando las emociones subjetiva, objetivamente y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de las emociones. Entrena contemplando el cese de las emociones. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de las emociones. O bien, el recuerdo de que «hay emociones» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando las emociones.

3. Observando la mente

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando la mente?

—Es cuando un bhikkhu reconoce la mente con ansia como «mente con ansia» y la mente sin ansia como «mente sin ansia». Reconoce la mente con odio como «mente con odio» y la mente sin odio como «mente sin odio». Reconoce la mente con engaño como «mente con engaño» y la mente sin engaño como «mente sin engaño». Él reconoce la mente restringida como «mente restringida» y la mente distraída como «mente distraída». Él reconoce la mente expansiva como «mente expansiva» y la mente no expansiva como «mente no expansiva». Reconoce la mente que no es suprema como «mente que no es suprema» y la mente que es suprema como «mente que es suprema». Él reconoce la mente inmersa en la concentración como «mente inmersa en la concentración» y la mente no inmersa en la concentración como «mente no inmersa en la concentración». Él reconoce la mente liberada como «mente liberada» y la mente no liberada como «mente no liberada».

Y entonces entrena observando la mente subjetiva, objetivamente y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de la mente. Entrena contemplando el cese de la mente. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de la mente. O bien, el recuerdo de que «hay mente» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando la mente.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando los fenómenos condicionados?

—Es cuando un bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados con respecto a las cinco adicciones inferiores.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando los fenómenos condicionados con respecto a las cinco adicciones inferiores?

—Es cuando un bhikkhu que tiene un deseo sensual en él entiende: «Tengo un deseo sensual en mí». Cuando no tiene deseo sensual en él, entiende: «No tengo ningún deseo sensual en mí». Entiende cómo surge el ansia sensual, y cómo cuando ya ha surgido, se abandona, y cómo, una vez que se abandona, no vuelve a surgir en el futuro.

Cuando tiene aversión en él, entiende: «Tengo aversión en mí». Cuando no tiene aversión en él, entiende: «No tengo aversión en mí». Entiende cómo surge la aversión, cómo cuando ya ha surgido, se abandona, y cómo, una vez que se abandona, no vuelve a surgir en el futuro.

Cuando tiene adormecimiento y somnolencia, entiende: «Tengo adormecimiento y somnolencia». Cuando no tiene adormecimiento y somnolencia, entiende: «No tengo adormecimiento ni somnolencia en mí». Entiende cómo surgen el adormecimiento y la somnolencia, cómo cuando ya ha surgido, se abandona, y cómo, una vez que se abandona, no vuelve a surgir en el futuro.

Cuando tiene inquietud y remordimiento en él, entiende: «Tengo inquietud y remordimiento en mí». Cuando no tiene inquietud y remordimiento en él, entiende: «No tengo inquietud ni remordimiento en mí». Entiende cómo surgen la inquietud y el remordimiento, cómo cuando ya ha surgido, se abandona, y cómo, una vez que se abandona, no vuelve a surgir en el futuro.

Cuando tiene duda, entiende: «Tengo duda en mí». Cuando no tiene duda en él, entiende: «No tengo duda en mí». Entiende cómo surge la duda, cómo cuando ya ha surgido, se abandona, y cómo, una vez que se abandona, no vuelve a surgir en el futuro.

Y entonces entrena observando los fenómenos condicionados subjetiva, objetivamente y tanto subjetiva como objetivamente.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el cese de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos condicionados. O bien, el recuerdo de que «hay fenómenos condicionados» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados respecto a las cinco adicciones inferiores.

4.2. Los factores de aferramiento a la existencia

Además, un bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados con respecto a los cinco factores de aferramiento a la existencia.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando los fenómenos condicionados con respecto a los cinco factores de aferramiento a la existencia?

—Es cuando un bhikkhu observa: «Estas son las qualia, este es el origen de las qualia, este es el cese de las qualia. Esta es la reacción emocional, este es el origen de la reacción emocional, este es el cese de la reacción emocional. Esta es la percepción, este es el origen de la percepción, este es el cese de la percepción. Así es la situación condicional, así es el origen de la situación condicional, así es el fin de la situación condicional. Esta es la cognición, este es el origen de la cognición, este es el cese de la cognición».

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el cese de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos condicionados. O bien, el recuerdo de que «hay fenómenos condicionados» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados respecto a los cinco factores de aferramiento a la existencia.

4.3. Los seis campos de los sentidos

Además, un bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados con respecto a los seis campos de los sentidos subjetivos y objetivos.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando los fenómenos condicionados con respecto a los seis campos de los sentidos subjetivos y objetivos?

—Es cuando un bhikkhu observa el ojo, la vista y la adicción que surge en función de ambos. Entiende cómo surge la adicción que no ha surgido, cómo se abandona la adicción surgida, y cómo la adicción abandonada llega a no volver a surgir en el futuro.

Observa el oído, los sonidos y la adicción…

Observa la nariz, los olores y la adicción…

Observa la lengua, los gustos y la adicción…

Observa el cuerpo, el tacto y la adicción…

Entiende el intelecto, los pensamientos y las adicciones que surgen dependiendo de ambos. Entiende cómo surge la adicción que no ha surgido, cómo se abandona la adicción surgida, y cómo la adicción abandonada llega a no volver a surgir en el futuro.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el cese de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos condicionados. O bien, el recuerdo de que «hay fenómenos condicionados» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados respecto a los seis campos de los sentidos.

4.4. Los factores del despertar

Además, un bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados con respecto a los siete factores del despertar.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando los fenómenos condicionados con respecto a los siete factores del despertar?

—Es cuando un bhikkhu que tiene el factor de la iluminación de la práctica comprende: «Tengo el factor de la iluminación de la práctica en mí». Cuando no tiene el factor de la iluminación de la práctica en él, entiende: «No tengo el factor de la iluminación de la práctica en mí». Entiende cómo surge el factor despertar de la práctica que no ha surgido, y cómo el factor de la iluminación de la práctica que ha surgido se desarrolla.

Cuando tiene el factor despertar de la exploración de los estados mentales… del esfuerzo… del placer… de la tranquilidad… de la contemplación… de la impasibilidad en él, comprende: «Tengo el factor despertar de la impasibilidad en mí». Cuando no tiene el factor despertar de la impasibilidad en él, entiende: «No tengo el factor despertar de la impasibilidad en mí». Entiende cómo surge el factor despertar de la impasibilidad que no ha surgido, y cómo el despertar del factor de impasibilidad que ha surgido se desarrolla.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el cese de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos condicionados. O bien, el recuerdo de que «hay fenómenos condicionados» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados respecto a los siete factores del despertar.

4.5. Las verdades

Además, un bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados con respecto a las cuatro nobles verdades.

—¿Y cómo entrena un bhikkhu observando un observando los fenómenos condicionados con respecto a las cuatro nobles verdades?

—Es cuando un bhikkhu realmente entiende: «Esto es sufrimiento… Este es el origen del sufrimiento… Este es el cese del sufrimiento… Esta es la práctica que lleva al cese del sufrimiento».

La primera sección de recitación está terminada.

4.5.1. La verdad del sufrimiento

—¿Y cuál es la noble verdad del sufrimiento?

—El renacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, la aflicción, la lamentación, el dolor, la tristeza y la angustia es sufrimiento, la asociación con lo desagradable es sufrimiento, la separación de lo querido es sufrimiento, no conseguir lo que se desea es sufrimiento. En resumen, los cinco factores de aferramiento a la existencia son sufrimiento.

—¿Y qué es el renacimiento?

—El renacimiento, el inicio, la concepción, el «yo» adquirido, la manifestación de los conjuntos de fenómenos y la adquisición de los campos sensoriales de los diversos seres vivos en los diversos órdenes de seres vivos. A esto se le llama renacimiento.

—¿Y qué es la vejez?

—La ancianidad, la decrepitud, los dientes rotos, el cabello gris, la piel arrugada, la vitalidad disminuida y las facultades defectuosas de los diversos seres vivos en las diversas órdenes de seres vivos. A esto se le llama vejez.

—¿Y qué es la muerte?

—La desaparición, el fallecimiento, la desintegración, el desvanecimiento, la defunción, la expiración, la desintegración, la ruptura de los factores de aferramiento a la existencia, el abandono del cadáver y el corte de la facultad de vida de los diversos seres vivos en las diversas órdenes de seres vivos. A esto se le llama muerte.

—¿Y qué es el dolor?

—La aflicción, la congoja, el estado de malestar, el dolor interior, el dolor interior profundo en alguien que ha sufrido una desgracia, que ha experimentado un sufrimiento. A esto se le llama dolor.

—¿Y qué es la lamentación?

—El llanto, el lamento, el gemido, el lloro, el gimoteo y el sollozo en quien ha pasado por la desgracia, que ha experimentado el sufrimiento. A esto se le llama lamentación.

—¿Y qué es el dolor?

—Dolor físico, padecimiento físico, la reacción emocional desagradable y dolorosa que nace del contacto físico. A esto se le llama dolor.

—¿Y qué es la tristeza?

—Angustia, disgusto, la reacción emocional desagradable y dolorosa que nace del contacto mental. A esto se le llama tristeza.

—¿Y qué es la angustia?

—El estrés, la angustia, el estado de desasosiego y la agonía en alguien que ha pasado por una desgracia, que ha experimentado un sufrimiento. A esto se le llama angustia.

—¿Y qué se entiende por «asociación con lo desagradable es sufrimiento?».

—Hay imágenes, sonidos, olores, sabores, tactos y pensamientos que es desagradables, indeseables y dolorosos. Y hay quienes te quieren lastimar, herir, molestar y amenazar.

Juntarse, unirse, relacionarse, mezclarse con esto: es lo que se entiende por «asociación con lo desagradable es sufrimiento».

—¿Y qué se entiende por «la separación de lo que agrada es sufrimiento?».

—Hay imágenes, sonidos, olores, sabores, tactos y pensamientos que son agradables, deseables y apetecibles.

Y hay quienes te quieren beneficiar, ayudar, consolar y proteger. La desconexión con ellos, la separación, la segregación y el alejamiento de ellos: esto es lo que se entiende por «separación de lo que agrada es sufrimiento».

—¿Y qué se entiende por «no conseguir lo que se desea es sufrimiento?».

—En los seres que pueden renacer, surge este deseo: «¡Oh, si no tuviéramos la posibilidad de renacer! ¡Si tan solo el renacimiento no viniera a nosotros!». Pero no puedes conseguir lo deseado. Esto es lo que se entiende por «no obtener lo que se desea es sufrimiento».

En los seres que pueden envejecer… enfermar… morir… experimentar sufrimiento, lamentación, dolor, tristeza y angustia, surge este deseo: «¡Oh, si no tuviéramos la posibilidad de experimentar sufrimiento, lamentación, dolor, tristeza y angustia! ¡Si tan solo la aflicción, la lamentación, el dolor, la tristeza y la angustia no vinieran a nosotros!». Pero no puedes conseguir lo deseado. Esto es lo que se entiende por «no obtener lo que deseas es sufrimiento».

—¿Y qué se quiere decir con «en resumen, los cinco factores de aferramiento a la existencia son sufrimiento?».

Es los factores de aferramiento a la existencia que consisten en qualia, reacción emocional, percepción, situación condicional y cognición. Esto es lo que se quiere decir con «en resumen, los cinco factores de aferramiento a la existencia son sufrimiento.»

A esto se le llama la noble verdad del sufrimiento.

4.5.2. El origen del sufrimiento

—¿Y cuál es la noble verdad del origen del sufrimiento?

—Es el ansia lo que conduce al renacimiento futuro, mezclado con el gusto, el deseo y la búsqueda del disfrute en varios reinos diferentes. Es decir, el ansia de placeres sensoriales, el ansia de existencia y el ansia de terminar con la existencia.

—Pero, ¿dónde surge ese ansia y dónde se instala?

—Todo lo que en el mundo parece agradable y placentero, es allí donde surge y se asienta el ansia.

—¿Y qué parece agradable y placentero?

—El ojo en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde surge y se asienta el ansia. El oído… la nariz… la lengua… el cuerpo… el intelecto en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde surge y se asienta el ansia.

Las imágenes… los sonidos… los olores… los gustos… el tacto… los pensamientos en el mundo parecen agradables y placenteros, y es ahí donde el ansia surge y se instala.

La cognición del ojo… la cognición del oído… la cognición de la nariz… la cognición de la lengua… la cognición del cuerpo… la cognición del intelecto en el mundo parece agradable y placentera, y es allí donde el ansia surge y se asienta.

El contacto con el ojo… el contacto con el oído… el contacto con la nariz… el contacto con la lengua… el contacto con el cuerpo… el contacto con el intelecto en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde surge y se asienta el ansia.

La reacción emocional que nace del contacto con el ojo… la reacción emocional que nace del contacto con el oído… la reacción emocional que nace del contacto con la nariz… la reacción emocional que nace del contacto con la lengua… la reacción emocional que nace del contacto corporal… la reacción emocional que nace del contacto intelectual en el mundo parece agradable y placentera, y es allí donde surge el ansia y se asienta.

La percepción de las imágenes… la percepción de los sonidos… la percepción de los olores… la percepción de los gustos… la percepción del tacto… la percepción de los pensamientos en el mundo parece agradable y placentera, y es allí donde surge y se asienta el ansia.

La situación condicional con respecto a las imágenes… la situación condicional respecto a los sonidos… la situación condicional respecto a los olores… la situación condicional respecto a los gustos… la situación condicional respecto al tacto… la situación condicional respecto a los pensamientos en el mundo parece agradable y placentera, y es allí donde surge y se asienta el ansia.

Anhelar imágenes… anhelar sonidos… anhelar olores… anhelar sabores… anhelar tactos… anhelar pensamientos en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde el ansia surge y se asienta.

Dirigir la mente hacia las imágenes… dirigir la mente hacia los sonidos… dirigir la mente hacia los olores… dirigir la mente hacia los gustos… dirigir la mente hacia los tactos… dirigir la mente hacia los pensamientos en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde el ansia surge y se asienta.

Sostener la mente en las imágenes… sostener la mente en los sonidos… sostener la mente en los olores… sostener la mente en los gustos… sostener la mente en los tactos… sostener la mente en los pensamientos en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde el ansia surge y se asienta.

A esto se le llama la noble verdad del origen del sufrimiento.

4.5.3. El cese del sufrimiento

—¿Y cuál es la noble verdad del cese del sufrimiento?

—Es la desaparición y el cese de esa misma ansia sin que quede ni rastro, abandonarla, soltarla, dejarla y no agarrarse a ella.

Cualquier cosa que en el mundo parezca agradable y placentera, es allí donde el ansia se abandona y cesa.

—¿Y qué parece agradable y placentero?

—El ojo en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde el ansia se abandona y cesa…

…Sostener la mente en los pensamientos en el mundo parece agradable y placentero, y es allí donde el ansia se abandona y cesa.

A esto se le llama la noble verdad del cese del sufrimiento.

4.5.4. El camino

—¿Y cuál es la noble verdad de la práctica que conduce al cese del sufrimiento?

—Es simplemente este noble camino óctuple, es decir: creencia correcta, pensamiento correcto, discurso correcto, acción correcta, conducta correcta, esfuerzo correcto, práctica correcta y concentración correcta.

—¿Y cuál es la creencia correcta?

—Conocer el sufrimiento, el origen del sufrimiento, el cese del sufrimiento y la práctica que lleva al cese del sufrimiento. A esto se le llama creencia correcta.

—¿Y qué es el pensamiento correcto?

—Pensamientos de renuncia, de benevolencia y de afabilidad. A esto se le llama pensamiento correcto.

—¿Y cuál es el discurso correcto?

—El abstenerse de mentir, hablar divisivamente, hablar duro y decir tonterías. A esto se le llama discurso correcto.

—¿Y cuál es la acción correcta?

—Abstenerse de matar seres vivos, robar y tener relaciones sexuales con la mujer de otro. A esto se le llama acción correcta.

—¿Y cuál es la conducta correcta?

—Cuando un discípulo de los nobles abandona una conducta incorrecta y se comporta con la conducta correcta. A esto se le llama la conducta correcta.

—¿Y cuál es el esfuerzo correcto?

—Cuando un bhikkhu genera entusiasmo, brega, pugna, ejercita la mente y se esfuerza por que no surjan cualidades malas y perjudiciales. Genera entusiasmo, lo intenta, hace un esfuerzo, ejercita la mente y se esfuerza por abandonar las cualidades malas y perjudiciales que han surgido. Genera entusiasmo, lo intenta, hace un esfuerzo, ejercita la mente y se esfuerza por que surjan cualidades meritorias. Genera entusiasmo, trata, hace un esfuerzo, ejercita la mente y lucha para que las cualidades meritorias que han surgido permanezcan, no se pierdan, sino que aumenten, maduren y se desarrollen. A esto se le llama el esfuerzo correcto.

—¿Y qué es la práctica correcta?

—Cuando un bhikkhu entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica del cuerpo en el cuerpo, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento. Entrena con ahínco aplicando las instrucciones de la práctica de las emociones en las emociones, de la mente en la mente, de los fenómenos condicionados en los fenómenos condicionados, apagando el fuego en la mente siendo consciente de las tendencias subyacentes y suprimiendo, mediante la disciplina, el ansia que lleva a la conciencia al sometimiento.

A esto se le llama una práctica correcta.

—¿Y qué es la concentración correcta?

—Cuando un bhikkhu, completamente apartado de los placeres sensoriales, apartado de las cualidades perjudiciales, entra y se sumerge en la primera jhāna, que está acompañada por la concentración de la mente en la dirección del movimiento (del objeto de concentración), que tiene el placer, la alegría y la felicidad surgidos de esa visión, mientras dirige la mente y la mantiene concentrada. A medida que desaparece el direccionamiento de la mente sobre las formas en movimiento, entra y se sumerge en la segunda jhāna, que tiene el placer, la felicidad y la alegría que surgen de la concentración, con claridad y confianza internas, y con la mente concentrada, desaparece el direccionamiento de la mente sobre las formas en movimiento. Y con la desaparición del placer, entra y se sumerge en la tercera jhāna, donde contempla con impasibilidad, diligente y decidido y siente el bienestar corporal del que los nobles declaran: «Impasible y decidido, uno entrena en la felicidad». Abandonado el placer y el dolor, y poniendo fin a la felicidad y la tristeza anteriores, entra y se sumerge en la cuarta jhāna, sin placer ni dolor, con pura impasibilidad y gnosis.

A esto se le llama concentración correcta.

A esto se le llama la noble verdad de la práctica que conduce al cese del sufrimiento.

Entrena contemplando el surgimiento de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el cese de los fenómenos condicionados. Entrena contemplando el surgimiento y el cese de los fenómenos condicionados. O bien, el recuerdo de que «hay fenómenos condicionados» surge en él por el bien del conocimiento y la memoria.

Entonces entrena independiente, sin aferrarse a nada en el mundo. De esta forma, el bhikkhu entrena observando los fenómenos condicionados respecto a las cuatro nobles verdades.

Cualquiera que desarrolle estos cuatro tipos de concentración de impasibilidad de esta manera durante siete años puede esperar uno de dos resultados: la iluminación en la vida presente, o si queda algo, el no retorno. Por no hablar de siete años, cualquiera que desarrolle estos cuatro tipos de concentración de impasibilidad de esta manera durante seis años… cinco años… cuatro años… tres años… dos años… un año… siete meses… seis meses… cinco meses… cuatro meses… tres meses… dos meses… un mes… quince días… Y mucho menos de quince días, cualquiera que desarrolle estos cuatro tipos de concentración de impasibilidad de esta manera durante siete días puede esperar uno de dos resultados: la iluminación en la vida presente, o si queda algo, el no retorno.

«Las cuatro instrucciones de la práctica es el camino que conduce directamente a la meta, a la purificación de los seres, a superar el dolor y el lamento, a poner fin al sufrimiento y la melancolía, a encontrar el método correcto y a la realización de Nibbāna».

Eso es lo que dije, y por eso lo dije. Eso fue lo que dijo el Buddha. Satisfechos, los bhikkhus se alegraron con lo que dijo el Buddha.

DN 21: Preguntas de Sakka **

Esto he oído.

Hubo un tiempo en que el Buddha se encontraba en la tierra de Magadha, al este de Rājagaha hay una aldea brahmín llamada Ambasaṇḍā, al norte de la cual, en el monte Vediyaka, se encuentra la cueva Indasāla.

En ese momento, un gran deseo de ver al Buddha se apoderó de Sakka, el Señor de los Devas. Pensó: «¿Dónde está actualmente el Bendito, el Digno, el Buddha completamente iluminado?».

Vio que el Buddha estaba en la cueva de Indasāla y se dirigió a los Devas de los Treinta y Tres:

—Buenos señores, el Buddha se está quedando en la tierra de Magadha en la cueva de Indasāla. ¿Y si fuéramos a ver a ese Bendito, el Digno, el Buddha completamente iluminado?

—Sí, señor —respondieron los devas.

Entonces Sakka se dirigió al gandhabba Pañcasikha:

—Querido Pañcasikha, el Buddha se está quedando en la tierra de Magadha en la cueva Indasāla. ¿Y si fuéramos a ver a ese Bendito, el Digno, el Buddha completamente iluminado?

—Sí, señor —respondió el gandhabba Pañcasikha.

Tomando su arpa arqueada hecha de madera de membrillo de Bengala, fue como asistente de Sakka.

Entonces Sakka fue a la cabeza de un séquito formado por los Devas de los Treinta y Tres y el gandhabba Pañcasikha. Tan fácilmente como una persona fuerte extendería o contraería su brazo, desapareció del cielo de los Devas de los Treinta y Tres y aterrizó en el monte Vediyaka al norte de Ambasaṇḍā.

Para ese momento, apareció una luz deslumbrante sobre el monte Vediyaka y también sobre la aldea de Ambasaṇḍā, tal es el poder de la gloria de los devas. La gente de las aldeas circundantes, aterrorizada, conmocionada y asombrada, dijo:

—¡El monte Vediyaka debe estar en llamas hoy, ardiendo y abrasando! Oh, ¿por qué ha aparecido una luz tan deslumbrante sobre el monte Vediyaka y sobre la aldea de Ambasaṇḍā?

Entonces Sakka se dirigió al gandhabba Pañcasikha:

—Mi querido Pañcasikha, es difícil para alguien como yo acercarse a los Dignos mientras están retirados practicando la contemplación, disfrutando de contemplación. Pero si primero encantas al Buddha, entonces podría ir a verlo.

—Sí, señor —respondió el gandhabba Pañcasikha.

Tomando su arpa arqueada hecha de madera de membrillo de Bengala, fue a la cueva Indasāla. Cuando se hubo acercado, se hizo a un lado, pensando: «Esto no está ni demasiado lejos ni demasiado cerca», y oirá mi voz.

1. Canción de Pañcasikha

De pie a un lado, Pañcasikha tocaba su arpa arqueada y cantaba estos versos sobre el Buddha, la enseñanza, el Saṅgha, los Dignos y el amor sensual.

¡Me inclino ante Timbaru,

tu padre, tú, mi Rayo de Sol!

¡Porque gracias a él te has convertido,

tú hermosa, tú en la alegría de mi corazón!

Eres como viento refrescante para el sudor,

eres como bebida fresca para el sediento,

¡oh, tú, mi gloriosa hermosura!

¡Eres como la verdad para el venerable!

¡Como remedio para los enfermos sois,

como alimento para los hambrientos!

Dame alivio, mi amor,

como el agua alivia a los que están en llamas.

Como cuando un elefante en el calor insoportable del verano

se precipita hacia el estanque refrescante

donde flotan el polen y los lotos en la superficie,

así me sumergiré entre tus senos.

Cuando un elefante es fustigado por la punta del entrenador,

se aleja salvajemente sin sentido ni propósito.

Así deambulo yo también completamente sin sentido,

embriagado por la belleza de tus senos.

Solo estoy pensando en ti

y no puedo hacer nada más.

Como un pez en un anzuelo,

no puedo dejarlo ir.

¡Envuelve tus hermosos muslos a mi alrededor!

¡Abrázame, tú de la mirada borrosa!

Te ruego y te suplico:

¡Abrázame y aguanta!

Desde el principio, no estaba tan enojado contigo,

tú con el pelo ondulado.

Pero mi deseo solo ha crecido y crecido,

por lo que los regalos al venerable crecen y crecen.

Si he hecho algo bueno

por gente tan venerable,

entonces tú eres mi recompensa por ello,

gloriosa, absolutamente hermosa.

Si he hecho algo bueno

aquí en este nuestro mundo,

entonces tú eres mi recompensa por ello,

glorioso, absolutamente hermoso.

Como el sabio Buddha busca

liberarse de la muerte, en profunda meditación,

así te anhelo a ti,

a ti, mi hermoso Rayo de Sol.

Tan feliz como es el sabio

cuando logra el más alto despertar,

tan feliz soy yo, querida,

cuando puedo estar contigo.

Si el rey de los devas, Sakka,

me concediera un solo deseo,

entonces deseo, hermosa mía,

que me ames como yo te amo.

Miro a tu padre, amado mío,

como si fuera una lechuga en flor,

porque él es el origen de ti,

que eres tan bello y sabio.

Cuando Pañcasikha hubo hablado, el Buddha le dijo:

—Pañcasikha, el sonido de las cuerdas y el sonido de tu voz se mezclan bien, de modo que ninguno domina al otro. Pero, ¿cuándo compusiste estos versos sobre el Buddha, la enseñanza, el Saṅgha, los Dignos y el amor sensual?

—Aquella vez, señor, cuando te despertaste por primera vez, te estabas quedando cerca de Uruvelā al pie del baniano en la orilla del río Nerañjarā. Y en ese momento estaba enamorado de una dama llamada Bhaddā Suriyavaccasā, la hija del rey de los gandhabbas Timbaru. Pero ella estaba enamorada de otro, de Mātali, el hijo del auriga llamado Sikhaḍḍī. Y como no sabía cómo podía conquistarla de otra manera, llevé mi arpa arqueada a la casa de Timbaru, donde toqué esos versos.

Cuando terminé, Suriyavacchasā me dijo:

—Estimado señor, no he visto personalmente al Buddha.

Pero supe de él cuando fui a bailar para los Devas de los Treinta y Tres en el Salón de la Justicia. Ya que ensalzas al Buddha, reunámonos hoy.

Y fue entonces cuando me encontré con esa hermana. Pero no nos hemos visto desde entonces.

2. El acercamiento de Sakka

Entonces Sakka, Señor de los Devas, pensó: «Pañcasikha está intercambiando cortesías con el Buddha».

Así que se dirigió a Pañcasikha:

—Mi querido Pañcasikha, por favor inclínate ante el Buddha por mí, diciendo: «Señor, Sakka, Señor de los Devas, con sus ministros y su séquito, se inclina con su cabeza a tus pies».

—Sí, señor —respondió Pañcasikha.

Se inclinó ante el Buddha y dijo:

—Señor, Sakka, Señor de los Devas, con sus ministros y su séquito, se inclinan con su cabeza a tus pies.

—Entonces, que Sakka con sus ministros y su séquito sean felices. Pañcasikha —dijo el Buddha —todos quieren ser felices, ya sean devas, humanos, asuras, nāgas, gandhabbas o cualquiera de los otros diversos seres que pueda haber.

Porque así es como los Dignos saludan a tan ilustres espíritus. Y al recibir el saludo del Buddha, Sakka entró en la cueva de Indasāla, se inclinó ante el Buddha y se hizo a un lado. Y los Devas de los Treinta y Tres hicieron lo mismo, al igual que Pañcasikha.

Y en ese momento se nivelaron los desniveles, se abrieron los lugares estrechos, se desvanecieron las tinieblas y apareció la luz, tal es el poder de la gloria de los devas.

Entonces el Buddha le dijo a Sakka:

—Es increíble y sorprendente que tú, venerable Kosiya, que tienes tantos deberes y tanto por hacer, vengas aquí.

—Durante mucho tiempo he querido ir a ver al Buddha, pero no pude, porque mis muchos deberes y responsabilidades para con los Devas de los Treinta y Tres me lo impedían. Esta vez, señor, el Buddha estaba cerca de Sāvatthī en la cabaña del árbol de incienso. Luego fui a Sāvatthī para ver al Buddha. Pero en ese momento el Buddha estaba sentado inmerso en algún tipo de concentración. Y una doncella divina del gran rey Vessavaṇa llamada Bhūjati estaba atendiendo al Buddha, de pie, rindiéndole homenaje con las palmas unidas.

Así que le dije:

—Hermana, inclínate ante el Buddha por mí, diciendo:

—Señor, Sakka, Señor de los Devas, con sus ministros y su séquito, se inclina con la cabeza a tus pies.

Cuando dije esto, ella me dijo:

—No es el momento adecuado para ver al Buddha, ya que está retirado.

—Entonces, hermana, por favor transmita mi mensaje cuando el Buddha emerja de esa contemplación.

—Espero que esa hermana se inclinara ante ti. ¿Recuerdas lo que dijo?

—Se inclinó, Señor de los Devas, y recuerdo lo que dijo. También recuerdo que fue el sonido de las ruedas de tu carro lo que me sacó de esa contemplación.

—Señor, he oído y aprendido esto en presencia de los devas que renacieron en la hueste de los Treinta y tres antes que yo: «Cuando un Tathāgata surge en el mundo, perfeccionado y completamente despierto, las huestes celestiales crecen, mientras las huestes de asuras menguan».

Y lo he visto con mis propios ojos.

2.1. La historia de Gopikā

Justo aquí en Kapilavatthu había una dama sākka llamada Gopikā que tenía fe en el Buddha, en la Enseñanza y en el Saṅgha, y había perfeccionado su ética. Al perder su aferramiento a la feminidad, desarrolló la masculinidad. Cuando su cuerpo se rompió, después de la muerte, renació en un buen lugar, un reino celestial. En compañía de los Devas de los Treinta y Tres se convirtió en uno de mis hijos. Allí lo conocieron como el deva Gopaka.

Mientras tanto, otros tres bhikkhus que habían llevado la vida de renuncia bajo el Buddha, renacieron en el reino de los gandhabbas menores. Allí se divirtieron gozando con los cinco sentidos, y se convirtieron en mis sirvientes y asistentes.

Ante eso, Gopaka los reprendió:

—¿Dónde estabais vosotros, buenos señores, cuando escuché la enseñanza del Buddha? Porque mientras todavía era mujer, tenía fe en el Buddha, en la Enseñanza y en el Saṅgha, y había perfeccionado mi ética. Perdí mi aferramiento a la feminidad y desarrollé la masculinidad. Cuando mi cuerpo se rompió, después de la muerte, renací en un buen lugar, un reino celestial.

En compañía de los Devas de los Treinta y Tres, me convertí en uno de los hijos de Sakka. Aquí se me conoce como el deva Gopaka. Pero vosotros, habiendo llevado la vida de renuncia bajo el Buddha, renacisteis en el reino de los gandhabbas menores.

Cuando Gopaka los regañó, dos de esos devas en esa misma vida obtuvieron la impasibilidad y se dirigieron al Séquito de Brahmā. Pero un deva permaneció aferrado a la sensualidad.

Yo era una discípula laica del vidente,

y mi nombre era Gopikā.

Me dediqué al Buddha y a la Enseñanza,

y serví fielmente al Saṅgha.

Debido a la excelencia de la enseñanza del Buddha,

Ahora soy un poderoso y espléndido hijo de Sakka,

renacido entre los Treinta y Tres.

Y aquí se me conoce como Gopaka.

Luego vi a algunos bhikkhus que había visto antes

morando en la hueste de gandhabbas.

Cuando solía ser humano

eran discípulos de Gotama.

Allí vi bhikkhus que conocía de antes,

renacidos solo como gandhabbas.

Anteriormente habían sido personas

y alumnos de Gotama.

Esa vez les dimos comida y bebida

y les abrimos nuestras casas.

Pero deben haber aprendido mal

y no entendieron las enseñanzas del Buddha.

Aunque el Maestro ha explicado

la doctrina clara y distintamente,

cada individuo debe

comprenderla y captarla dentro de sí mismo.

Mientras te ayudaba y servía,

escuché las palabras del noble maestro.

Ahora soy el poderoso hijo de Sakka,

renacido en el cielo de los Treinta y Tres.

Serviste a los mejores entre los hombres

y seguiste el camino de entrenamiento más alto.

Sin embargo, has caído en una condición inferior

y no se te ha dado el estatus que deberías haber tenido.

Me duele ver compañeros de

viaje que han renacido en condiciones inferiores.

Solo os habéis convertido en gandhabbas

que deben servir a los verdaderos devas.

¡Pero mira cómo me he transformado!

Yo era una mujer y vivía una vida mundana.

¡Pero ahora he nacido de nuevo como hombre

y vivo en la gloria celestial entre los devas!

Cuando los antiguos alumnos de Gotama escucharon

las críticas de Gopaka, se conmovieron profundamente.

«Empecemos a entrenar de nuevo», dijeron,

«¡y ya no seamos esclavos de los demás!».

Dos de ellos empezaron de nuevo

y recordaron las instrucciones de Gotama.

Inmediatamente abandonaron toda lujuria

y se dieron cuenta de la desventaja de los placeres.

Se liberaron de las ataduras del placer,

de las ataduras fuertes y negativas,

como cuando el elefante derriba todas las barreras

y se eleva por encima de los Treinta y Tres.

Valiente y enérgicamente, rechazaron el deseo

y así superaron a Inda y Pajapati

y a todos los demás devas

que estaban sentados allí en el Salón de Justicia.

El gobernante de los devas Vasava vio esto

y se preguntó dónde se sentaba en medio de los devas:

«¡Estos nacieron entre los devas inferiores,

pero ahora nos pasan de largo!».

Gopaka escuchó las palabras de asombro

y dijo: «Entre los hombres hay

un despierto, un sabio del pueblo sākka,

que ha vencido todos los deseos de los sentidos».

Estos eran sus hijos, pero perdieron

la memoria cuando murieron.

Ahora les he ayudado, Inda,

a recuperar su memoria.

Uno de los tres todavía vive

como un gandhabba aquí entre vosotros.

Los otros dos están en camino al despertar

y ya no se preocupan por los devas.

La doctrina está tan bien explicada

que ningún aprendiz duda de ella.

Rendimos homenaje al vencedor despierto,

que ha atravesado la incertidumbre y cruzado la corriente.

Comprendieron esta doctrina en el acto

y ascendieron a mayor gloria.

De aquellos que siguieron a Brahma,

estos dos han llegado a lo más alto.

He venido a ti

para escuchar esta enseñanza.

Y ahora que me permites hacer eso,

quiero hacerte algunas preguntas, Maestro.

Entonces el Buddha pensó «Durante mucho tiempo este espíritu ha llevado una vida pura. Cualquier pregunta que me haga será beneficiosa, no inútil. Y comprenderá rápidamente cualquier respuesta que le dé a su pregunta». Entonces el Buddha se dirigió a Sakka en verso:

—Hazme tus preguntas, Rey de los Dioses,

lo que quieras.

Resolveré todos y cada uno

de los problema que tienes.

La primera sección de recitación está terminada.

Habiendo recibido una oportunidad por parte del Buddha, Sakka hizo la primera pregunta:

—Estimado señor, ¿qué adicciones atan a los devas, humanos, asuras, nāgas, gandhabbas y cualquiera de las otros seres diversos, de modo que, aunque desean estar libres de enemistad, violencia, rencor y odio, todavía tienen enemistad, violencia, rencor y odio?

Esa fue la pregunta de Sakka al Buddha. Y el Buddha le respondió:

—Señor de los Devas, las adicciones a la envidia y a la avaricia atan a los devas, humanos, asuras, nāgas, gandhabbas y cualquiera de las otras diversos seres, de modo que, aunque deseen estar libres de enemistad, violencia, rencor y odio, todavía tienen enemistad, violencia, rencor y odio.

Esa fue la respuesta del Buddha a Sakka. Encantado, Sakka aprobó y estuvo de acuerdo con lo que dijo el Buddha, diciendo:

—¡Eso es tan cierto, Bendito! ¡Eso es tan cierto, Bienaventurado! Al escuchar la respuesta del Buddha, fui más allá de toda duda y me deshice de la indecisión.

Y luego, después de aprobar y estar de acuerdo con lo que dijo el Buddha, Sakka hizo otra pregunta:

—Pero querido señor, ¿cuál es la fuente, el origen, el surgimiento y el inicio de la envidia y la avaricia? ¿Cuál es la condición para la envidia y la avaricia? Cuando qué cosa no existe, ¿no hay envidia ni avaricia?

—Lo que agrada y lo que no agrada, Señor de los Devas, es fuente de envidia y avaricia. Cuando existe lo que nos gusta y lo que no gusta, surgen la envidia y avaricia. Cuando no existe lo que gusta y lo que no gusta, no hay envidia ni avaricia.

—Pero querido señor, ¿cuál es la fuente de lo que gusta y lo que no gusta?

—El deseo es la fuente de lo que agrada y desagrada.

—Pero ¿cuál es la fuente del deseo?

—El ansia, señor de los dioses, es la fuente del deseo; en el ansia, su origen; en el ansia, su fuente; en el ansia, la causa; en presencia del ansia, hay deseo; en ausencia del ansia, no hay ningún deseo.

—Pero ¿cuál es la fuente del ansia?

—La ceguera es la fuente del ansia.

—El obstáculo de la ceguera, Señor de los Devas, es la fuente del ansia, en el obstáculo de la ceguera está su surgimiento, en el obstáculo de la ceguera está el origen, en el obstáculo de la ceguera es la causa, en la presencia del obstáculo de la ceguera hay ansia, en ausencia del obstáculo de la ceguera no hay ansia.

—Pero, ¿cómo practica adecuadamente un bhikkhu el cese del obstáculo de la ceguera?

2.2. Concentración sobre las reacciones emocionales

—Señor de los Devas, hay dos clases de felicidad, digo: la que deberías practicar y la que no deberías practicar. Hay dos clases de tristeza, digo: la que deberías practicar y la que no deberías practicar. Hay dos clases de impasibilidad, digo: la que deberías practicar y la que no deberías practicar.

¿Por qué dije que hay dos tipos de felicidad?

Tomemos el caso de una felicidad de la que sepa: «Cuando cultivo este tipo de felicidad, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No deberías practicar ese tipo de felicidad.

Tomemos el caso de una felicidad de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de felicidad, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías practicar ese tipo de felicidad.

Y lo que está libre de direccionar la mente sobre las formas en movimiento es mejor que lo que todavía implica direccionar la mente sobre las formas en movimiento. Por eso dije que hay dos tipos de felicidad.

¿Por qué dije que hay dos tipos de tristeza?

Tomemos el caso de una tristeza de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de tristeza, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No deberías practicar ese tipo de tristeza.

Tomemos el caso de una tristeza de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de tristeza, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías practicar ese tipo de tristeza.

Y lo que está libre de direccionar la mente sobre las formas en movimiento es mejor que lo que todavía implica direccionar la mente sobre las formas en movimiento. Por eso dije que hay dos tipos de tristeza.

¿Por qué dije que hay dos tipos de impasibilidad?

Tomemos el caso de una impasibilidad de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de impasibilidad, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No deberías practicar ese tipo de impasibilidad.

Tomemos el caso de la impasibilidad de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de impasibilidad, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías practicar ese tipo de impasibilidad.

Y lo que está libre de direccionar la mente sobre las formas en movimiento es mejor que lo que todavía implica direccionar la mente sobre las formas en movimiento. Por eso dije que hay dos tipos de impasibilidad.

Así es como un bhikkhu practica adecuadamente el cese del obstáculo de la ceguera,

Esa fue la respuesta del Buddha a Sakka. Encantado, Sakka aprobó y estuvo de acuerdo con lo que dijo el Buddha, diciendo:

—¡Eso es tan cierto, Bendito! ¡Eso es tan cierto, Bienaventurado! Al escuchar la respuesta del Buddha, fui más allá de toda duda y me deshice de la indecisión.

2.3. Restricción en el Código Monástico

Y luego Sakka hizo otra pregunta:

—Pero querido señor, ¿cómo practica un bhikkhu la restricción en el código monástico?

—Señor de los Devas, digo que hay dos tipos de comportamiento corporal: el que deberías practicar y el que no deberías practicar. Digo que hay dos tipos de comportamiento verbal: el que deberías practicar y el que no deberías practicar. Hay dos tipos de búsqueda, digo: la que deberías practicar y la que no deberías practicar.

¿Por qué dije que hay dos tipos de comportamiento corporal?

—Tomemos el caso de la conducta corporal de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de conducta corporal, las cualidades perjudiciales crecen y las cualidades meritorias declinan». No deberías practicar ese tipo de conducta corporal.

Tomemos el caso de la conducta corporal de la que sabes: «Cuando cultivo este tipo de conducta corporal, las cualidades perjudiciales declinan y las cualidades meritorias crecen». Deberías practicar ese tipo de conducta corporal. Por eso dije que hay dos tipos de comportamiento corporal.

¿Por qué dije que hay dos tipos de comportamiento verbal?

—No debes practicar el tipo de comportamiento verbal que hace que las cualidades perjudiciales crezcan mientras que las cualidades meritorias disminuyen. Y debes practicar el tipo de comportamiento verbal que hace que las cualidades perjudiciales disminuyan mientras crecen las cualidades meritorias. Por eso dije que hay dos tipos de comportamiento verbal.

¿Por qué dije que hay dos tipos de búsqueda?

—No debes practicar el tipo de búsqueda que hace que crezcan las cualidades perjudiciales mientras que las cualidades meritorias declinan. Y deberías practicar el tipo de búsqueda que hace que las cualidades perjudiciales disminuyan mientras crecen las cualidades meritorias. Por eso dije que hay dos tipos de búsqueda.

Así es como un bhikkhu practica la restricción en el código monástico.

Esa fue la respuesta del Buddha a Sakka. Encantado, Sakka aprobó y estuvo de acuerdo con lo que dijo el Buddha, diciendo:

—¡Eso es tan cierto, Bendito! ¡Eso es tan cierto, Bienaventurado! Al escuchar la respuesta del Buddha, fui más allá de toda duda y me deshice de la indecisión.

2.4. Sentido de restricción

Y luego Sakka hizo otra pregunta:

—Pero querido señor, ¿cómo practica un bhikkhu para restringir las facultades de los sentidos?

—Señor de los Devas, digo que hay dos tipos de imágenes que el ojo conoce: la que deberías practicar y la que no deberías practicar. Hay dos tipos de sonidos conocidos por el oído… olores conocidos por la nariz… sabores conocidos por la lengua… tactos conocidos por el cuerpo… pensamientos conocidos por el intelecto: los que deberías practicar y los que no deberías practicar.

Cuando el Buddha dijo esto, Sakka le dijo:

—Señor, así es como entiendo el significado detallado de la breve declaración del Buddha: no se debe practicar el tipo de imagen conocida por el ojo que hace que las cualidades perjudiciales crezcan mientras las cualidades meritorias declinan. Y se debe practicar el tipo de imagen que conoce el ojo que hace que las cualidades perjudiciales disminuyan mientras crecen las cualidades meritorias. No se debe practicar el tipo de sonido, olfato, gusto, tacto o pensamientos conocidos por el intelecto que hace que las cualidades perjudiciales crezcan mientras las cualidades meritorias declinan. Y se debe practicar el tipo de pensamiento conocido por el intelecto que hace que las cualidades perjudiciales disminuyan mientras crecen las cualidades meritorias.

Señor, así es como entiendo el significado detallado de la breve declaración del Buddha. Al escuchar la respuesta del Buddha, fui más allá de toda duda y me deshice de la indecisión.

Y luego Sakka hizo otra pregunta:

—Estimado señor, ¿todos los ascetas y brahmanes tienen la misma doctrina, ética, deseos y aferramientos?

—No, Señor de los Devas, no es así.

—¿Por qué no?

—El mundo tiene muchos y diversos elementos. Cualquiera que sea el elemento en el que insisten los seres en este mundo de muchos y diversos elementos, se aferran obstinadamente a ellos, insistiendo en que: «Esta es la única verdad, otras ideas son tontas». Es por eso que no todos los ascetas y brahmanes tienen la misma doctrina, ética, deseos y aferramientos.

—Estimado señor, ¿han alcanzado todos los ascetas y brahmanes el fin último, la incomparable liberación de las adicciones, la vida de renuncia suprema, la meta suprema?

—No, Señor de los Devas, no es así.

—¿Por qué no?

—Aquellos bhikkhus que se liberan a través del fin del deseo, han alcanzado el fin último, la incomparable liberación de las adicciones, la vida de renuncia suprema, la meta suprema. Es por eso que no todos los ascetas y brahmanes han alcanzado el fin último, la incomparable liberación de las adicciones, la vida de renuncia suprema, la meta suprema.

Esa fue la respuesta del Buddha a Sakka. Encantado, Sakka aprobó y estuvo de acuerdo con lo que dijo el Buddha, diciendo:

—¡Eso es tan cierto, Bendito! ¡Eso es tan cierto, Bienaventurado! Al escuchar la respuesta del Buddha, fui más allá de toda duda y me deshice de la indecisión.

Y luego Sakka hizo otra pregunta:

—La pasión, señor, es una enfermedad, un absceso, una espina. La pasión arrastra a una persona a renacer vida tras vida. Es por eso que una persona se encuentra en estados altos y bajos. En otros lugares, entre otros ascetas y brahmanes, ni siquiera se me dio la oportunidad de hacer estas preguntas que el Buddha respondió. La espina de la duda y la incertidumbre ha estado dentro de mí durante mucho tiempo, pero el Buddha lo ha arrancado.

—Señor de los Devas, ¿recuerdas haber hecho esta pregunta a otros ascetas y brahmanes?

—Sí, señor.

—Si no te importa, Señor de los Devas, dime cómo respondieron.

—No es difícil para mí cuando alguien como el Bendito está sentado aquí.

—Bueno, habla entonces, Señor de los Devas.

—Señor, me acerqué a aquellos que imaginé que eran ascetas y brahmanes que vivían en la selva, en cobijos remotos. Pero no pudieron contestar, e incluso me preguntaron a cambio:

—¿Cómo se llama el venerable?

Entonces les respondí:

—Estimado señor, soy Sakka, Señor de los Devas.

Entonces me hicieron otra pregunta:

—Pero Señor de los Devas, ¿qué acciones te trajeron a esta posición?

Así que les enseñé la enseñanza tal como lo había aprendido y memorizado. Y estaban contentos con eso:

—¡Hemos visto a Sakka, Señor de los Devas! ¡Y respondió a nuestras preguntas!

Invariablemente, ellos se convierten en mis discípulos, yo no me convierto en el de ellos. Pero señor, soy el discípulo del Buddha, uno que ha entrado de la corriente, no susceptible de renacer en el inframundo y está destinado a la iluminación.

2.5. Sobre sentirse feliz

—Señor de los Devas, ¿recuerdas haber sentido tanta alegría y felicidad antes?

—Sí, señor.

—¿Cuándo?

—En una ocasión, señor, una batalla entre los devas y los asuras. En esa batalla los devas ganaron y los asuras perdieron. Se me ocurrió como vencedor: «Ahora los devas disfrutarán tanto del néctar de los devas como del néctar de los asuras».

Pero señor, esa alegría y felicidad está en la esfera de la vara y la espada. No conduce a la sabiduría, al desaferramiento, a la cesación, a la paz, a la episteme, al despertar y a Nibbāna. Pero la alegría y la felicidad que siento al escuchar las enseñanzas del Buddha no está en la esfera de la vara y la espada. Conduce a la sabiduría, al desaferramiento, a la cesación, a la paz, a la episteme, al despertar y a Nibbāna.

—Pero Señor de los Devas, ¿qué razón ves para hablar de esta alegría y felicidad?

—Veo seis razones para hablar de esta alegría y felicidad, señor.

Mientras te quedas aquí

permaneciendo en la forma piadosa.

He ganado una vida más larga:

sepa esto, querido señor.

Ésta es la primera razón.

Cuando caiga de la hueste celestial,

dejando atrás la vida no humana.

Iré conscientemente a un nuevo útero,

donde mi mente se deleita.

Ésta es la segunda razón.

Viviendo felizmente bajo la guía

del de la sabiduría clara.

Practicaré según el método,

deliberadamente consciente.

Ésta es la tercera razón.

Y si el despertar surgiera

como practico de acuerdo con el método.

Viviré como quien comprende,

y mi fin vendrá allí mismo.

Ésta es la cuarta razón.

Cuando caigo del reino humano

dejando atrás la vida humana.

Volveré a ser un deva

en el reino del cielo supremo.

Ésta es la quinta razón.

Son los mejores de los devas,

los gloriosos Akaniṭṭhas.

Mientras mi vida final continúe

ahí estará mi hogar.

Ésta es la sexta razón.

Viendo estas seis razones,

hablo de esta alegría y felicidad.

Mis deseos incumplidos

dudando e indeciso.

Vagué durante tanto tiempo,

en busca del Tathāgata.

Imaginé que los ascetas

viviendo en reclusión

seguramente debe estar despierto,

así que fui a sentarme cerca de él.

«¿Cómo es el éxito?

¿Cómo se produce el fracaso?».

Pero no pudieron responder tales preguntas

sobre el camino y la práctica.

Y cuando se enteraron de que yo

era Sakka, venido de los devas,

me preguntaron en cambio sobre

el hecho que me trajo a este estado.

Les enseñé la enseñanza

como lo había aprendido entre los hombres.

Estaban encantados con eso, diciendo:

«¡Hemos visto al Rey de los Dioses!».

Ahora que he visto al Buddha

que nos ayuda a superar la duda,

hoy, libre de miedos.

Rindo homenaje al despierto.

Destructor de la espina del ansia,

el Buddha no tiene rival.

Me inclino ante el gran héroe,

el Buddha, pariente del sol.

Así como se adora a Brahmā

por los devas, querido señor,

hoy te adoraremos

¡Ven, déjanos inclinarnos ante ti!

¡Solo tú eres el Despierto!

¡Eres el Maestro supremo!

En el mundo con sus devas

no hay nadie como tú.

Entonces Sakka se dirigió al gandhabba Pañcasikha:

—Querido Pañcasikha, fuiste de mucha ayuda para mí, desde que encantaste al Buddha por primera vez, después de lo cual fui a verlo. Te nombraré para el puesto de tu padre, serás el Rey de los Gandhabbas. Y te doy a Bhaddā Suriyavaccasā, a quien amas tanto.

Entonces Sakka, tocando el suelo con la mano, se inspiró para exclamar tres veces:

—¡Homenaje a ese Bendito, el Digno, el Buddha completamente iluminado! ¡Homenaje a ese Bendito, al Digno, al Buddha completamente iluminado! ¡Homenaje a ese Bendito, el Digno, el Buddha completamente iluminado!

Y mientras se pronunciaba este discurso, la visión pura e inmaculada de la enseñanza surgió en Sakka, Señor de los Devas: «Todo lo que tiene un principio tiene un final».

Y también para otros 80.000 devas.

Tales fueron las preguntas a las que se invitó a Sakka, y que fueron respondidas por Buddha. Y es por eso que el nombre de este discurso es «Preguntas de Sakka».

DN 20: La Gran Congregación **

Esto he oído.

En una época, el Buddha se encontraba en la tierra de los sākkas, cerca de Kapilavatthu en el Gran Bosque, junto con un gran Saṅgha de alrededor de quinientos bhikkhus, todos ellos Dignos. Y la mayoría de los devas de diez sistemas solares se habían reunido para ver al Buddha y al Saṅgha de los bhikkhus.

Entonces, cuatro Devas de las Moradas Puras, conscientes de lo que estaba sucediendo, pensaron: «¿Por qué no vamos al Buddha y que cada uno recite un verso en su presencia?».

Entonces, tan fácilmente como una persona fuerte extendería o contraería su brazo, desaparecieron de las Moradas Puras y reaparecieron frente al Buddha. Se inclinaron ante el Buddha y se hicieron a un lado. De pie a un lado, un deva recitó este verso en presencia del Buddha:

¡Hay una gran congregación en el bosque,

se ha reunido una multitud de devas.

Hemos venido a esta congregación justa

para ver al invencible Saṅgha!

Luego, otro deva recitó este verso en presencia del Buddha:

Los bhikkhus están inmersos en contemplación,

han enderezado sus propias mentes.

Como un auriga que ha tomado las riendas,

los sabios protegen sus sentidos.

Luego, otro deva recitó este verso en presencia del Buddha:

Como poderosos elefantes

rompen todas las barreras y barricadas

y deambulan en libertad y pureza,

con mirada clara y alerta

Luego, otro deva recitó este verso en presencia del Buddha:

Aquellos que se refugian en el Buddha

nunca irán al infierno.

Cuando termina la vida como ser humano,

se unen a las huestes celestiales

1. La reunión de los devas

Entonces el Buddha dijo a los bhikkhus:

—Bhikkhus, la mayoría de los devas de diez sistemas solares se han reunido para ver al Tathāgata y al Saṅgha de los bhikkhus. Los Buddhas del pasado tuvieron, y los Buddhas del futuro tendrán reuniones de devas que son como mucho como es esta reunión para mí ahora. Declararé los nombres de las huestes celestiales. Ensalzaré los nombres de las huestes celestiales. Enseñaré los nombres de las huestes celestiales.

Escuchad y prestad mucha atención, yo hablaré.

—Sí, señor —respondieron.

El Buddha dijo esto:

—Repetiré un verso famoso (un Siloka),

dondequiera que vivan los devas de la Tierra:

Hay bhikkhus que viven en una cueva de la colina,

que son resueltos, serenos,

que son como leones agazapados,

que han vencido todo horror,

con mentes limpias y purificadas,

claras e imperturbables.

Sabía que había más de quinientos

en el bosque cerca de Kapilavatthu así,

por lo tanto, el Maestro se dirigió a

esos discípulos que se deleitan en la enseñanza:

—Una gran cantidad de devas se han acercado a nosotros,

¡debéis saber quiénes son, bhikkhus!

Entonces esos bhikkhus se volvieron ardientes,

después de escuchar las enseñanzas de Buddha,

y el conocimiento se les manifestó al

ver a esos seres no humanos,

y algunos de ellos vieron cien,

mil o setenta mil.

Algunos de ellos vieron cien mil

de esos seres no humanos,

y algunos vieron un número interminable

esparcido en todas direcciones.

Teniendo un profundo conocimiento de todo lo que

el Vidente deseaba hablar, por eso

el Maestro se dirigió a

aquellos discípulos que se deleitaban en la enseñanza:

—Una multitud de devas se han acercado a nosotros,

¡debéis saber quiénes son, bhikkhus!

Os proclamaré sus nombres con

letras en orden regular.

Hay siete mil yakkhas,

devas de la tierra de Kapilavatthu,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

De Hemavanta hay seis mil

yakkhas, de diversos colores,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose por haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

De Sātāgira hay tres mil

yakkhas, de diversos colores,

que tienen poderes psíquicos, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose por haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Así hay dieciséis mil

yakkhas, de diversos colores,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose por haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

De Vessāmitta hay quinientos

yakkhas, de diversos colores,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose por haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

De Rājagaha está Kumbhīra,

que está establecido en Vepulla,

y más de cien mil

yakkhas que se reúnen a su alrededor.

De Rājagaha está Kumbhīra,

él también vino a la reunión en el bosque.

Los cuatro grandes reyes

La dirección del Este, el rey

Dhataraṭṭha ​​gobierna sobre eso,

él es el maestro de los Gandhabbas,

él es un Gran Rey resplandeciente,

también están sus muchos hijos,

de nombre Inda, de gran fuerza,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

La dirección Sur, el rey

Virūḷha gobierna sobre eso,

es el amo de los Kumbhaṇḍas,

es un Gran Rey resplandeciente,

también están sus muchos hijos,

de nombre Inda, de gran fuerza,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

La dirección Oeste, el rey

Virūpakkha gobierna sobre eso,

es el amo de los nagas,

es un Gran Rey resplandeciente,

también están sus muchos hijos,

de nombre Inda, de gran fuerza,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

La dirección del Norte, el rey

Kuvera gobierna sobre eso,

él es el maestro de los yakkhas,

él es un Gran Rey resplandeciente,

también están sus muchos hijos,

de nombre Inda, de gran fuerza,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Al este está Dhataraṭṭha,

al sur está Virūḷhaka,

al oeste está Virūpakkha,

al norte está Kuvera.

Estos son los Cuatro Grandes Reyes,

de todos lados, las cuatro direcciones,

brillaban intensamente

en el bosque cerca de Kapilavatthu.

Vinieron sus sirvientes engañosos,

que son fraudulentos y traicioneros:

los engañosos Kuteṇḍu, Veteṇḍu,

Viṭucca y Viṭuḍa,

Candana y Kāmaseṭṭha,

Kinnughaṇḍu y Nighaṇḍu,

Panāda y Opamañña,

y Mātali, el auriga de los devas,

Vinieron los gandhabbas Citta y Sena,

los reyes Nala y Janesabha,

y también Pañcasikha,

Timbaru y Suriyavaccasā.

Estos y también otros reyes,

y gandhabbas junto con sus reyes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Luego vinieron Nāgas de Nābhasa,

y de Vesālī, y vinieron los Tacchakas,

los Kambalas y Assataras,

y los nāgas de Pāyāga con sus parientes.

Los Yāmunā y los Dhataraṭṭha ​​nāgas vinieron,

resplandecientes,

y Erāvaṇa, el gran nāga,

también vino a la reunión en el bosque.

Los que se llevan por la fuerza a los reyes nāga

—los divinos, dos veces nacidos, alados, videntes—

por el aire vinieron y llegaron al bosque,

los Citras y Supaṇṇas, tales son sus nombres.

Pero en ese momento los reyes nāga no tenían miedo,

porque el Buddha los puso a salvo de los supaṇṇas.

Invocándose unos a otros con palabras amables,

los nagas y supaṇṇas se refugiaron en el Buddha.

Derrotados por Vajirahattha,

los asuras viven en el océano,

son hermanos de Rey de los Dioses,

tienen poder psíquico, resplandecientes,

los muy temibles Kālakañjas,

los asuras Dānaveghasa,

Vepacitti y Sucitti,

Pahārāda, junto con Namuci,

y cien de los hijos de Bali,

todos ellos con el nombre de Veroca.

Habiéndose armado, el ejército de Bali se

acercó al afortunado Rāhu y le dijo :

«Ahora es el momento, reverendo señor,

de reunir a los bhikkhus en el bosque».

Los devas del agua, los devas de la tierra,

los devas del fuego y los devas del viento

llegaron allí, los devas Varuṇa y Vāruṇa,

Soma seguido de Yasa,

y vino una hueste de devas

Amigables y Misericoriosos, resplandecientes.

Todas estas diez huestes, diez tipos de devas,

que son de diversos colores,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes.

Regocijados se han acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Los devas Veṇhu, Sahali y Asama, y ​​los dos devas Yama vinieron.

Vinieron los devas que dependen de la Luna,

con la Luna frente a ellos.

Vinieron los devas que dependen del Sol,

con el Sol frente a ellos,

con las estrellas frente a ellos, también vinieron los devas

tontos de la Nube de Lluvia.

También vino Sakka, que se llama Rey de los Dioses,

 el mejor de los Vasū, y Purindada.

Todas estas diez huestes, diez tipos de devas,

que son de diversos colores,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Luego vinieron los devas Sahabhu,

resplandeciendo como la cresta de un fuego,

y los Ariṭṭhakas y Rojas

y los espléndidos devas Ummapuppha.

Vinieron los Varuṇas y Sahadhammas,

Accutas y Anejakas,

Sūleyyas y Ruciras,

vinieron los devas Rey de los Diosesnesi.

Todas estas diez huestes, diez tipos de devas,

que son de diversos colores,

que tienen poderes psíquicos, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Vinieron los Samānas, Mahāsamānas,

Mānusas, Mānusuttams

y los Khiḍḍāpadūsikas,

vinieron los Manopusikas.

Luego vinieron los devas Hari,

y aquellos conocidos como Lohitavāsī.

Vinieron los Pāragas y Mahāpāragas,

devas que son resplandecientes.

Todas estas diez huestes, diez tipos de devas,

que son de diversos colores,

que tienen poderes psíquicos, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Vinieron los Sukkas, Karumhas y Aruṇas, con los Veghanasas.

Los devas Vicakkhaṇa llegaron con los Odātagayhas al frente.

Los Sadāmattas, Hāragajas

y los resplandecientes Missakas.

Pajjunna vino tronando,

el que derrama lluvia en todas direcciones.

Todas estas diez huestes, diez tipos de devas,

que son de diversos colores,

que tienen poderes psíquicos, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Vinieron los Khemiyas, Tusitas, Yāmas

y los resplandecientes Kaṭṭhakas.

Los Lambītakas, los Lāmaseṭṭhas,

los llamados Jotis y los Āsavas,

y vinieron los Nimmāṇaratis,

luego vinieron los Paranimittas.

Todas estas diez huestes, diez tipos de devas,

que son de diversos colores,

que tienen poder psíquico, que son brillantes,

hermosos y resplandecientes,

regocijándose de haberse acercado

a la reunión de bhikkhus en el bosque.

Todas estas sesenta huestes de devas,

que son de diversos colores,

de conformidad con sus nombres vinieron,

estos junto con otros de pensamiento similar:

—Veremos al Saṅgha sin casta, sin obstáculos,

cruzando la inundación, libre de contaminación,

y al nāga, que está más allá de la inundación,

quien, como la Luna, ha vencido la oscuridad.

Subrahmā y Paramatta,

junto con los hijos del poderoso vinieron.

Sanaṅkumāra y Tissa

también vinieron a la reunión en el bosque.

En los mil mundos de brahma

ha surgido un Gran Brahma,

uno brillante, que sobresale,

cuyo asombroso cuerpo es resplandeciente.

Vinieron los diez Issarā brahmās,

que ejercen el poder individualmente,

y en medio de ellos llegó

Hārita con su séquito.

Ahora, cuando todos se habían acercado,

Inda con los devas y los brahmās,

el ejército de Māra también se acercó:

¡mirad la locura del Oscuro!

—Ven ahora, tómalos y átalos, dijo,

déjalos ser atados por la pasión,

rodéalos por todos lados,

¡no dejes que ninguno de ellos quede libre!

Así, en ese lugar, el gran líder del ejército

envió su oscuro ejército,

después de golpear el suelo con la mano

y hacer un ruido terrible,

como una nube de tormenta que arroja lluvia,

truena, con relámpagos,

pero luego se retira,

enojado e incapaz de controlarse.

Sabiendo todo lo que estaba sucediendo,

el Vidente deseaba hablar,

por lo que el Maestro se dirigió a

aquellos discípulos que se deleitaban en la enseñanza:

—El ejército de Māra se ha acercado a nosotros,

¡debéis saber quiénes son, bhikkhus!

Entonces esos bhikkhus se volvieron ardientes,

después de escuchar las enseñanzas del Buddha.

¡Se apartaron de los bhikkhus desapasionados,

ni uno de sus cabellos fue sacudido!

—Todos son victoriosos en la batalla,

más allá del miedo, y resplandecientes,

esos discípulos, famosos entre los hombres,

 junto con todos los seres, están contentos.

DN 19: El Gran Mayordomo **

Esto he oído.

En una ocasión, el Buddha se encontraba cerca de Rājagaha, en la montaña del Pico del Buitre.

Luego, a altas horas de la noche, el gandhabba Pañcasikha, iluminando todo el Pico del Buitre, se acercó al Buddha, se inclinó, se hizo a un lado y le dijo:

—Señor, te diré lo que escuché y aprendí directamente de los Devas de los Treinta y Tres.

—Dime, Pañcasikha —dijo el Buddha.

1. El Concilio de los Devas

—Señor, fue hace unos días, el decimoquinto día de observancia en el día de luna llena por la invitación a amonestar celebrada al final de la temporada de lluvias, cuando todos los Devas de los Treinta y Tres estaban sentados juntos en el Salón de Justicia. Una gran asamblea de devas estaba sentada alrededor, y los Cuatro Grandes Reyes estaban allí.

El Gran Rey Dhataraṭṭha estaba sentado al este, mirando al oeste, frente a sus devas. El Gran Rey Virūḷhaka estaba sentado al sur, mirando al norte, frente a sus devas. El Gran Rey Virūpakkha estaba sentado al oeste, mirando al este, frente a sus devas. El Gran Rey Vessavaṇa estaba sentado al norte, mirando al sur, frente a sus devas.

Cuando los Devas de los Treinta y Tres tienen una reunión como esta, así es como se sientan. Después nos sentamos nosotros.

Señor, esos devas que habían renacido recientemente en compañía de los Treinta y tres después de llevar la vida de renuncia bajo el Buddha eclipsan a los demás devas en belleza y gloria. Los Devas de los Treinta y Tres se elevaron y se regocijaron con eso, llenos de placer y felicidad, diciendo: «¡Las huestes celestiales aumentan, mientras que las huestes de asuras menguan!»

Al ver la alegría de esos devas, Sakka, Señor de los Devas, celebró con estos versos:

Los devas se regocijan

los Treinta y Tres con su Señor

reverenciando al Tathagata,

y la excelencia natural de la enseñanza,

y viendo los nuevos devas,

tan hermosos y gloriosos,

que ha venido aquí después de liderar

la vida de renuncia bajo el Buddha.

Eclipsan a los demás

en belleza, gloria y vida útil.

Aquí están los distinguidos discípulos

de aquel cuya sabiduría es vasta.

Al ver esto, se deleitan

los Treinta y Tres con su Señor

reverenciando al Tathagata,

y la excelencia natural de la enseñanza.

Los Devas de los Treinta y Tres estaban aún más animados y llenos de alegría por esto, llenos de placer y felicidad, diciendo: «¡Las huestes celestiales aumentan, mientras que las huestes de asuras menguan!».

2. Ocho alabanzas genuinas

Al ver la alegría de esos devas, Sakka, Señor de los Devas, se dirigió a ellos:

—Jóvenes de buena familia, ¿os gustaría escuchar ocho alabanzas genuinas del Buddha?

—Sí que nos gustaría, señor.

Entonces Sakka ofreció estas ocho auténticas alabanzas al Buddha:

—¿Qué piensan los buenos Devas de los Treinta y Tres acerca de cuánto ha actuado el Buddha para el bienestar y la felicidad de la gente, por misericordia por el mundo, para el beneficio, el bienestar y la felicidad de devas y humanos?

No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que tenga tanta misericordia por el mundo, aparte del Buddha.

Además, el Buddha ha explicado bien la enseñanza: visible en esta misma vida, inmediatamente eficaz, que invita a la verificación, relevante, para que la gente sensata pueda conocerla por sí misma. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que explique una enseñanza tan relevante, aparte del Buddha.

Además, el Buddha ha descrito claramente lo que es meritorio y lo perjudicial, lo que es reprochable y lo que es irreprensible, lo que debe practicarse y lo que no debe practicarse, lo que es inferior y lo superior, y lo que está del lado de la oscuridad y lo que está del lado de la luz. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que describa tan claramente todas estas cosas, aparte del Buddha.

Además, el Buddha ha descrito claramente la práctica que conduce a Nibbāna de sus discípulos. Y el Nibbāna y la práctica se unen como las aguas del Ganges se unen y convergen con las aguas del Yamuna. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que describa tan claramente la práctica que lleva a Nibbāna a sus discípulos, aparte del Buddha.

Además, no encontramos otro maestro que reciba tantos dones y tantos elogios, de modo que se le honra tanto como a un chatria. Pero toma su comida libre de vanidad. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que tome su comida tan libre de vanidad, aparte del Buddha.

Además, el Buddha ha ganado compañeros, tanto los aprendices que están practicando, como aquellos con las tendencias subyacentes negativas terminadas, que han completado su viaje. El Buddha está comprometido con la alegría de la soledad, pero no los despide. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, tan comprometido con el placer de la soledad, aparte del Buddha.

Además, el Buddha hace lo que dice, y dice lo que hace, así hace lo que dice y dice lo que hace. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que practique de acuerdo con la enseñanza, aparte del Buddha.

Además, el Buddha ha ido más allá de toda duda y se ha deshecho de la indecisión. Ha logrado todo lo que deseaba con respecto al propósito fundamental de la vida de renuncia. No veo a ningún Maestro, pasado o presente, que haya logrado estas cosas, aparte del Buddha.

Estas son las ocho alabanzas genuinas del Buddha ofrecidas por Sakka. Al escucharlos, los Devas de los Treinta y Tres se sintieron aún más animados y llenos de alegría.

Entonces algunos devas pensaron: «¡Si tan solo cuatro Buddhas completamente despiertos pudieran surgir en el mundo y explicar la enseñanza, al igual que el Bendito! ¡Eso sería para el bienestar y la felicidad de la gente, por misericordia por el mundo, para el beneficio, el bienestar y la felicidad de devas y humanos!».

Otros devas pensaron: «Ni siquiera cuatro Buddhas completamente despiertos, ¡Si sólo tres Buddhas completamente despiertos, o dos Buddhas completamente despiertos pudieran surgir en el mundo y explicar la enseñanza, al igual que el Bendito! ¡Eso sería para el bienestar y la felicidad de la gente, por misericordia por el mundo, para el beneficio, el bienestar y la felicidad de devas y humanos!».

Cuando dijeron esto, Sakka dijo:

—Es imposible, señores, que dos Buddhas perfeccionados, completamente iluminados, surjan en el mismo sistema solar al mismo tiempo. ¡Que este Bendito esté sano y bien, y permanezca con nosotros por mucho tiempo! ¡Eso sería para el bienestar y la felicidad de la gente, por misericordia por el mundo, para el beneficio, el bienestar y la felicidad de devas y humanos!

Entonces los Devas de los Treinta y Tres, habiendo considerado y deliberado sobre el asunto por el cual estaban sentados juntos en el Salón de Justicia, aconsejaron e instruyeron a los Cuatro Grandes Reyes sobre el tema. Y cada uno se paró en su propio asiento sin irse.

Los reyes fueron instruídos,

y siguieron un buen consejo.

Con mentes claras y pacíficas,

se levantaron junto a sus propios asientos.

Luego, en el lado boreal, surgió una luz magnífica y apareció un resplandor que superó la gloria de los devas. Entonces, Sakka, Señor de los Devas, se dirigió a los Devas de los Treinta y Tres:

—Como indican las señales (la luz surge y el resplandor aparece), aparecerá Brahmā. Porque este signo es el precursor de la aparición de Brahmā, es decir, el surgimiento de la luz y la aparición del resplandor.

Como lo indican las señales,

aparecerá Brahmā.

Porque este es el signo de Brahmā:

una luz vasta y grande.

3. En Sanaṅkumāra

Entonces los Devas de los Treinta y Tres se sentaron en sus propios asientos, diciendo:

—Descubriremos qué ha causado esa luz y, habiéndolo logrado, iremos a ella.

Y los Cuatro Grandes Reyes hicieron lo mismo. Al escuchar eso, los Devas de los Treinta y Tres acordaron al unísono:

—Descubriremos qué ha causado esa luz, y habiéndolo logrado, iremos a ella.

Cuando el Brahmā Sanaṅkumāra se aparece a los Devas de los Treinta y Tres, lo hace después de manifestarse en una forma corporal sólida, porque los Devas de los Treinta y Tres no pueden ver la apariencia normal de Brahmā. Cuando el Brahmā Sanaṅkumāra se aparece a los Devas de los Treinta y Tres, eclipsa a los demás devas en belleza y gloria, como una estatua de oro eclipsa las formas humanas. Cuando el Brahmā Sanaṅkumāra se aparece a los Devas de los Treinta y Tres, ni un solo deva en esa asamblea lo saluda inclinándose, levantándose o invitándolo a sentarse. Todos se sientan en silencio en sus divanes con las palmas unidas levantadas, pensando: «Ahora Brahmā Sanaṅkumāra se sentará en el diván de cualquier deva que elija». Y el deva en cuyo lecho se sienta Brahmā está lleno de alegría y rebosante de felicidad, como un rey en el día de su coronación.

Al ver la alegría de esos devas, el Brahmā Sanaṅkumāra celebró con estos versos:

Los devas se regocijan

los Treinta y Tres con su Señor

reverenciando al Tathagata,

y la excelencia natural de la enseñanza,

y viendo los nuevos devas,

tan hermosos y gloriosos,

que ha venido aquí después de liderar

la vida de renuncia bajo el Buddha.

Eclipsan a los demás

en belleza, gloria y vida útil.

Aquí están los distinguidos discípulos

de aquel cuya sabiduría es vasta.

Al ver esto, se deleitan

los Treinta y Tres con su Señor

reverenciando al Tathagata,

y la excelencia natural de la enseñanza.

Ese es el tema sobre el que habló el Brahmā Sanaṅkumāra. Y mientras hablaba sobre ese tema, su voz tenía ocho cualidades: era clara, comprensible, encantadora, audible, redondeada, sin distorsiones, profunda y resonante. Se asegura de que su voz sea inteligible hasta donde llega la asamblea, Pero no se extiende fuera de la asamblea. Cuando alguien tiene una voz como esta, se dice que tiene la voz de Brahmā.

Entonces los Devas de los Treinta y Tres le dijeron a Brahmā Sanaṅkumāra:

—¡Bien, Gran Brahmā! Sabiendo esto, nos regocijamos. Y están las ocho alabanzas genuinas del Buddha pronunciadas por Sakka, conociéndolas también, nos regocijamos.

4. Ocho alabanzas genuinas

Entonces el Brahmā le dijo a Sakka:

—Sería bueno, Señor de los Devas, si también pudiera escuchar las ocho alabanzas genuinas del Buddha.

—Sí, gran Brahmā.

Y Sakka repitió las ocho alabanzas genuinas para él.

Al escucharlas, el Brahmā Sanaṅkumāra se animó y se llenó de alegría, lleno de placer y felicidad. Entonces el Brahmā Sanaṅkumāra se manifestó en una forma corpórea sólida, tomando la apariencia del joven Pañcasikha, y se apareció a los Devas de los Treinta y Tres. Elevándose en el aire, se sentó con las piernas cruzadas en el cielo, como un hombre fuerte podría sentarse con las piernas cruzadas en un diván bien equipado o en un terreno llano. Allí se dirigió a los Devas de los Treinta y Tres:

5. La historia del mayordomo

—¿Qué piensan los Devas de los Treinta y Tres sobre el alcance de la gran sabiduría del Buddha?

En una ocasión un rey llamado Disampati. Tenía un sacerdote principal brahmán que era su mayordomo. El hijo de Disampati era el príncipe llamado Reṇu, mientras que el hijo del mayordomo era el estudiante llamado Jotipāla. Estaban Reṇu el príncipe, Jotipāla el estudiante y otros seis chatrias, estos ocho se hicieron amigos.

A su debido tiempo, el mayordomo brahmán falleció.

A su fallecimiento, el rey Disampati se lamentó: «Cuando delego todos mis deberes en el mayordomo brahmán y me divierto gozando con los cinco sentidos, él fallece».

Cuando dijo esto, el príncipe Reṇu le dijo:

—Señor, no se lamente demasiado por la muerte del mayordomo. Tiene un hijo llamado Jotipāla, que es aún más sabio y experto que su padre. Debería manejar los asuntos que manejaba su padre.

—¿Es así, mi príncipe?

—Si señor.

6. La historia del gran mayordomo

Así que el rey Disampati se dirigió a uno de sus hombres:

—Por favor, ve a ver al estudiante Jotipāla y dile: «¡Mis mejores deseos, Jotipāla! Estás convocado por el rey Disampati, quiere verte».

—Sí, Majestad —respondió ese hombre, e hizo lo que se le pidió. Entonces Jotipāla fue donde el rey e intercambió saludos con él. Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado y el rey le dijo:

—¡Que tú, Jotipāla, manejes mis asuntos, por favor no me rechaces! Te nombraré para el puesto de tu padre y te ungiré como mayordomo.

—Sí, señor —respondió Jotipāla.

Así que el rey lo ungió como mayordomo y lo nombró para el puesto de su padre. Después de su nombramiento, el mayordomo Jotipāla manejó tanto los asuntos que su padre había manejado como otros asuntos que su padre no había manejado. Organizó tanto las obras que había organizado su padre, como otras obras que su padre no había organizado. Cuando la gente se dio cuenta de esto, dijeron:

—¡El brahmán es realmente un gran mayordomo!

Y así fue como el estudiante Jotipāla llegó a ser conocido como el Gran Mayordomo.

6.1. Dividiendo el reino

Luego, el Gran Mayordomo se dirigió a los seis chatrias y dijo:

—El rey Disampati es viejo, anciano y mayor, avanzado en años y ha alcanzado la etapa final de la vida. ¿Quién sabe cuánto tiempo tendrá que vivir?

Es probable que cuando fallezca, los hacedores de reyes ungirán al príncipe Reṇu como rey. Venid, señores, id al príncipe Reṇu y decidle: «Príncipe Reṇu, somos tus amigos, queridos, amados y apreciados. Hemos compartido tus alegrías y tus tristezas. El rey Disampati es viejo, anciano y mayor, avanzado en años y ha alcanzado la etapa final de la vida. ¿Quién sabe cuánto tiempo tendrá que vivir? Es probable que cuando fallezca, los hacedores de reyes te ungirán como rey. Si quieres ganar la realeza, compártela con nosotros».

—Sí, señor —respondieron los seis chatrias.

Fueron al Príncipe Reṇu y le hicieron la propuesta.

El príncipe respondió:

—¿Quienes más, señores, en mi reino deberían prosperar aparte de vosotros? Si gano la realeza, la compartiré con todos vosotros.

A su debido tiempo, el rey Disampati falleció. A su muerte, los hacedores de reyes ungieron al príncipe Reṇu como rey. Pero después de ser ungido, el rey Reṇu se divirtió, gozando con los cinco sentidos.

Luego, el Gran Mayordomo se acercó a los seis chatrias y dijo:

—El rey Disampati ha fallecido. Pero después de ser ungido, el rey Reṇu se divirtió, gozando con los cinco sentidos. ¿Quién conoce el poder embriagador de los placeres sensoriales?

—Venid, señores, id al príncipe Reṇu y decidle: «Señor, el rey Disampati ha fallecido y usted ha sido ungido como rey. ¿Recuerdas lo que dijiste?».

—Sí, señor —respondieron los seis chatrias.

Fueron al príncipe Reṇu y le dijeron:

—Señor, el rey Disampati ha fallecido y tú has sido ungido como rey. ¿Recuerdas lo que dijiste?

—Lo recuerdo, señores. ¿Quién es capaz de dividir cuidadosamente en siete partes iguales esta gran tierra, tan ancha en el norte y estrecha como el frente de un carro en el sur? ¿Quién más, señores, si no es el gran mayordomo?

Así que el rey Reṇu se dirigió a uno de sus hombres:

—Por favor, señor, ve a ver al gran mayordomo brahmán y dile que el rey Reṇu lo llama.

—Sí, Majestad —respondió ese hombre, e hizo lo que se le pidió. Luego, el gran mayordomo se acercó al rey e intercambió saludos con él.

Cuando terminaron los saludos y las palabras de cortesía, se sentó a un lado y el rey le dijo:

—Ven, que el buen mayordomo divida cuidadosamente en siete partes iguales esta gran tierra, tan ancha en el norte y angosta como el frente de un carro en el sur.

—Sí, señor —respondió el gran mayordomo, e hizo lo que se le pidió.

Todos fueron colocados como los frentes de carros, con la nación del rey Reṇu en el centro.

Dantapura para los Kaliṅgas,

Potana para los Assakas,

Mahissati para los Avantis,

Roruka para los Sovīras,

Mithila para los Videhas,

Campā se hizo para los Aṅgas,

y Varanasi para los Kāsīs:

Esto fue establecido por el Mayordomo.

Entonces esos seis chatrias estaban encantados con sus respectivas ganancias, habiendo logrado todo lo que deseaban.

—Hemos recibido exactamente lo que queríamos, lo que deseamos, lo que ambicionamos, lo que anhelamos.

Sattabhū y Brahmadatta,

Vessabhū y Bharata,

Reṇu y los dos Dhataraṭṭhas:

estos son los siete Bhāratas.

La primera sección de recitación está terminada.

6.2. Una buena reputación

Entonces los seis chatrias se acercaron al Gran Mayordomo y le dijeron:

—Mayordomo, así como eres un amigo querido, amado y apreciado del Rey Reṇu, también eres nuestro amigo. ¿Manejarías nuestros asuntos? ¡Por favor, no nos rechaces!

—Sí, señores —respondió el gran mayordomo. Luego, el Gran Mayordomo administró los reinos de los siete reyes. Y enseñó a siete brahmanes acomodados y a setecientos discípulos a recitar los himnos.

Después de algún tiempo, obtuvo esta buena reputación: «¡El Gran Mayordomo ve a Brahmā en persona! ¡El Gran Mayordomo habla, conversa y consulta con el Brahmā en persona!».

El Gran Mayordomo pensó: «Tengo la reputación de ver a Brahmā en persona y discutir con él en persona. Pero no lo hago. He oído que los brahmanes del pasado que eran ancianos y mayores, los maestros de maestros, que decían: “Quien vaya a un retiro durante los cuatro meses de la temporada de lluvias y practique la concentración en la misericordia ve a Brahmā y discute con él”. ¿Por qué no hago eso?».

De modo que el gran mayordomo fue al rey Reṇu y le contó la situación, diciendo:

—Señor, deseo ir a un retiro durante los cuatro meses de la temporada de lluvias a practicar la concentración en la misericordia. Nadie debe acercarse a mí, excepto el que me traiga mi comida.

—Mayordomo, haz lo que creas oportuno.

Entonces el Gran Mayordomo se dirigió a los seis chatrias para hacerles la misma propuesta, y recibió la misma respuesta.

También fue a los siete brahmanes acomodados y a los setecientos discípulos y les hizo la misma propuesta, y agregó:

—Señores, recitad los himnos en detalle como los habéis aprendido y memorizado, y enseñaos unos a otros a recitarlos…

Y ellos también dijeron:

—Mayordomo, haz lo que creas oportuno.

Entonces el Gran Mayordomo se dirigió a sus cuarenta esposas iguales para hacerles la misma propuesta, y recibió la misma respuesta.

Luego, el Gran Mayordomo hizo construir una nueva sala de reuniones al este de su ciudadela, donde se retiró durante los cuatro meses de la temporada de lluvias y practicó la concentración en la misericordia. Y nadie se le acercó excepto el que le traía la comida.

Pero luego, cuando pasaron los cuatro meses, el Gran Mayordomo se sintió insatisfecho y ansioso: «Escuché que los brahmanes del pasado dijeron que quienquiera que vaya a un retiro durante los cuatro meses de la temporada de lluvias y practique la concentración en la misericordia ve a Brahmā y discute con él. Pero no veo a Brahmā ni hablo con él».

6.3. Una discusión con Brahmā

Y, entonces el Brahmā Sanaṅkumāra, sabiendo lo que pensaba el Gran Mayordomo, con la misma facilidad con que una persona fuerte extendería o contraería su brazo, desapareció del reino de Brahmā y reapareció en presencia del Gran Mayordomo. Ante eso, el Gran Mayordomo se asustó, se aterrorizó, se le erizó el pelo, como nunca antes había visto algo así.

Así que se dirigió a Brahmā Sanaṅkumāra en verso:

—¿Y quién podría ser usted, señor,

tan hermoso, glorioso, majestuoso?

Sin saberlo, pregunto…

¿cómo voy a saber quién eres?

—En el reino de Brahmā me conocen

como «La eterna juventud».

Todos los devas me conocen así,

y entonces deberías conocerme, Mayordomo.

—Un Brahmā merece un asiento y agua,

bálsamo para pies y pasteles dulces.

Señor, le pido que por favor aceptes

estos dádivas de hospitalidad.

—Acepto las dádivas de la hospitalidad de la que hablas.

Te concedo la oportunidad para pedir lo que quieras

sobre el bienestar y el beneficio en esta vida,

o felicidad en las vidas futuras.

—Entonces el Brahmā Sanaṅkumāra

me ha brindado una oportunidad.

¿Debería preguntarte qué es beneficioso

para esta vida o para las futuras?

El Gran Mayordomo pensó: «Soy un experto en lo que es beneficioso para esta vida, y otros incluso me preguntan al respecto. ¿Por qué no le pregunto al Brahmā sobre el beneficio que se aplica específicamente a las vidas futuras?».

Así que se dirigió a Brahmā Sanaṅkumāra en verso:

—Tengo dudas,

así que le pregunto al Brahmā,

que está libre de dudas,

sobre las cosas que uno puede aprender de otro.

En base a qué,

entrenando en qué

¿Puede un mortal alcanzar

el reino de Brahmā inmortal?

—Renunciando a las posesiones,

conviértete en uno, misericordioso,

libre del hedor de la descomposición

y absteniéndote del sexo.

En base a eso,

entrenando en eso

un mortal puede alcanzar

el reino inmortal de Brahmā.

—Señor, entiendo lo que significa «renunciar a las posesiones». Es cuando alguien renuncia a una fortuna grande o pequeña, y un círculo familiar grande o pequeño. Se afeita el pelo y la barba, se viste con túnicas amarillentas rojizas y pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar. Así es como entiendo «renunciar a las posesiones».

Señor, entiendo lo que significa «uno». Es cuando alguien frecuenta un alojamiento apartado: un lugar aislado, la raíz de un árbol, una colina, un barranco, una cueva de montaña, un osario, un bosque, el aire libre, un montón de paja. Así es como entiendo «uno».

Señor, entiendo lo que significa «misericordioso». Es cuando alguien esparce pensamientos de misericordia hacia una dirección, y hacia la segunda, y hacia la tercera, y hacia la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, esparce pensamientos de misericordia al mundo entero: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y aversión. Así es como entiendo «misericordioso».

Pero no entiendo lo que dice sobre el hedor a descomposición.

—¿Qué hay entre los hombres, oh Brahmā, con hedor a descomposición?

No entiendo, así que dime, sabio:

¿envueltos en lo que apestan las personas,

se dirigen al infierno, excluidos del reino de Brahmā?

Ira, mentiras, fraude y engaño,

avaricia, vanidad, envidia,

deseo, tacañería, el acoso a los demás,

avaricia, odio, vanidad y engaño.

los atados a tales cosas, tienen un hedor a descomposición,

se dirigen al infierno, excluidos del reino de Brahmā.

—Según entiendo lo que dice sobre el hedor a descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en el hogar. ¡Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar!

—Por favor, hazlo, Mayordomo, como veas oportuno.

6.4. Informar al rey Reṇu

De modo que el gran mayordomo se acercó al rey Reṇu y le dijo:

—Señor, búscate a otro sacerdote principal que se encargue de los asuntos de estado. Deseo pasar de la vida hogareña a la vida sin hogar. Según entiendo lo que dice el Brahmā sobre el hedor de la descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en casa. Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar.

Le anuncio al rey Reṇu,

el señor de la tierra:

—Debes aprender a gobernar,

porque ya no me interesa mi ministerio.

—Si te falta algún placer,

Yo te lo proporcionaré.

Yo te protegeré de cualquier daño

porque yo mando sobre el ejército de la nación.

¡Tú eres mi padre, yo soy tu hijo!

¡Oh, mayordomo, no te vayas!

—No me faltan placeres,

y nadie me hace daño.

Escuché una voz no humana

así que ya no me importa la vida hogareña.

—¿Cómo fue ese no humano?

¿Qué te dijo?

¿Escuchaste que abandonaras

nuestra casa y a toda nuestra gente?

—Antes de entrar en este retiro,

Solo me gustaba sacrificarme.

Encendí la llama sagrada,

expandida por la hierba kusa.

Pero entonces se me apareció el Brahmā,

la Eterna Juventud del reino de Brahmā.

Respondió mi pregunta,

escuchar que ya no me importa la vida hogareña.

—Tengo fe, oh mayordomo,

en aquello de lo que hablas.

Habiendo escuchado una voz no humana,

¿Qué mas puedo hacer?

Seguiremos tu ejemplo,

¡Mayordomo, sé mi maestro!

Como una gema de berilo

impecable, intachable, hermosa,

así de puros viviremos,

en la enseñanza del Mayordomo.

Si el Mayordomo va de la vida hogareña

a la vida sin hogar,

nosotros también lo haremos.

Tu destino será el nuestro.

6.5. Informar a los seis chatrias

Luego, el Gran Mayordomo se acercó a los seis chatrias y les dijo:

—Señores, por favor buscad otro sacerdote principal para que maneje los asuntos de estado por vosotros. Deseo pasar de la vida hogareña a la vida sin hogar. Según entiendo lo que dice el Brahmā sobre el hedor de la descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en el hogar. ¡Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar!

Luego, los seis chatrias se retiraron a un lado y pensaron en un plan: «Estos brahmanes son realmente codiciosos de riquezas. ¿Por qué no intentamos persuadirlo con riquezas?».

Regresaron al Gran Mayordomo y le dijeron:

—En estos siete reinos hay abundancia de riquezas. Te conseguiremos todo lo que quieras.

—Ya basta, señores. Ya tengo abundantes riquezas gracias a mis señores. Abandonando todo eso, renunciaré.

Los seis chatrias se retiraron a un lado y pensaron en un plan: «Estos brahmanes son realmente codicioso de mujeres. ¿Por qué no intentamos persuadirlo con mujeres?»

Regresaron al Gran Mayordomo y le dijeron:

—En estos siete reinos hay muchas mujeres. Te conseguiremos tantas como quieras.

—Ya basta, señores. Ya tengo cuarenta esposas iguales. Dejándolas a todas, renunciaré.

—Si el Mayordomo pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar, nosotros también lo haremos. Tu destino será el nuestro.

Si todos renuncian a los placeres sensoriales,

a los que la gente corriente está aferrada,

esforzaos, siendo fuertes,

poseyendo el poder de la paciencia.

Este camino es el camino recto,

este camino es supremo.

Guardado por el bien, la verdadera enseñanza

conduce al renacimiento en el reino de Brahmā.

—Entonces, señor, espera siete años. Cuando hayan pasado siete años, renunciaremos contigo.

—Siete años son demasiado, señores. No puedo esperar tanto. ¿Quién sabe qué pasará con los vivos? Nos dirigimos a la próxima vida. ¡Debemos pensar en esto y despertar! Debemos hacer lo que es bueno y vivir la vida de renuncia, porque nadie nacido puede escapar de la muerte. Yo renunciaré.

—Bueno, entonces, señor, espera seis años, cinco años, cuatro años, tres años, dos años, un año, siete meses, seis meses, cinco meses, cuatro meses, tres meses, dos meses, un mes o incluso una quincena. Cuando haya pasado una quincena, renunciaremos.

Tu destino será el nuestro.

—Una quincena es demasiado, señores. No puedo esperar tanto. ¿Quién sabe qué pasará con los vivos? Nos dirigimos a la próxima vida. ¡Debemos pensar en esto y despertar! Debemos hacer lo que es bueno y vivir la vida de renuncia, porque nadie nacido puede escapar de la muerte. Yo renunciaré.

Según entiendo lo que dice el Brahmā sobre el hedor de la descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en el hogar. Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar.

—Entonces, señor, espera una semana para que podamos instruir a nuestros hijos y hermanos en la realeza. Cuando haya pasado una semana, renunciaremos. Tu destino será el nuestro.

—Una semana no es demasiado, señores. Esperaré ese tiempo.

6.6. Informar a los brahmanes

Luego, el Gran Mayordomo también se acercó a los siete brahmanes acomodados y a los setecientos discípulos y les dijo:

—Señores, por favor busquen ahora otro maestro que le enseñe a recitar los himnos. Deseo pasar de la vida hogareña a la vida sin hogar. Según entiendo lo que dice el Brahmā sobre el hedor de la descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en el hogar. Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar.

—¡Por favor, no vayas de la vida hogareña a la vida sin hogar! La vida del que ha renunciado tiene poca influencia o beneficio, mientras que la vida de un brahmán es de gran influencia y beneficio.

—Por favor, señores, no digan eso. ¿Quién tiene mayor influencia y beneficio que yo?

Ahora soy como un rey para los reyes, como Brahmā para los brahmines, como una deidad para los cabezas de familia. Abandonando a todo eso, renunciaré. Según entiendo lo que dice el Brahmā sobre el hedor de la descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en el hogar. Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar.

—Si el Mayordomo pasa de la vida hogareña a la vida sin hogar, nosotros también lo haremos. Tu destino será el nuestro.

6.7. Informar a las esposas

Luego, el Gran Mayordomo se acercó a sus cuarenta esposas iguales y le dijo:

—Señoras, hagan lo que quieran, ya sea regresar con sus propias familias o encontrar otro esposo. Deseo pasar de la vida hogareña a la vida sin hogar. Según entiendo lo que dice el Brahmā sobre el hedor de la descomposición, no es fácil sofocarlo mientras se vive en el hogar. Pasaré de la vida hogareña a la vida sin hogar.

—¡Eres la única familia que queremos! ¡Eres el único marido que queremos! Si te vas de la vida hogareña a la vida sin hogar, nosotras también lo haremos. Tu destino será el nuestro.

6.8. El gran mayordomo avanza

Cuando pasó una semana, el gran mayordomo se afeitó el cabello y la barba, se vistió con túnicas amarillentas rojizas y pasó de la vida hogareña a la vida sin hogar. Y cuando hubo renunciado, los siete reyes chatrias ungidos, los siete brahmanes con los setecientos discípulos, las cuarenta esposas iguales y muchos miles de chatrias, brahmanes, cabezas de familia y muchas mujeres del harén se afeitaron el cabello y la barba, vestidos con túnicas amarillentas rojizas, pasaron de la vida hogareña a la vida sin hogar.

Escoltado por esa asamblea, el Gran Mayordomo deambuló de gira por las aldeas, pueblos y capitales. Y en ese momento, cada vez que llegaba a una aldea o pueblo, era como un rey para los reyes, como Brahmā para los brahmanes, como una deidad para los cabezas de familia. Y cada vez que la gente estornudaba o tropezaba, decía: «¡Homenaje al gran mayordomo! ¡Homenaje al sacerdote principal por los siete!».

Y el Gran Mayordomo esparció pensamientos de benevolencia en una dirección, y en la segunda, en la tercera y en la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, esparció pensamientos de benevolencia a todo el mundo: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y aversión. Esparció pensamientos de misericordia… de congratulación… de impasibilidad en una dirección, y en la segunda, y en la tercera, y en la cuarta. De la misma manera, arriba, abajo, a través, en todas partes, esparció pensamientos de impasibilidad a todo el mundo: abundantes, expansivos, ilimitados, libres de enemistad y aversión. Y enseñó a sus discípulos el camino del renacimiento en el Séquito de Brahmā.

Aquellos de sus discípulos que entendieron completamente las instrucciones del Gran Mayordomo, con la ruptura del cuerpo, después de la muerte, renacieron en el reino de Brahmā. De aquellos discípulos que sólo entendieron parcialmente las instrucciones del Gran Mayordomo, algunos renacieron en compañía de los Devas que Controlan las Creaciones de los Demás, mientras que otros renacieron en compañía de los Devas que Aman Crear, o los Devas que Disfrutan de las Creaciones, o los Devas de Yama, o los Devas de los Treinta y Tres, o los Devas de los Cuatro Grandes Reyes. Y por lo menos engrosaron las huestes de los gandhabbas.

Y así la salida de todos esos jóvenes de buena familia no fue en vano, no fue en balde, sino que fue fecunda y fértil.

¿Recuerdas esto, Bendito?

—Lo recuerdo, Pañcasikha. Yo mismo era el gran mayordomo brahmán en ese momento. Y le enseñé a esos discípulos el camino del renacimiento en el Séquito de Brahmā. Pero ese camino espiritual mío no conduce a la sabiduría, al desaferramiento, a la cesación, a la paz, a la episteme, al despertar y a Nibbāna. Solo lleva hasta el renacimiento en el reino de Brahmā.

Pero este camino espiritual conduce a la sabiduría, al desaferramiento, a la cesación, a la paz, a la episteme, al despertar y a Nibbāna.

—¿Y cuál es la vida de renuncia que conduce a Nibbāna?

—Es simplemente este noble camino óctuple, es decir: creencia correcta, pensamiento correcto, discurso correcto, acción correcta, conducta correcta, esfuerzo correcto, práctica correcta y concentración correcta. Esta es la vida de renuncia que conduce a la sabiduría, al desaferramiento, a la cesación, a la paz, a la episteme, al despertar y a Nibbāna.

Aquél de mis discípulos que comprende completamente mis instrucciones Logra la liberación de la mente y la liberación a través de la episteme en esta misma vida. Y vive habiendo experimentado por sí mismo, con sus habilidades paranormales, el final de las tendencias subyacentes.

De aquellos discípulos que sólo entienden parcialmente mis instrucciones, algunos, con el final de las cinco adicciones que unen al mundo inferior, renacen espontáneamente. Allí se extinguen y no es probable que regresen de ese mundo.

Algunos, con el final de tres adicciones y el debilitamiento del ansia, de la aversión y de la ignorancia, regresan una vez. Vuelven a este mundo una sola vez y luego ponen fin al sufrimiento.

Y algunos, con el final de tres adicciones, entran en la corriente, no susceptibles de renacer en el inframundo, destinados al despertar.

Y así la salida de todos esos señores no fue en vano, no fue en balde, sino que fue fecunda y fértil.

Eso fue lo que dijo el Buddha. Encantado, Pañcasikha aprobó y estuvo de acuerdo con lo que dijo el Buddha. Se inclinó y rodeó respetuosamente al Buddha, manteniéndolo a su derecha, antes de desaparecer allí mismo.

Scroll to Top